viernes, agosto 18, 2006

Calor de hogar - Vidas únicas

En esta ocasión encontramos en la revista en línea Enkidú un artículo bellísimo sobre dos papás gays que han educado a sus dos hijas. Aunque los problemas legales de Puerto Rico sean distintos, lo más probable es que sean muy similares a los de México. Nos gustó mucho esta historia y esperamos encontrar muchas más para poder compartirles.
Calor de hogar - Vidas unicas
© Por Ruth Merino
/ rmerino@elnuevodia.com (Puerto Rico)

"El avance más significativo es que ya no somos invisibles” (Ramón ‘Tonito’ Zayas)
Arnaldo y Max luchan contracorriente para que el núcleo familiar que forman con sus dos hijas sea aceptado con respeto y naturalidad.
„¡Y aquí está mi familia!“, exclama Maximiliano „Max“ Chárriez mirando hacia Arnaldo Alicea, Yahaira, de 14 años, y Frances, de 10, (nombres ficticios) quienes están sentados en la primera fila de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana Cristo Sanador, en Río Piedras, en este domingo de julio.
Las dos jovencitas sonríen con algo de timidez y Arnaldo se levanta para estrechar la mano de la visitante. Hay un asiento vacío al lado de Max reservado para la invitada. La música, acompañada de un alegre batir de palmas, es contagiosa.
Después del sermón, la reverenda Margarita Sánchez invita a Arnaldo, Max y a las nenas a pasar al frente. Hace apenas unos días que Arnaldo y Max celebraron su tercer aniversario y ella bendice a los cuatro y les desea que su hogar siga siendo „un oasis de paz, un oasis de amor“.
En esta iglesia, fundada hace 38 años en Estados Unidos por un pastor expulsado de la suya por ser homosexual, la familia Alicea Chárriez (denominada así por estricto orden alfabético ya que ninguna tradición o ley determina actualmente qué apellido debe escribirse primero) sólo recibe cariño y aceptación de parte de los feligreses, en su mayoría homosexuales.
Fuera de esas paredes, sin embargo, Max dice que teme el rechazo de parte de algunos sectores por ser homosexuales que viven fuera del clóset y reclaman el derecho a formar una familia poco convencional. Arnaldo, viudo desde hace 7 años, es el padre de Yahaira y Frances, quienes se graduaron con excelentes notas del noveno y del sexto grado, respectivamente.
„Toda mi juventud me mantuve en el clóset... La presión social que yo sentía era muy fuerte y decidí lo tradicional... El típico gay que quiere tener hijos, casarse y tratar de mantener una vida que dice la sociedad que es normal“, cuenta.
Fue un buen amigo de su esposa por más de una década antes de casarse con ella. „Nos queríamos mucho y yo le fui totalmente fiel. Cuando falleció, me vi solo con las nenas y me fui a vivir con mami, que hacía poco era viuda... Y, pues, no se puede escapar de la realidad de lo que uno es, y entonces fui poco a poco saliendo, aunque técnicamente en el mismo clóset hasta que este hombre maravilloso llega a mi vida y me confronta“.
El „hombre maravilloso“ es Max, de 37 años, quien está sentado a su lado en el cómodo apartamento ríopedrense de la familia. Cuatro años después de enviudar, Arnaldo empezó a salir con él. Pronto se dieron cuenta de sus sentimientos, pero Max, quien es activista en pro de los derechos de los homosexuales, le dijo: „Es imposible para mí tener una relación con alguien que esté en el clóset“.
Max tenía 17 años cuando le reveló a su familia que era gay. „Lloramos, peleamos, pero se pasó por el proceso y todos sobrevivimos... A Arnaldo lo tratan como a un hijo. Ellos no tienen nietos y las nenas les dicen ‚abuelos’... Y la mamá de Arnaldo ha sido una experiencia maravillosa, maravillosa“, dice.
Arnaldo, hoy de 46 años, le dijo a su mamá la verdad hace apenas tres. „Le preocupaban mucho las nenas. Me decía: ‚Yo sé que tú estás bien, pero ¿y las nenas?’“, cuenta.
Ambos afirman que la actitud de Yahaira y Frances ha hecho posible su unión. Ellas han aceptado a Max como a un padre más. Para distinguirlos los llaman Pi-Uno (Arnaldo) y Pi-Dos (Max) y Papi Naldo y Papi Max. A veces dicen simplemente „Papi“ y si contesta el que no están buscando, aclaran: „¡El otro!“. Ven en Max un aliado. „El es más alcahuete con ellas que yo“, dice Arnaldo.
Para los abuelos maternos no ha sido fácil, pero Arnaldo y Max afirman que siempre han demostrado respeto y que su relación con las nietas es normal. „Aquí no hay un misterio, no hay nada extraño, es abierto. Y eso le baja un poco las defensas a la gente“, comenta Arnaldo.
Pero ha notado preocupación en personas que piensan que la situación puede hacerles daño a sus hijas. „Muchos creen que como somos homosexuales todas las conversaciones, todos los temas y todas las películas son inapropiadas, pero no es así“, dice.
Para Max el cambio representó un desafío y el cumplimiento de un sueño. „Siempre me han gustado los niños; por eso terminé siendo maestro. Muchas veces fantasee con la posibilidad de adoptar... Los sobrinos, los hijos de los compañeros de trabajo y los estudiantes llenaron ese vacío...“, dice.
Nunca dudó de su capacidad para ser padre, pero estaba consciente de los tabúes sociales que se lo impedirían. En Puerto Rico, aclara, no podría adoptar.
„Ha sido un gran privilegio vivir esta experiencia. Ya ellos eran una familia que tenía sus hábitos y costumbres, por supuesto yo tenía los míos. Ponernos a vivir juntos fue un reto. Además, Arnaldo tenía su estilo de paternidad y yo, un concepto más conservador, tal vez idealizado, de la paternidad. Tuve que aprender mucho y reconceptualizar muchas cosas“, expresa.
Señala a continuación que „la alegría más grande es participar de los logros de las niñas y que ellas los compartan conmigo. También el ser reconocido por parientes y amigos como padre, con las responsabilidades y satisfacciones que eso conlleva“.
Una anécdota reciente ilustra esta realidad. En la graduación de Yahaira el orador principal escuchó un comentario, que le pareció interesante, hecho por la jovencita. Preguntó entonces quiénes eran los „orgullosos padres de esta niña“.
„¡Y nosotros instintivamente levantamos los dos la mano!“, exclama Max. El orador dijo entonces: „Un momento, o sea, hay dos padres reclamando...“ Yahaira al parecer aclaró la situación porque él añadió: „Ah, okey, ¡estos tiempos modernos de ahora...!“, cuenta Arnaldo, quien muestra su pulgar hacia arriba imitando el gesto de´aprobación del orador.
„Pero yo no lo pensé, tal vez si lo hubiera pensado, no levanto la mano“, dice Max ahora.
Su comentario refleja la situación difícil en que vive una familia que no está respaldada por leyes ni tradiciones. Ambos completaron estudios graduados y son bilingües. Explican que podrían haberse trasladado a vivir a Masachussetts cuando ese estado aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Pero Puerto Rico es su hogar. Opinan que será difícil que aquí se apruebe el matrimonio para personas del mismo sexo, pero cifran sus esperanzas en que se permitan las uniones civiles.
El Departamento de la Familia reconoció que los cuatro forman una familia cuando les dio una sola tarjeta durante la crisis financiera del ejecutivo, que provocó que ambos quedaran desempleados durante dos semanas. „Siempre ando con la tarjeta porque siento orgullo de tenerla“, dice Arnaldo.
Pero su situación legal, naturalmente, no ha cambiado. Si uno muere, el otro podría enfrentar serios problemas al tratar de hacer valer sus derechos sobre la propiedad en común, por ejemplo. Si uno se enferma gravemente, el otro no puede hacer decisiones en torno a su salud. La única solución actualmente es crear la documentación legal necesaria para establecer esos derechos.
Ambos sienten, sin embargo, que ha habido progreso.
„El avance más significativo es que ya no somos invisibles“, dice Max.
A su lado, sentada sobre el brazo del sofá, Frances le echa el brazo por los hombros. Arnaldo sonríe. Yahaira está en su cuarto. Los´cuatro perros, las muy consentidas mascotas de esta casa, corren, ladran y juegan a perseguirse.
Una escena convencional en un hogar que rompe tradiciones, pero que claramente es para sus miembros „un oasis de paz, un oasis de amor...“.

miércoles, agosto 16, 2006

Crónica de un domingo familiar


El domingo pasado, 13 de agosto de 2006, tuvimos lo que podría llamarse "un hermoso domingo familiar". Por su puesto, no fuimos a misa ni a comer con la abuelita, sino que visitamos el Bosque de Chapultepec. La cosa estuvo así: El sábado fuimos al café de Niria, espacio lésbico que lamentablemente está a punto de cerrar por falta de clientas, donde nos vimos con Karina y Ori. Crix y yo pasamos allí toda la tarde hasta que cerraron. Como nosotras queríamos seguir platicando, fuimos a visitar a Susana y Mabel que viven a dos locales del café.
En casa de Mabel y Susana estaba de visita Karla, la hermana de Mabel con sus dos hijos, Jacinto y Camila. Mabel y su hermana son de El Salvador (el cual, por si no saben, está en Centro América, al menos los souvenires que nos han traído de su tierra siempre lo aclaran y yo sigo sin entender por qué tendría uno que poner en qué parte del continente queda su país). Hace ya sus buenos años que se vinieron a vivir a México e hicieron aquí sus vidas. Karla se fue a vivir a Ciudad Victoria, Tamaulipas (en el noreste de México), hasta hace poco, que ella y su marido, con sus hijos, se mudaron a Puebla. Total, Mabel tiene pocas oportunidades para convivir con sus sobrinos.
Pasamos una agradable velada degustando pupusas y empanadas de plátano macho, típicas de El Salvador. Bueno, más bien parecía que nuestro cometido era dejar sin víveres a Mabel y Susana. Ori también se estaba divirtiendo mucho viendo pelis con Jacinto y Camila, por eso Karina la dejó quedarse a dormir.
Crix, Karina y yo regresamos a la casa y a dormir. A la mañana siguiente le presumimos a Kari, los preparativos que llevamos para Diego y Santiago. El cuarto ya lo había visto pintado y sabía nuestros planes originales de poner un árbol genealógico con fotografías. Sin embargo, le explicamos que dados los eventos de las últimas semanas lo pensábamos quitar. Entonces Karina nos sugirió: "¿Por qué no ponen las fotos de la gente que sí está y que a partir de ahora será la verdadera familia de ellos?" Por supuesto, nos pareció una idea maravillosa.
Como a las diez de la mañana nos llegó un mensajito de Mabel y Susana preguntando si queríamos ir a desayunar y luego ir a algún lugar con las niñas y el niño. Nos arreglamos y nos fuimos. Karina y yo, de paso, invitamos a Marlene a nuestro plan de domingo.
Así fue como de nueva cuenta fuimos a devorar pupusas y empanadas de plátano. Como buen domingo, desayunamos junto a la tele viendo la programación infantil (bueno, yo con cualquier pretexto me quedo viendo todo tipo de animaciones). Después de que Mabel y Susana se hubieron bañado, nos pusimos de acuerdo para ir a ver un show de títeres en la Casa del Lago en el Bosque de Chapultepec.
Como éramos muchas, tuvimos que tomar dos taxis hasta el metro Balderas, para de allí seguirla en metro hasta la estación Chapultepec. Mabel consiguió que su amiga Norma que tiene coche también fuera y así los niños y yo pudimos ahorrarnos el trayecto en metro. Con los bloqueos de Reforma (de los cuales no lograrán que me queje porque espero el resultado voto x voto), tuvimos que estacionarnos en el Auditorio Nacional, pero Norma nos dejó en la entrada de Chivatito para "no tener que caminar tanto" lo cual en Chapultepec resulta contradictorio.
Ori y yo íbamos viendo todas las cosas que se nos antojaban, pero que no podíamos comprar porque las que traían el dinero (Karina y Crix) iban a llegar por metro desde el otro lado y las íbamos a encontrar en la Casa del Lago. Así que Ori, a sus 7 años y 10 meses, se puso a explicarle a Jacinto de 6, la diferencia entre las burbujas de gel y las de jabón con agua. Le dijo que las de gel eran muy contaminantes y por eso, aunque duraran más y se pudieran atrapar, no eran buenas para la Tierra. Así que hay que comprar las más tradicionales de jabón y agua. Luego cuando pasamos por un puesto de pinta caritas donde vendían varitas mágicas, Jacinto le dijo a Ori que esas podían ser para ella y Ori le explicó que para é también porque se podía convertir en un mago o un príncipe.
Medio corriendo, llegamos a la Casa del Lago y el show ya había empezado, pero los niños se acomodaron en el pasto a verlo. Como era de esperarse nadie le cedió el asiento a la embarazada, así que me fui a donde había una especie de banca, junto a un muro. Cuando finalmente llegaron las del metro, Karina me trajo una pelota con dos pollitos amarillos para Diego y Santiago. También trajeron a Marlene que por llegar tarde se quedó sin desayunar.
Crix y yo acompañamos a Marlene por unas quecas, mientras que las otras se quedaron con los niños viendo el espectáculo. De ratito, nos mandaron un mensajito diciéndonos que ya se habían acabado los títeres, pero que a las dos de la tarde empezaba un cuenta cuentos y que ya nos habían separado lugar.
Quince minutos después estábamos ya acomodadas y esperando a que empezara cuando lo que me pareció una zorra (sin ofender), me brincó por un lado y me rodeó para seguir su camino. Luego resultó que era zorro y luego que tlacuache. El caso es que, mientras tanto, en el escenario estaban desmontando lo de los títeres y armando algo para la capoeira que vendría después, y por eso el zorro-tlacuache-cuentacuentos ni con acordeonista en muletas pudo captar la atención del público. Para cuando yo acordé, ya tenía a un viejito de un lado y a un niño ajeno del otro y Crix y Marlene estaban jugando con Susana y Jacinto al fútbol en el jardín con la pelota de Diego y Santiago. Las únicas que quedaban escuchando al tlacuache eran Karina y Ori, así que justo antes del final me paré para evitar tumultos y me fui a sentar de nuevo a la banca junto al muro que estaba más cerca de las futboleras.
Cinco minutos después nos alcanzaron Karina y Ori. La niña venía indignada porque ella había ido a ver un espectáculo cultural, no a jugar fútbol y que estaba decepcionada de la falta de seriedad de estas adultas. Lo bueno de tener 7 años es que en un ratito se le pasó y se puso a jugar fut ella también.
Y allí seguimos hasta las cuatro, hora en que volvimos a casa de Mabel para comer. En casa de Mabel comimos pollito rostizado, pan francés (bolillo, virote, etc) y champiñones con nopalitos. Luego empezó a llover e hicimos concha un buen rato platicando y poniéndonos al día con nuestras vidas. Fue un muy bonito domingo familiar.
Por eso pienso que Karina tiene razón, mis hijos van a tener una familia por opción inmensa. A algunos los frecuentarán más y a otros menos, pero siempre sabrán que aunque no lleven la sangre de esas personas, son ellas las que los aceptan y quieren sin importar los demás lazos. Lo que importa es el cariño.

lunes, agosto 14, 2006

Clases de baile


Cuando Ana, en una especie de instinto maternal, dijo “se me hace que son dos niños”, me comentó con una gran sonrisa en la boca que por qué no los metíamos a clases de ballet. Yo dije que estaba bien, así que empezamos a comunicar esta idea como parte de nuestros planes. Un día habló por teléfono con una amiga de Monterrey y le contó sobre nuestras intenciones de meterlos al ballet. Ana para convencerla le dijo: “total, en Rusia los meten desde chiquitos”, a lo que la amiga contestó: “Sí, pero tus hijos no son rusos”. Desde entonces, hemos platicado mucho sobre el tema, ya sea en grupos de ayuda como GRUMALE o en nuestros monólogos personales como mi blog o en charlas con amigas. Las respuestas han sido aterradoras. En GRUMALE nos dijeron que por qué no hacíamos algo más sencillo y básico como el fútbol soccer. En mi blog me tacharon de castrante y hasta perversa por condenar a mis hijos a que los demás los critiquen y al mismo rechazo que la sociedad me había manifestado a mí. La amiga de Ana, aderezó con su certero comentario: “Pues la verdad, Ana, es que si los metes a ballet van a ser más propensos a la homosexualidad, no porque ellos quieran, sino que lo van a ver más normal y van a estar más vulnerables”. Estas respuestas nos metieron ciertas preocupaciones que terminamos compartiendo con nuestras amigas y ellas, como respuestas, nos compartieron sus experiencias que en seguida les voy a transmitir.

Caso de Ori (también conocida como Karla)
Ori es una niña de casi 8 años y baila en el grupo de danza folclórica de su escuela, en San Francisco Tepojaco (todavía parte del área metropolitana del DF). Karina, su mamá, nos contó que la maestra de danza tuvo muchas complicaciones para abrir el grupo. Al principio los padres de familia decían que para qué servía la danza, luego se quejaban de que la danza les robaba horas de escuela para ensayar. La solución de la maestra fue sencilla, dijo que entonces las prácticas serían a las 7:00 am, antes de iniciar las clases de la escuela. Los padres de familia volvieron a protestar pero para esas alturas del partido las alumnas estaban realmente entusiasmadas con la danza. Incluso la maestra les compró el vestuario a las niñas cuyos padres se negaron a comprarlo. Estas niñas formaron el primer grupo hace como cuatro años, es el grupo de avanzadas y hay puras mujeres. Los papás de Tepojaco no ven muy bien el hecho de que un varón haga este tipo de actividades, pero vieron inofensivo que las niñas continuaran bailando. Para la sorpresa de todos, el grupo se integró muy bien y empezó a ganar afectos, reconocimientos, concursos y demás, así que la profesora decidió formar un grupo para pequeños que es donde está Ori y al cual sí asisten hombres, aunque pocos, puesto que el prestigio del grupo ya es grande y puede tomarse como actividad seria.

Caso de Jacinto
Jacinto es un niño de 6 años que vivió hasta hace un mes en Ciudad Victoria, Tamaulipas. Su mamá, Karla, era maestra de danza en la Casa de la Cultura y demás instancias de la ciudad. Karla quería que desde pequeño, Jacinto estuviera involucrado en actividades culturales y artísticas y como ella era instructora de baby ballet decidió llevarlo a clases con ella cuando cumplió tres años. Jacinto estaba entusiasmado con aprender a bailar, pero las niñas, también de tres años, le decían que el ballet no era para hombres, que qué hacía ahí. También los padres cuestionaban constantemente la presencia de un varón en la clase. Karla hubiera dejado a Jacinto practicar ballet para siempre, pero él se hartó de tantos comentarios por parte de sus compañeritas y pidió cambiar de actividad, después de todo era un niño pequeño y a los tres años, uno no tolera tan favorablemente las críticas de sus pares. Actualmente hace gimnasia olímpica donde hay más niños y recibe menos críticas de género.

Caso de Lalo*
Lalo tiene alrededor de 7 años y quiere hacer todo lo que Ori hace. Ella es una gran influencia para él y la admira mucho. Por eso, cuando Ori estaba en hawaiano, él quería bailar también y le pidió a su mamá que lo metiera a clases. El único obstáculo fue que las maestras no lo aceptaron por ser hombre. Luego, fue a ver El lago de los cisnes y se enamoró del ballet, sobre todo del personaje de Maléfica cuando se enteró que lo hacía un hombre. Y sucedió lo mismo, le pidió a su mamá que lo inscribiera. Lo curioso es que, aunque había fotos de niños en las publicidades de las academias de baile, siempre le decían a la mamá que no podían admitirlo porque no daban clases para niños. Lalo ha tenido una vida de bailarín frustrado.

Caso de Mabel
Mabel es una amiga nuestra que participó con nosotras en el Comité de Cultura en el VI Encuentro Lésbico Feminista Latinoamericano y del Caribe. Ahora está por entrar a la maestría en Estudios de la Mujer en la UAM y tiene propuestas de estudio muy interesantes sobre la construcción de género en el baile. Ella es coreógrafa y baila desde los 18 años. Estudió en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea en México y en El Salvador de donde proviene. Da clases de danza a jóvenes bailarines y bailarinas y pone coreografías que rompe con la construcción de género. Por ejemplo, hay un baile típico de Nayarit que es bailado por hombres y deben mostrar ciertas habilidades con machetes. A Mabel se le ocurrió hacer que esa danza la bailaran únicamente las mujeres y recibió un montón de felicitaciones pero también comentarios de las propias bailarinas como: “las mujeres se ven mal macheteando”, “ese baile no es para mujeres”, “se ven mejor los hombres”.

Con todos estos comentarios nos hemos sentido de muchas maneras, pero pese a todo hemos decidido que vamos a seguir adelante con nuestra idea de inscribir a Diego y Santiago al ballet. Nuestra idea es que puedan contemplar una expresión artística como este baile como una opción y que crezcan con el concepto de género desestructurado. El género es pura construcción social, no tiene nada que ver con su sexo ni con su sexualidad o capacidad reproductiva y creo que necesitamos volver a definir lo que es un hombre y una mujer y qué es lo que puede hacer y no hacer cada cual.

*Este es un nombre ficticio para proteger su identidad.

viernes, agosto 11, 2006

La democracia vale un estuche de belleza.

Esta es una carta al periódico La Jornada escrita y enviada en el 2003, pero no por eso pierde vigencia. ¿Es que acaso "las autoridades" piensan que las mujeres no comprendemos lo que es la democracia?

Triple Jornada, agradece las cartas, sugerencias, porras, información, colaboraciones y críticas enviadas por nuestras/os lectoras/es en el mes de abril del 2003:

Saludos. No sé si este es el medio adecuado, pero como no sabía a dónde hacer llegar esta opinión se las envío a ustedes, junto con el escaneo de la mencionada convocatoria. Tal vez le encuentren alguna utilidad. Gracias. Karina Vergara
MUJERES CONVOCADAS. Las madres, abuelas y tías, no había padres, nos desesperábamos frente al jardín de niños, entre el calor y una junta que, como ocurre regular y arbitrariamente en esta institución que depende del gobierno local, fue citada de último momento, sin consideración de los intereses laborales de las tutoras y que, además, iniciaba tarde. Algunas nos entreteníamos leyendo una convocatoria pegada en el portón, mientras lo abrían.Decía la hojilla que hace 50 años por vez primera la mexicana fue tomada en cuenta para elegir a sus gobernantes. Es decir, que la lucha de las sufragistas por la reivindicación del derecho al voto no tuvo relevancia alguna, simplemente alguien nos hizo el favor de darnos, de concedernos, de tomarnos en cuenta. Qué generosidad.Hoy su voto cuenta “es la Democracia” dice entre comillas. Así, el Comité organizador del InMujer de Nicolás Romero, Estado de México, solicita a las mujeres, en tres categorías, trabajos que plasmen en una cuartilla sus ideas sobre LA MUJER EN LA PARTICIPACIÓN DE LA DEMOCRACIA EN MÉXICO.No se solicita un artículo, un ensayo, una epístola, cuando menos una reflexión. Sola y simplemente las ideas. No necesitan o conciben posible que esas ideas puedan ser presentadas por las participantas en una estructura formal. El tema planteado: La mujer en la participación de la democracia. ¿Se le ha participado la democracia a la mujer?Me costó un poco de trabajo entender, así que elaboré dos teorías:La primera es que la mujer no se había enterado de que en la democracia se le hacía el favor de tomarla en cuenta y entonces se le anunció: “Mujer te participo el nacimiento del reconocimiento a tu ciudadanía” y piden ideas acerca de la reacción que este género tuvo ante tal aviso, qué cara puso en esa participación... O segunda teoría, más viable: sospecho que se refieren a La participación de la mujer en la democracia. Espero que esta inferencia sea la interpretación correcta del asunto que tan claramente se nos plantea.Aquí me surge una nueva pregunta. Por qué solicitan una única cuartilla. Creerán que nuestras “ideas” no cubren más; pensarán que la participación de la mujer en nuestro país no da para tanto o es que sus referentes históricos provienen de una visita al Museo del Caracol en la Ciudad de México, donde a los niños y niñas les enseñan que las mujeres participantas en la historia de este país son las soldaderas y La Corregidora, nada más.Más abajo dice que los trabajos serán seleccionados por la claridad en la expresión y la viabilidad en las propuestas. O sea que, además, en esa única cuartilla tenemos que hacer espacio suficiente para incluir propuestas y explicar su viabilidad. Habría que preguntarse si InMujer de NR las solicita para llevarlas a cabo. En ese caso, aquí va una propuesta, que además de viable, me parece urgente: un curso, aun cuando sea rápido y de conceptos básicos, para los y las integrantes del mencionado instituto, en el cual les enseñen, aunque sea, lo políticamente indispensable. Que no les permitan ser tan transparentes respecto a su ignorancia en cuestiones de género. Cuando menos así no quedarían tan mal al lanzar una convocatoria para mujeres en donde los términos se utilizan en masculino: “Los participantes” “Los ganadores” “Los acreedores”.Da mucha tranquilidad saber que en manos de personas con una visión política de equidad tan clara se encuentren los trabajos de desarrollo para las mujeres de este municipio.No se solicitan en esta convocatoria formalidades tales como tamaño y tipo de letra. Tampoco se consideran posibles seudónimos que garanticen la imparcialidad del jurado que, dicho sea de paso, está conformado por el mismo Comité Organizador y otros dos personajes.Por fin se abrió la puerta del jardín infantil y las madres dejamos de leer la fotocopia pegada con trocitos de cinta adhesiva. Entramos y la mayoría dejó de pensar en la hoja ya bastante maltratada, poco ilusionadas por participar en tan atractivo convite. De todas maneras, enviaré esta cuartilla. A ver si estas ideas son tomadas en cuenta y ganan, por ejemplo, los quinientos pesos y el tan emblemático estuche de belleza, que ofrecen como glorioso premio al tercer lugar.Felicidades. Definitivamente, está convocatoria resulta un ejemplo claro de la realidad de la mujer en la participación de la democracia en este país. Karina Vergara
Respuesta del periódico:
Hola Karina, muchas gracias por enviarnos tus reflexiones. Hay muchas cosas que vemos en la cotidianidad y que son discriminatorias y las que emiten los institutos de la Mujer muchas veces no son la excepción. Es una pena. Pero el poder escudriñar y diseccionar el asunto como tú lo has hecho, permite hacer la diferencia. No irse a casa con ese supuesto de que las mujeres estamos siendo tomadas en cuenta. De que nuestra voz vale un estuche de belleza. Gracias, muchas gracias por tus reflexiones.

miércoles, agosto 09, 2006

Mi verdad

Para bailar tango se necesitan dos. También se dice que hay dos caras en una sola moneda y que siempre hay por lo menos dos versiones a la misma historia. ¿Por cuál irnos? ¿Cuál escuchar, la versión de los vencedores o de los vencidos? ¿Será siquiera lógico pretender que una visión de la historia tiene razón y la otra no?
En mi historia personal debe haber muchas versiones, tantas como personas han rodeado mi vida. Sin embargo, yo tengo una pluma y la escribo; tengo una lengua y la cuento. Cuento mi versión, mi verdad, los hechos según Ana. ¿Estoy faltando a La Verdad verdadera? No lo sé, obviamente tengo un sesgo dado por mis emociones, mis sentimientos, mi percepción de la realidad.
Mi papá tiene una muletilla que me fastidia, cuando me va a dar una opinión dice: "Cariño, la realidad es que..." Y yo me pregunto, ¿quién se murió y nombró Dios a este señor que conoce "la realidad"? ¿Por qué él sí sabe cuál es "la realidad" y yo no? Sobra decir que su percepción de la realidad suele ser muy distinta de la mía.
A veces me pregunto si no podré ponerle una demanda a Hollywood por haber alterado tanto mi visión y percepción del mundo que me rodea. Acabo de darme cuenta (y no estoy bromeando lamentablemente) de que las novelas rosas y las chick flicks son COMPLETAMENTE ficticias. El hecho de que algunos "capítulos" (ahora creo que sería más adecuado llamarlos eventos) de mi vida parezcan sacados de un guión de Televisa, o de alguna serie gringa y a veces hasta de un sit com me confunde más. Lo triste fue hace tres semanas cuando empecé a notar paralelismos entre mi vida y Family Guy. Al menos, mi perro todavía no se considera intelectual.
Me resulta sorprendente que todo lo que aprendí en años de películas y de religiosidad al horario estelar televisivo es mentira. Pero bueno, algo así me debí de haber temido si siempre llegaba "El Fin" cuando la protagonista estaba en sus años de plenitud y nunca la vimos hacerse vieja, sin gracia y morirse eventualmente sola en algún asilo.
Mi muy admirada maestra de literatura en la prepa, Rosaura Barahona, nos cuestionaba sobre el verdadero final de la Cenicienta. Si en realidad había sido "feliz para siempre" o si se habría dedicado a tener hijos, cambiar pañales y lavar los calzones de su marido. Esos fueron mis primeros contactos con el feminismo. En el fondo mi ingenuo espíritu romántico pensaba que eso sólo aplicaba en los cuentos de hadas pero algo habría de verdad en las películas hollywoodenses para que nos atraparan tanto.
Ya, ya lo entendí, nos atrapan porque nos ayudan a escapar de la cruel realidad. Por eso me angustian tanto las nuevas películas mexicanas que se la pasan hablando sobre corrupción, narcotráfico, extorsión, secuestros, cárcel, pobreza y diferencias sociales.
Finalmente me doy cuenta de que es un mito eso de que "el amor todo lo puede" y que "con amor todo florece". Para empezar todos los crisantemos que hemos comprado se nos han muerto a las dos semanas. Por mucho amor que les demos, creo que ha resultado más fácil optar por plantas sin flores y concentrarnos en el gato y el perro que no necesitan riego. Además, ellos tienen la buena costumbre de avisar cuando tienen hambre (por eso tampoco tengo peces).
El amor no lo puede todo, cuando se trata de convencer a dos o tres personas que extrañamos en nuestra vida de que todo está bien para nosotras porque nos amamos y de que deberían estar contentas por nosotras. Vamos a tener dos bebés, frutos de ese amor que compartimos. Si mi vida fuera película, mi vieja amiga de secundaria estaría saltando como loca de alegría por mí. Y yo sería feliz con lo que la hace feliz a ella. Pero en la vida real las embarazadas no provocamos tanta ternura como para que todos nuestros pecados sean olvidados. En el fondo, yo soy la misma persona de siempre, con o sin hijos y ella lo será también.
En Hollywood, basta con que se acerque la Navidad para que las familias se reúnan y se vuelvan a querer. En la vida real, las fiestas estresan tanto que las familias ni se perdonan ni se quieren. En las películas cada quien es un personaje estereotipado que conserva siempre el mismo punto de vista, excepto al final, cuando todos ceden para que el o la protagonista tenga la razón. En la vida real nuestros puntos de vista cambian de acuerdo a nuestras necesidades cotidianas.
Y yo sé que ya aburrí con el tema, y sé que ha pasado un año o quizá dos y sigo con lo mismo. Y me puedo dar cuenta que exigir aceptación no me está acercando a obtenerla, pero soy un personaje real, de carne y hueso, con emociones reales, con una vida. No me basta que me digan "no te quiero" o "no te acepto" para que me deje de doler y cerrar un capítulo y ya. Cada uno de nosotros llevamos procesos de duelo distintos, pero en mayor o menor grado tenemos que pasar por más o menos las mismas etapas: negación, miedo, enojo, vaivén entre las emociones y finalmente aceptación. Es muy difícil hacer duelo por un ser vivo. Los muertos no regresan, a los vivos los voy a ver en la boda de mi amigo.
Ignorarme no va a lograr que yo deje de existir. Ignorarlos no los va a hacer desaparecer. Esta es mi verdad, mi versión de mi dolor. No es el dolor de Crix, no es el de Diego, no es el de Santiago. Ellos viven y vivirán sus vidas, sus alegrías, sus satisfacciones, desarrollarán sus propios afectos y necesidades. Yo vivo lo mío, expreso lo que yo siento. Siento un horrible hueco, una falta, un incendio que me quemó un cachito de corazón.
¿Qué le puedo decir a mis hijos? "El 22 de julio de 2006 hubo en Monterrey un incendio que por motivos políticos no fue cubierto por los medios, pero en él murieron gran parte de las personas que yo esperaba que los quisieran". Probablemente no haga falta decirles nada, después de todo, los niños no extrañan lo que no conocen y lo que no se les enseña a echar de menos. Total, tías tendrán otro montón.

martes, agosto 08, 2006

Nos leen en España!

Entrada recuperada en el foro del Kamasutra Lésbico (den click en la imagen para leer mejor la entrada):

lunes, agosto 07, 2006

Pertenencia o no pertenencia

Mucho me han insistido mis amigas lesbianas, mi prima Nayeri, algunos amigos, las mujeres de GRUMALE y hasta mi psiquiatra, que me preocupe seriamente por el tema legal respecto de mis hijos. Me preguntan qué apellidos llevarán, cómo le vamos a hacer con el Acta de Nacimiento, qué va a pasar si Ana muere o nuestra pareja truena. La mejor respuesta que tengo hasta ahora es NO SÉ. Y vivir en esta ignorancia me ha arrojado una buena cantidad de consejos para buscar huecos en la ley.

Mi desinterés porque lleven mi apellido es debido a mis reacciones viscerales con mi familia. He llegado al punto de verlo, no como un reconocimiento a mi maternidad, sino como un reconocimiento al linaje y la estirpe de estos perfectos desconocidos que son los Santos. Lo reconozco, esto es muy estúpido de mi parte, porque no por mis desconsuelos huerfanísticos o porque ellos desearan que desapareciera de la faz de la Tierra voy a dejar de tener mi nombre y mis apellidos en la partida de nacimiento. Y pelear que mis hijos lleven mi apellido es una cosa muy independiente de mis cuitas personales.

El sábado pasado tuvimos junta en GRUMALE y una de las mujeres ahí presentes me hizo un comentario que, aún hoy, da vueltas en mi cabeza. Me dijo <>. Estoy sumamente mortificada por esto, porque esta mujer tiene razón en un punto, mis hijos deben tener claro que Ana es tan su madre como yo y al verlo reflejado en la documentación legal verán la coherencia de tal aseveración.

La pregunta es: ¿cómo lograr que la ley reconozca la maternidad simultánea?

Me encantaría saberme los artículos del Código Penal y Civil de memoria. Sin embargo, me han dicho que los procedimientos de reproducción asistida ya están regulados y, según la ley mexicana, puedo reclamar mi maternidad porque “madre es la que engendra”. El conflicto es que, si a mí se me ocurre poner una demanda para que me reconozcan como madre, no vayan a querer desplazar a Ana y resulte la misma cosa, sólo que al revés.

Hasta el día de hoy, mis hijos se llamarían Diego Alfonso de Alejandro y Santiago Javier de Alejandro, lo cual me gusta y con lo cual estoy conforme. Las sugerencias para que lleven en su nombre algo mío son las siguientes:

1. Que les pongamos como tercer nombre mi apellido. De tal manera que su nombre sea un chorizote: Diego Alfonso Santos, Santiago Javier Santos. Luego llevarían un único apellido que sería De Alejandro. Así, cuando fueran mayores de edad podrían reclamar “por usos y costumbres” que Santos no fuera su nombre, sino su primer apellido.
2. Que un familiar mío los registre como su padre, ante lo cual me opongo fuertemente porque le daríamos a un tercero en discordia “beneficios y obligaciones” de un chiquitín que no es suyo.
3. Que al momento de registrarlos pongamos a un padre ficticio, digamos Crisóstomo Santos y luego vayamos a la Plaza Santo Domingo por un acta de defunción falsa para poder tramitar los otros documentos legales como son pasaporte, cartilla de vacunación y demás. Esta idea tiene su riesgo, porque donde nos cachen no podemos sacar a los niños del país NUNCA.
4. Que yo me convierta en su albacea para poder fungir como tutora.
5. Que quede acordado ante notario el procedimiento al que nos sometimos para poder reclamar “derechos y obligaciones” en caso de muerte o separación.
6. Que consigamos un juez o una jueza del Registro Civil que esté sensibilizada con la comunidad y los procedimientos de reproducción asistida ante el cual expongamos el caso: las dos somos mamás. Una es la madre biológica, la que engendró a los bebés, la otra es la madre portadora, la que va a parir a los niños. La cuestión sería convecerla(o) de que se aviente un round y emita un Acta de Nacimiento que diga Nombre de la Madre 1 y Nombre de la Madre 2. Dicen que legalmente es posible porque el juez sería quien se encargaría tanto de interpretar como de validar la ley. La mayoría de los abogados que hemos consultado han dicho que esto es prácticamente imposible, pero el sábado, ahí en GRUMALE, una abogada nos dijo que es factible siempre y cuando haya un juez o jueza dispuesto a modificar el Acta.

Ana y yo no nos hicimos ilusiones pero decidimos preguntar e investigar un poco sobre esta última opción. De todos modos tenemos pensado emigrar hacia Canadá donde se permite el matrimonio entre personas del mismo sexo y formar una familia de un solo apellido De Alejandro.

Pero bueno, ¿qué es lo que queremos hacer legalmente? Irnos. Vivir y casarnos en Canadá. Yo, después de pensarlo mucho y de analizar las posibilidades soy de la idea de formar una sola familia con un solo apellido y estoy de acuerdo en que sea De Alejandro y estoy de acuerdo por una simple cosa: me gusta. Es más, estoy pensando en crear mi nombre artístico de una vez: Criseida de Alejandro. A lo mejor algunos se preguntarán, “bueno, y esto no es igual a la estructura patriarcal que han estado criticando tanto”. Sí y no. Sí porque ni modo de inventar un apellido nuevo. Pero No porque es el resultado de horas de meditación y discusión entre Ana y yo. Tengo derecho a reinventarme a sacar a tiempo a mis hijos de núcleos familiares viciados a ignorar los consejos de los demás si eso no me va a hacer sentir bien. A quitarme lastres y ser una nueva persona. A darles el nombre de la familia que sí los quiere y los espera con cariño, como es el abuelo Javier y la abuela Elizabeth, quienes desde un principio saben cuáles son nuestros planes y entienden a la perfección la co – maternidad y se han comprometido en no tomar acciones legales que perjudiquen a nuestros hijos en caso de faltar Ana.

Siempre he sido de la idea de que no se puede extrañar lo que no se conoce. Yo apenas conocí a mis abuelos Santos y a mis primos Santos porque mi papá no pensó que valiera la pena fomentar esa convivencia. Ni siquiera sé cómo se llaman mis primos o qué estudiaron o qué edades tienen. Si se casan o tienen hijos o se divorcian o hacen de su vida un papalote, no me puede importar menos porque no los quiero ni ellos me quieren a mí. He hecho mi vida, he viajado, he estudiado y no pienso en ellos ni los extraño ni siento la necesidad de buscarlos y salir del clóset ante ellos. Y fue precisamente en esta reflexión cuando dije, si esto funciona para mí, seguro funciona para mis hijos. Y no van a extrañar a mis papás así como yo nunca extrañé a los papás del mío. El sentido de pertenencia lo van a desarrollar de las tradiciones, creencias y relaciones que Ana y yo les inculquemos y si formamos una familia legal en Canadá, esa misma legalidad los ayudará a sentirse tranquilos, felices y aceptados porque pertenecen a un núcleo familiar, el que construimos Ana y yo, Cloti y ellos.

viernes, agosto 04, 2006

Un relato sobre educación y prejucios en la sociedad


El siguiente artículo lo encontramos buscando directamente el nombre de su autora, que es nuestra amiga, en google. Es como un cuento, pero a Crix y a mí nos consta que es una bellísima historia de la vida real. Admiramos mucho a Karina y Chuy por su labor de lesbianas y madres y por lo bien que han sabido criar a sus hijas.

Un relato sobre educación y prejucios en la sociedad
Por Karina Vergara *


Cada mañana, antes de que suene el despertador, Mirza que tiene 9 años y ojos brillantes color miel, se levanta de su cama en calzones. Sacude a la pequeña Karla de cuatro años para que abra sus grandes ojos inteligentes y se levante de la cama contigua, también en calzones, a iniciar el día.
Luego pasa a la recamara en donde su mamá y Karina duermen despatarradas y encueradas en la misma cama. Procura hacer todo el ruido posible para que ese par de perezosas comiencen a entreabrir los ojos, se den un beso y se acaricien con los buenos días, y así comienza el ir y venir de las desnudeces en casa.Mirza no se puede vestir, porque no encuentra sus calzones limpios y Karla, porque su mamá no viene a ayudarle. Por fin, son diez minutos para las ocho y las niñas salen, ya vestidas, corriendo a la escuela.
El jardín de niñxs y la primaria están dentro del fraccionamiento donde Mirza y Karla viven, así que están ahí todos los vecinitos y las verdades inocultables de sus familias de origen. Por ejemplo, el que vive con una madre violenta, el que tiene un padre alcohólico, la familia que tiene problemas económicos y, el peor y más sucio de todos los casos: las niñas que tienen unas mamás lesbianas, que, por cierto, son ellas.
Al principio, era un rumor vergonzoso que corría entre cuchicheos y miradas suspicaces. Después, ante el descaro de esas viejas que nada ocultaban, fue una sorpresa anónadada. Con el tiempo, el chisme fue perdiendo su sabor. Nunca se confirmó aquello de las grandes orgías que organizaban, ni ritos satánicos, ni las hijas aparecieron nunca descuartizadas, es más, estaban al corriente en sus pagos de mantenimiento comunal y ni siquiera tiraban basura en la calle. Las vecinas, tan bien interesadas en el suceder ajeno, comenzaron a ocuparse de temas más importantes, como de la señora de la tienda que le ponía los cuernos a su marido con el chofer de la micro.
Los compañeritos de la escuela se fueron acostumbrando a la idea de que para el diez de mayo, ellas elaboraban dos regalos y eso era todo. Así las hijas y sus "depravadísimas" madres pudieron respirar tranquilas un buen tiempo. Un día llegó una niña nueva a la primaria. (Póngase aquí música de violín)...
Fanny pícara, lista, flacucha, desgarbada y desaliñada, se ganó en un segundo el corazón y la amistad eterna de Mirza. A la salida, fueron juntas a recoger a sus hermanos en el jardín de niñxs, después, ¡oh maravilla!, resultó que eran vecinas y eso las volvió inseparables. Fanny comía, desayunaba, cenaba, veía tele, hacía la tarea e iba al cine con la familia de Mirza.
Fanny que vivía con su padrastro, su madre y un hermanito consentido, prefería estar en el país donde no se gritaba, ni maltrataba, ni se le ponía al servicio del varoncito de la casa. Era el país de las mujeres que trabajaban, reían y veían a Xena en la televisión, el hogar donde le decían que todas las niñas eran princesas fuertes y guerreras. El país donde se sabía aceptada y querida. Incluso, Karina Y Chuy hacían planes pensando en Fanny como una hija más, incluida en la salida al parque o a las vacaciones. Era el mundo del idilio.
Hasta que un día, pasó. Fanny y Mirza estaban en los columpios, mientras las mamás y Karlita jugaban un poco más adelante con una pelota. Cuando el columpio volaba, estiraban tanto las piernas que jugaban a que podían tocar las nubes con el dedo gordo del pie y hasta bajaban jirones de algodón.Entonces, Fanny preguntó:
– ¿Qué es una lesbiana?
Y Mirza respondió: - Lesbiana es una mujer que está enamorada de otra mujer.
- ¿Tu mamá es lesbiana?
- Mi mamá es lesbiana
- ¿Karina es lesbiana?
- Karina es lesbiana
- ¿O sea que son novias?
- Son novias
- Ah, bueno
Y siguieron columpiándose hasta que se hizo de noche. Pasaron un par de meses poblados de carreras en bicicleta, congeladas de fresa y yoghurt ante el televisor. Un sábado por la mañana, Fanny no llegó a desayunar. Todas pensaron que estaría enferma y esperaron. El domingo, tampoco llegó. El lunes en la escuela no dirigió a Mirza ni siquiera una palabra y secreteaba, como los adultos mal intencionados, con otras niñas, mirando de lejos y dejando en el vacío ominoso a su ex amiga. A la salida, le entregó un papelito lapidario:
"Mi mamá ya me dijo que tu mamá y Karina son malas y ya no me voy a juntar contigo, porque me pueden hacer algo. Adios"
Mirza desinfló por muchos días su sonrisa, sus ojos no brillaban y miraba con la nariz embarrada en la ventana a Fanny, jugando en su jardín. Sus Mamás pasaron por el ardor terrible de panza, por la ira con ganas de ir a patear a Doña Lesbofóbia, por la culpa terrible del “daño que le hacemos a las niñas con nuestro modo de vida”, por el trato humillante de la vecina que osentosamente ni siquiera quería que la rozaran al pasar, mucho menos permitir intercambiar una palabra, por la rabia que finalmente las sustentaba en donde estaban. Sobre todo, por la carita triste de una chamaca a quien amaban con toda el alma y el rostro lejano de Fanny, que también miraba a distancia.
Era realmente una partida de madre. Un día vino Vaca, la gata que adoptaba la casa como maternidad, y parió cinco gatitos. Las niñas se desvivían llevándole leche y croquetas, cobijas y mal cargando a los gatitos. Cierta tarde, estaba ante la puerta un chico flaquito, de cabello amarillo paja y siete años de edad, llamado Daniel, que pedía permiso de jugar con los mininos. Con cierta renuencia, lo dejaron pasar. Al día siguiente trajo a Gabriela, su hermana para que jugara con Karla y al otro día trajo a Patricio, su otro hermano. Por la tarde, ya estaban todos jugando a hacer pasteles de lodo.
Pasaron un par de semanas y entre los seis gatos y cinco niños jugando, la casa ya estaba de cabeza. Entonces, las mamás tuvieron que apechugar. Chuy apretó el rostro y fue a hablar con la mamá de Daniel. Antes de que ese cariño de niños causara un nuevo dolor. Tocó el timbre de la casa, fue sentada con interés en un sofá que se le antojó gigantesco y en cinco frases simples, soltó la verdad de la verdad. No había problema, había visto moros con trinchete. Ella sabía, fue una de las primeras informaciones que le dieron al mudarse a esa casa nueva y no había problema ni prejuicio.
En la escuela, poco a poco retornó la calma y Mirza hizo nuevas amigas. La situación ha cambiado. Al llegar a casa, apenas se cambian de ropa las niñas y aparece Daniel tocando la puerta preguntando si van a salir a jugar. Todos los días hay que recordarle que primero tienen que comer, lavar los platos y hacer su tarea. Todos los días pone Dany su cara triste y se va a su casa esperándo-desesperando para que den las cuatro de la tarde y sus amigas puedan jugar con él. Todas las tardes se puede ver a Dany jugando a la Barbie con las niñas, o bailando “El vaquero sexi” o haciendo la comidita. A veces, ponen una alberca inflable en el jardín, o hacen maratones de baile o carreras en bicicleta. Ahora, además de Pato y Gaby, visitan la casa Samantha, Marifer, Oscar y Alejandra.
Para hacerlo más fácil Chuy y Karina se dijeron públicamente lesbianas, por si alguien tenía dudas, y aprendieron a platicar con los papás de los niños y saben ya a qué atenerse. Se suman poco a poco otros niños al contingente de desastrozos. Mirza se ríe y brilla de nuevo.
A veces, la familia se encuentra con Fanny por la calle y ella, si no viene su madre, aventura una sonrisa o un saludo rápido y triste. Pero, por lo regular, Fanny se recarga en la reja de su jardín mirando siempre desde ahí, sin poder acercarse. Por las noches, cansada de jugar, entra Mirza a casa. Se baña con Karla. Se envuelven en grandes toallas y bajan a Cenar. Entre bromas y juegos, siempre se les cae la toalla y terminan cenando desnudas. Las mamás tienen que perseguirlas por toda la casa
- Que se van a enfermar, no entienden, niñas!
Ellas, nalgas al aire, corren riendo sin dejarse alcanzar. Y las mamás a grito pelado y risa ahogada:
- Aunque sea, pónganse una camiseta para dormiiirrrr...
- Cuando menos usen calzooneees...
Y llegan la noche y la luna, para bendecirlas en toda su desnudez.
Epílogo
Mirza ya pasó a quinto año de primaria. Ya tiene diez años. La banda de sus amiguitos desastrozos, también ya ha crecido un poco. En verano, pusieron albercas inflables y recorrían la calle en traje de baño y arrastrando las toallas para que quedaran lo suficientemente mugrosas. Se metían a las casas respectivas a tomar agua y llenaban todo de lodo. Las mamás protestaban, pero protestaron más cuando a todos y todas les dio gripa al mismo tiempo y hubo que hacer compra masiva de antibióticos.
En septiembre, hubo regaño en conjunto porque compraron cohetes a escondidas. También han partido varios pasteles y se ha partido la cabeza alguno con una piñata. En noviembre estaban ya disfrazad@s Karla de sirena, Mirza de calavera, Daniel de Harry Potter, Daniela de mounstra y l@s demás de fantasmas y brujas, pero no podían salir a pedir dulces, porque estaba lloviendo y pegaban la frente a la ventana pensando que en 20 minutos más iba a escampar. Como a eso de las nueve, antes de que en definitiva les mandaran a dormir, en un descuido de las mamás como si se hubiesen telapateado, salieron diez niños al mismo tiempo con impermeable y arrastrando sus capas de vampiros a pedir dulces bajo el diluvio y obtuvieron un gran botín. Claro que luego vino el regaño y más tarde la inyección por las anginas, pero lo vivieron estóicos, narrando su inyección como si fuese un trofeo de guerra.
Fanny. Herida abierta. Fanny juega con otros niños y mira a lo lejos. Fanny de media sonrisa. Es una extraña que está presente y muy cerca. Comienza diciembre. Los vecinos decidieron hacer una kermesse como inicio de fiestas. A las lesbianas, les pidieron cooperaran con dinero, pues es del dominio público que estás no son muy buenas amas de casa y menos afamadas cocineras y, como es verdad, ellas aceptaron gustosas.
Así que el sábado amaneció con la emoción de quienes preparaban la fiesta y en una de las casas había dos mamás que protestaban por todo el ruido que se hacía, habían tenido fiesta el viernes y deseaban dormir un poquito, cuando menos, hasta las dos o cuatro de la tarde.
Como a eso de las tres de la tarde, las madres miraban televisión y Mirza entró en casa con una sonrisa y el ánimo de huracán. Besó a una mamá y salió sin nada que decir. Una hora después Mirza, Doña sonrisa, entró seguida de su banda de amiguitos y se encerró diez minutos en su recamara. Luego salió, toda misterio, llevando un objeto envuelto en una toalla que tomó del baño.
30 minutos después, regresó. Traía algo envuelto en una cobija de bebé y lo metió bajo el sillón. Tan pronto se fue una mamá quiso ver el envoltorio y la otra le dio un manazo y le dijo que dejara el secreto en paz. La primera se quedó refunfuñando y viendo la Tv. Se hizo de noche. Ya las niñas habían dejado en casa incontables platos de flautas, tacos y hotdogs a medo terminar.
Era hora de entrar a cenar. Mirza y karla se atropellaban en el alboroto y la risa feliz de “se los cuento yo”. La pequeña comenzó a hablar, pero tartamudeaba de la emoción. La mayor se desesperó y ella lo contó:
La mamá de Fanny fue a ver a su abuela y el papá tenía que atender el puesto de pozole y Fanny, sin nadie que la vigilara, se subió al juego inflable donde Mirza brincaba. Se miraron, rieron y rebotaron juntas miles de horas, cuando decidieron bajar Fanny dio la mano a Mirza para ayudarla y pudieron hablar.
De la maraña de risas y nervios sale en claro que Fanny y Mirza se quieren, que se extrañan, que a sus diez años Fanny descubre que su criterio no puede ser el mismo siempre que el de sus mamá, que quiere ser su amiga, aunque sea a escondidas, que intercambiaron osos de peluche (el despeluchado y mugroso que ahora saca de bajo el sillón) para sellar la amistad; que pasaron el día juntas, que comieron pasteles y se rompieron huevos con confeti en la cabeza, que nunca se había divertido en una kermesse. Mirza no puede dormir de la emoción y nosotras tampoco. Charlamos, en tono de viejitas optimistas, acerca de la esperanza en la nueva generación.
Esta mañana, Chuy y yo venimos a la tienda y Fanny está aquí compra huevo y jamón.Cuando voltea nos encontramos de frente y ella nos mira con complicidad, nos dice adiós con su manita y se va corriendo a casa, a llevarle el mandado a su mamá.

* La autora es activista lésbica mexicana, perteneciente al colectivo Lunas de Cibeles. Además, es editora de la "Zona Lésbica" web Anodis.com

miércoles, agosto 02, 2006



¡Estoy enojada! No, ¡qué! ¡Estoy con todas sus letras: E-N-C-A-B-R-O-N-A-D-Í-S-I-M-A! Estoy harta de los abusos y los conformismos. Estoy desarrollando intolerancia a nuestro sistema.

Hoy les iba a contar de la encerrona feminista a la que fuimos Crix y yo el fin de semana. Les iba a escribir un montón de conceptos izquierdosos para que se fueran familiarizando con ellos, así como concepto, como algo a veces lejano de lo que es interesante leer. Pero entonces resulta que la vida de una mexicana promedio resulta tan espantosamente oprimida, tan chocante, que yo me pregunto, ¿de verdad son conceptos lejanos?

Hace solo un mes y medio me tocó necesitar un asiento en el transporte público y que un macho heteropatriarcal me lo negara. Entre broma y broma hice la denuncia pública del problema y resultó que hasta entre mis amigas hubo alguna que dijo: "Ay, Ana, es que ya embarazada no puedes andar del tingo al tango y la señora tenía razón, te debiste quedar en tu casa". Otra señorita me cuestionó si no sería que antes de necesitar el asiento me daba lo mismo quién los ocupara y en ese momento no quise discutir y decir: "Dianita, yo nunca dejé a una embarazada parada".

Esos son los detalles de la vida cotidiana con los que una se tiene que conformar y aprender a vivir, ¿no? Pues como dijo Adal, ¡Pues no! No señoras y señores, no tenemos que aguantarnos, ni conformarnos, no tolerarlo. Ya estuvo suave. El sistema patriarcal * se sostiene y vive de ello. De sobajar al más débil, de exigir impunemente, de corromperse y permitir que sean unos cuantos los que decidan el destino de "las minorías" que al final resultamos siendo la gran mayoría.

Hace una semana y media se nos ocurrió ir a Monterrey "de paseo". Para tal fin escogimos Aerolíneas Azteca, quesque porque tenía más horarios que Magnicharters y era 40 pesos más barato. No viajamos por Volaris porque aunque digan que desde Santa Fe ellos te llevan a Toluca, para una persona de a pie, el problema es llegar a Santa Fe, ¡Si el metro no llega hasta allá! En fin que tuvimos a mal ir el lunes 17 (¡El lunes!) a comprar los boletos. Ya de regreso en casa yo noté que no me habían cobrado completo, que habían faltado mil pesos y yo emocionada pensé que era algún tipo de descuento. El viernes a las 7:00 am en la sala para abordar, después de haber hecho fila una hora para nuestro registro y el de las maletas y haber recorrido medio aeropuerto y haber pasado cientos de detectores y haber permitido que palparan a Diego y Santiago desde adentro para comprobar que no fuera yo mula (de drogas, nada más) y con 15, ¡QUINCE! minutos faltando para el despegue me dice la señorita del mostrador: "Ay, fíjese que se tiene que regresar a pagar porque nos debe un vuelo redondo o sea que no le cobramos bien y pues no van a poder viajar si no paga". Yo, tratando de mantener la calma le dije, "Bueno, ¿y no es como si hubiera pagado dos de ida? ¿Por qué no me dejan viajar y llegando a Monterrey lo arreglamos?". Ella contestó: "No, porque compró dos, pero debe uno". Yo, ya sin calma alguna: "¿Y qué se supone que haga? ¿Ir al mostrador?" Ella: "Por favor". Yo: "No, fíjese que estoy muy EMBARAZADA, la tarjeta está a mi nombre y la firmo yo, pero yo de aquí ya no me muevo porque me cansé". Ella, después de deliberar un rato por radio con la gente de ventas: "Bueno, deme la tarjeta, la mando y ahorita le suben el voucher para que lo firme". Para hacérnosla cardiaca nos dejaron abordar el avión a las 7:15, justo a la hora en que se suponía despegaba. Obviamente no salimos a tiempo. En vez de cobrarme los mil pesos que yo pensaba que faltaban me cobraron 2 mil 40 pesos.

En el regreso estuvo peor, porque estuvimos a tiempo, ya no nos hicieron pagar cuotas extras ni nada, pero para abordar me tuve que esperar por conciencia propia hasta el final porque no es como que la amable gente de Azteca te haga pasar antes por el embarazo. Además nos hicieron sentar separadas porque el avión venía lleno. ¡Con todo y que compramos los boletos una semana antes! Ya adentro nos tocó una terrible escena. Muy cerca de los baños iba una señora con su hija de tres o cuatro años. Mientras es el abordaje todo mundo anda en los pasillos terminando de acomodar sus cosas. La niña estaba jugando en el pasillo cuando una aeromoza la pateó. La mamá le pidió amablemente que tuviera cuidado, pero la aeromoza contestó con prepotencia que ella solo hacía su trabajo (que de seguro consiste en golpear niños). La mamá pidió hablar con un superior y hasta atrás llegó el segundo a bordo. El señor le gritó que qué quería y la mamá contestó alto y claro (que no gritando) que su aeromoza era grosera y explicó lo sucedido. El segundo de a bordo le gritó que más le valía calmarse y la empezó a amenazar. Las demás pasajeras nos enojamos y empezamos a reclamar. El tipo se fue al frente y desde el altavoz dijo: ·"estimados pasajeros, estamos listos para el despegue, lamentablemente una pasajera nos está ocasionando problemas y así no podemos viajar. Estamos esperando a las autoridades aeroportuarias para que la bajen porque no nos podemos llevar un problema así". Por supuesto las demás pasajeras nos indignamos y dijimos "no la bajan". Acto seguido viene el capitán seguido por dos policías vestidos de sherifes con estrellita rutilante al pecho y todo. Allí el capitán le gritó a la pasajera que se bajara y los policías le dijeron "nos acompaña, por favor". Y todos gritamos: "¡¡NO!! Que no la bajen". Entonces otra pasajera, le explicó a los policías lo que pasó y decidieron no bajarla, pero dijeron: "Aquí en el avión la máxima autoridad es el piloto y se hace lo que él dice". Total que ellos se salieron, pero el piloto se quedó discutiendo y dijo: "Como ustedes quieran, si no quieren no se baja, pero yo con ella no despego". Y así el señor capitán hizo su berrinche y no despegó. Veinte minutos después llegó la gente del mostrador de Azteca a ver qué pasaba y entre los pasajeros y la mamá les explicaron. Así que hicieron quién sabe qué trato y sin que bajaran a la señora pudimos despegar. El vuelo salía a las 8:30 pm, con el retraso de 45 minutos salimos a las 9:15 pm. Se registraron muchas otras irregularidades en ese vuelo, pero me quedó claro que mientras sigamos dejándonos y conformándonos las cosas no van a cambiar. Nos vejan, aplastan nuestros derechos humanos ¿y hasta cuándo vamos a seguir tolerando y permitiendo que uno decida el destino de cientos o miles? Sigo enchinchada y enojada.

Hoy le iban a pagar a Criseida, pero su jefe decidió retenerle el pago hasta que se entreguen unos exámenes. ¡Claro! Prefieren tratar a las personas como niños sin criterio antes de hablar y pedir las cosas como son. Prefieren hacer uso de la extorsión y como no hay contrato, ABUSO de la buena fe de las personas. ¡Qué distinto sería si la gente hablara! ¿Qué le costaba al tipo decir "no te pago la parte proporcional de sueldo que corresponde a los exámenes, pero aquí está tu parte por lo que ya trabajaste y justamente te ganaste". ¿Y si sólo dependiéramos de ese sueldo? Y claro, lo peor es que Crix se siente conflictiva, mala persona y mala maestra.

Nos han educado bajo la represión, el miedo y la culpa y cuando alguien se atreve a abrir la boca y decir "las cosas no están bien así", los demás lo reprimen por inconforme, por bocón, por ser la oveja negra que se sale del redil y el prietito en el arroz que amuela el guiso.

¡No! Yo ya estoy harta de tener que sentir culpa por exigir mis derechos. Estoy harta de sentirme conflictiva por alzar la voz. Estoy harta y ahora me van a oír les guste o no porque ya no me voy a dejar.

P.S No viajen por Aerolíneas Azteca.

* Patriarcado: Definición de Yan María Castro Yaolotl:

El patriarcado es un sistema social opresivo. Un sistema de dominación en todos los ámbitos de la vida social: en el económico, el político, el social y el cultural así como en el psíquico, el sexual y el simbólico.

El patriarcado es un sistema de opresión para todos los seres humanos sustentado en la relación: opresor/oprimido, dominante/dominado, explotador/explotado. Inclusive, es sumamente opresivo para los propios opresores.

Por lo mismo, el patriarcado no se refiere únicamente a la opresión de las mujeres, es decir, a la dominación masculina sobre el sector femenino; por el contrario, se refiere al conjunto de todas las opresiones sociales, a todas las formas de dominación, represión y explotación de cualquier sector social sobre otro, aunque el femenino subyace a todos estos.

Por ello mismo, el patriarcado es mucho más amplio que únicamente la opresión femenina, también se refiere a la opresión de las clases sociales, de las razas y de las naciones.

martes, agosto 01, 2006

MI mujer


No escribí ayer porque el fin de semana fuimos a una encerrona feminista en San Francisco Tepojaco y quedamos suspendidas en el tiempo. En la encerrona se trataron muchos muchos muchos temas, entre los cuales destaca el socialismo, anarquismo, feminismo, matriaje, patriarcado, zapatismo, lesbianismo, etc, etc, etc. Esta encerrona tenía por principal objetivo conocer las diferentes definiciones y posturas de aquellos que en la actualidad coinciden con estas propuestas sociales. Nosotras ìbamos con la intención de aprender, aunque tenemos nociones de algunas de las cosas.

La encerrona tuvo cosas positivas, en principio de cuentas la mayoría de las que fuimos eramos lesbianas y tuvimos la oportunidad de explicarles a las heterosexuales algunas particularidades sobre el lesbianismo y demás, aún así, no falta la típica buga arrogante que piensa que por ser buga está bien buena y cualquier lesbiana le va a hacer caso.

Pero bueno, una de las cosas que más se discutieron fueron los aspectos referentes al patriarcado y la sociedad falocéntrica y heteropatriarcal. En pocas palabras de la heterosexualidad obligada como parte fundamental de un sistema económico y la construcción de familia que tenemos a partir de esto. O sea que gracias al capitalismo y al neoliberalismo, las minorías sexuales somo relegadas y pasadas a segundo término porque amenazamos, no a las conciencias puritanas, no a Dios nuestro señor sino al mismísimo sistema que nos sustenta. Las más radicales piensan en términos de que como la importancia de la propiedad viene del capitalismo y en nuestros días, la familia es una más de nuestras propiedades, la monogamia no es más que uno de los controles que nos impone el capitalismo y a huevo asegura nuestro patrimonio, nuestra propiedad privada, de manera que decir "ésta es mi mujer", "estos son mis hijos" es una réplica del patriarcado y del sistema político económico. Dentro de esta misma línea de pensamiento, el matrimonio y el hecho de que socialmente no esté bien visto tener más de una pareja sexual o amorosa, es una doctrina más política que moral. Así que, en otras palabras, yo no tendría por qué esperar que Ana me fuera fiel, pero tampoco que ande del tingo al tango, sino que haciendo un consenso, ella pueda ir libremente a buscar lo que más necesite. Y bueno, en la teoría suena hermoso, pero en la práctica cómo se hace para lidiar con todas las implicaciones psicológicas.

En medio de la encerrona, fuimos a la Bodega Aurrerá más cercana y yo, tomando en cosideración que Ana querría picar algo entre choro y choro, dije: "voy a llevar esto para mi mujer" y tomé unas Barritas Marinela. Unas chavas se acercaron y me preguntaron: "¿Cómo le dices a Ana? ¿Novia? ¿Pareja?" Y yo les contesté: "La considero mi esposa, la única razón por la cual no nos hemos casado es porque no hay figura jurídica, es mi mujer, cómo no". Lógicamente, esto les pareció un pensamiento de derecha y no de izquierda y el hecho de ser parte de una minoría por ser mujer, luego lesbiana y luego morena, debería inscribirme inmediatamente a los movimientos de izquierda revolucionaria, sino al zapatismo, por lo menos ser adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Yo estoy de acuerdo en una cosa, en que debemos hacer una revisión de cómo hemos estado llevando nuestras sociedades en la actualidad. Yo no sé si el matrimonio, la pareja y los hijos sean parte de una visión de vida egoísta y de absoluto deseo de la posesión, lo que sí sé es que debería poderse incluir estas minorías en un sistema de protección. Yo quiero un mundo mejor y si alguien me dice "aquí está la ley que validará tu unión y te dará personalidad jurídica en el caso de tus hijos", de inmediato me integro y firmo cualquier papelito, aunque me tachen de estar en favor de la propiedad privada. ¿Por qué? Porque antes de una renovación total de valores y de cambiar radicalmente una forma de vida, debemos apostarle a las pequeñas conquistas, alejarnos de la postura de "o todo o nada" y permitir uno que otro cambio, sólo así se va a poder dar pasos, de lo contrario vamos a negar cosas que ni siquieran forman parte de los imaginarios. Referirme a Ana como mi mujer tal vez es una réplica de un modelo de vida que nos ha negado y castrado a los homosexuales y lesbianas, pero adoptarnos al sistema momentáneamente podría darnos la visibilidad y fuerza y presencia necesarias para por lo menos formar parte de una sociedad que ya madurarará tarde, nunca y mal.