viernes, agosto 04, 2006

Un relato sobre educación y prejucios en la sociedad


El siguiente artículo lo encontramos buscando directamente el nombre de su autora, que es nuestra amiga, en google. Es como un cuento, pero a Crix y a mí nos consta que es una bellísima historia de la vida real. Admiramos mucho a Karina y Chuy por su labor de lesbianas y madres y por lo bien que han sabido criar a sus hijas.

Un relato sobre educación y prejucios en la sociedad
Por Karina Vergara *


Cada mañana, antes de que suene el despertador, Mirza que tiene 9 años y ojos brillantes color miel, se levanta de su cama en calzones. Sacude a la pequeña Karla de cuatro años para que abra sus grandes ojos inteligentes y se levante de la cama contigua, también en calzones, a iniciar el día.
Luego pasa a la recamara en donde su mamá y Karina duermen despatarradas y encueradas en la misma cama. Procura hacer todo el ruido posible para que ese par de perezosas comiencen a entreabrir los ojos, se den un beso y se acaricien con los buenos días, y así comienza el ir y venir de las desnudeces en casa.Mirza no se puede vestir, porque no encuentra sus calzones limpios y Karla, porque su mamá no viene a ayudarle. Por fin, son diez minutos para las ocho y las niñas salen, ya vestidas, corriendo a la escuela.
El jardín de niñxs y la primaria están dentro del fraccionamiento donde Mirza y Karla viven, así que están ahí todos los vecinitos y las verdades inocultables de sus familias de origen. Por ejemplo, el que vive con una madre violenta, el que tiene un padre alcohólico, la familia que tiene problemas económicos y, el peor y más sucio de todos los casos: las niñas que tienen unas mamás lesbianas, que, por cierto, son ellas.
Al principio, era un rumor vergonzoso que corría entre cuchicheos y miradas suspicaces. Después, ante el descaro de esas viejas que nada ocultaban, fue una sorpresa anónadada. Con el tiempo, el chisme fue perdiendo su sabor. Nunca se confirmó aquello de las grandes orgías que organizaban, ni ritos satánicos, ni las hijas aparecieron nunca descuartizadas, es más, estaban al corriente en sus pagos de mantenimiento comunal y ni siquiera tiraban basura en la calle. Las vecinas, tan bien interesadas en el suceder ajeno, comenzaron a ocuparse de temas más importantes, como de la señora de la tienda que le ponía los cuernos a su marido con el chofer de la micro.
Los compañeritos de la escuela se fueron acostumbrando a la idea de que para el diez de mayo, ellas elaboraban dos regalos y eso era todo. Así las hijas y sus "depravadísimas" madres pudieron respirar tranquilas un buen tiempo. Un día llegó una niña nueva a la primaria. (Póngase aquí música de violín)...
Fanny pícara, lista, flacucha, desgarbada y desaliñada, se ganó en un segundo el corazón y la amistad eterna de Mirza. A la salida, fueron juntas a recoger a sus hermanos en el jardín de niñxs, después, ¡oh maravilla!, resultó que eran vecinas y eso las volvió inseparables. Fanny comía, desayunaba, cenaba, veía tele, hacía la tarea e iba al cine con la familia de Mirza.
Fanny que vivía con su padrastro, su madre y un hermanito consentido, prefería estar en el país donde no se gritaba, ni maltrataba, ni se le ponía al servicio del varoncito de la casa. Era el país de las mujeres que trabajaban, reían y veían a Xena en la televisión, el hogar donde le decían que todas las niñas eran princesas fuertes y guerreras. El país donde se sabía aceptada y querida. Incluso, Karina Y Chuy hacían planes pensando en Fanny como una hija más, incluida en la salida al parque o a las vacaciones. Era el mundo del idilio.
Hasta que un día, pasó. Fanny y Mirza estaban en los columpios, mientras las mamás y Karlita jugaban un poco más adelante con una pelota. Cuando el columpio volaba, estiraban tanto las piernas que jugaban a que podían tocar las nubes con el dedo gordo del pie y hasta bajaban jirones de algodón.Entonces, Fanny preguntó:
– ¿Qué es una lesbiana?
Y Mirza respondió: - Lesbiana es una mujer que está enamorada de otra mujer.
- ¿Tu mamá es lesbiana?
- Mi mamá es lesbiana
- ¿Karina es lesbiana?
- Karina es lesbiana
- ¿O sea que son novias?
- Son novias
- Ah, bueno
Y siguieron columpiándose hasta que se hizo de noche. Pasaron un par de meses poblados de carreras en bicicleta, congeladas de fresa y yoghurt ante el televisor. Un sábado por la mañana, Fanny no llegó a desayunar. Todas pensaron que estaría enferma y esperaron. El domingo, tampoco llegó. El lunes en la escuela no dirigió a Mirza ni siquiera una palabra y secreteaba, como los adultos mal intencionados, con otras niñas, mirando de lejos y dejando en el vacío ominoso a su ex amiga. A la salida, le entregó un papelito lapidario:
"Mi mamá ya me dijo que tu mamá y Karina son malas y ya no me voy a juntar contigo, porque me pueden hacer algo. Adios"
Mirza desinfló por muchos días su sonrisa, sus ojos no brillaban y miraba con la nariz embarrada en la ventana a Fanny, jugando en su jardín. Sus Mamás pasaron por el ardor terrible de panza, por la ira con ganas de ir a patear a Doña Lesbofóbia, por la culpa terrible del “daño que le hacemos a las niñas con nuestro modo de vida”, por el trato humillante de la vecina que osentosamente ni siquiera quería que la rozaran al pasar, mucho menos permitir intercambiar una palabra, por la rabia que finalmente las sustentaba en donde estaban. Sobre todo, por la carita triste de una chamaca a quien amaban con toda el alma y el rostro lejano de Fanny, que también miraba a distancia.
Era realmente una partida de madre. Un día vino Vaca, la gata que adoptaba la casa como maternidad, y parió cinco gatitos. Las niñas se desvivían llevándole leche y croquetas, cobijas y mal cargando a los gatitos. Cierta tarde, estaba ante la puerta un chico flaquito, de cabello amarillo paja y siete años de edad, llamado Daniel, que pedía permiso de jugar con los mininos. Con cierta renuencia, lo dejaron pasar. Al día siguiente trajo a Gabriela, su hermana para que jugara con Karla y al otro día trajo a Patricio, su otro hermano. Por la tarde, ya estaban todos jugando a hacer pasteles de lodo.
Pasaron un par de semanas y entre los seis gatos y cinco niños jugando, la casa ya estaba de cabeza. Entonces, las mamás tuvieron que apechugar. Chuy apretó el rostro y fue a hablar con la mamá de Daniel. Antes de que ese cariño de niños causara un nuevo dolor. Tocó el timbre de la casa, fue sentada con interés en un sofá que se le antojó gigantesco y en cinco frases simples, soltó la verdad de la verdad. No había problema, había visto moros con trinchete. Ella sabía, fue una de las primeras informaciones que le dieron al mudarse a esa casa nueva y no había problema ni prejuicio.
En la escuela, poco a poco retornó la calma y Mirza hizo nuevas amigas. La situación ha cambiado. Al llegar a casa, apenas se cambian de ropa las niñas y aparece Daniel tocando la puerta preguntando si van a salir a jugar. Todos los días hay que recordarle que primero tienen que comer, lavar los platos y hacer su tarea. Todos los días pone Dany su cara triste y se va a su casa esperándo-desesperando para que den las cuatro de la tarde y sus amigas puedan jugar con él. Todas las tardes se puede ver a Dany jugando a la Barbie con las niñas, o bailando “El vaquero sexi” o haciendo la comidita. A veces, ponen una alberca inflable en el jardín, o hacen maratones de baile o carreras en bicicleta. Ahora, además de Pato y Gaby, visitan la casa Samantha, Marifer, Oscar y Alejandra.
Para hacerlo más fácil Chuy y Karina se dijeron públicamente lesbianas, por si alguien tenía dudas, y aprendieron a platicar con los papás de los niños y saben ya a qué atenerse. Se suman poco a poco otros niños al contingente de desastrozos. Mirza se ríe y brilla de nuevo.
A veces, la familia se encuentra con Fanny por la calle y ella, si no viene su madre, aventura una sonrisa o un saludo rápido y triste. Pero, por lo regular, Fanny se recarga en la reja de su jardín mirando siempre desde ahí, sin poder acercarse. Por las noches, cansada de jugar, entra Mirza a casa. Se baña con Karla. Se envuelven en grandes toallas y bajan a Cenar. Entre bromas y juegos, siempre se les cae la toalla y terminan cenando desnudas. Las mamás tienen que perseguirlas por toda la casa
- Que se van a enfermar, no entienden, niñas!
Ellas, nalgas al aire, corren riendo sin dejarse alcanzar. Y las mamás a grito pelado y risa ahogada:
- Aunque sea, pónganse una camiseta para dormiiirrrr...
- Cuando menos usen calzooneees...
Y llegan la noche y la luna, para bendecirlas en toda su desnudez.
Epílogo
Mirza ya pasó a quinto año de primaria. Ya tiene diez años. La banda de sus amiguitos desastrozos, también ya ha crecido un poco. En verano, pusieron albercas inflables y recorrían la calle en traje de baño y arrastrando las toallas para que quedaran lo suficientemente mugrosas. Se metían a las casas respectivas a tomar agua y llenaban todo de lodo. Las mamás protestaban, pero protestaron más cuando a todos y todas les dio gripa al mismo tiempo y hubo que hacer compra masiva de antibióticos.
En septiembre, hubo regaño en conjunto porque compraron cohetes a escondidas. También han partido varios pasteles y se ha partido la cabeza alguno con una piñata. En noviembre estaban ya disfrazad@s Karla de sirena, Mirza de calavera, Daniel de Harry Potter, Daniela de mounstra y l@s demás de fantasmas y brujas, pero no podían salir a pedir dulces, porque estaba lloviendo y pegaban la frente a la ventana pensando que en 20 minutos más iba a escampar. Como a eso de las nueve, antes de que en definitiva les mandaran a dormir, en un descuido de las mamás como si se hubiesen telapateado, salieron diez niños al mismo tiempo con impermeable y arrastrando sus capas de vampiros a pedir dulces bajo el diluvio y obtuvieron un gran botín. Claro que luego vino el regaño y más tarde la inyección por las anginas, pero lo vivieron estóicos, narrando su inyección como si fuese un trofeo de guerra.
Fanny. Herida abierta. Fanny juega con otros niños y mira a lo lejos. Fanny de media sonrisa. Es una extraña que está presente y muy cerca. Comienza diciembre. Los vecinos decidieron hacer una kermesse como inicio de fiestas. A las lesbianas, les pidieron cooperaran con dinero, pues es del dominio público que estás no son muy buenas amas de casa y menos afamadas cocineras y, como es verdad, ellas aceptaron gustosas.
Así que el sábado amaneció con la emoción de quienes preparaban la fiesta y en una de las casas había dos mamás que protestaban por todo el ruido que se hacía, habían tenido fiesta el viernes y deseaban dormir un poquito, cuando menos, hasta las dos o cuatro de la tarde.
Como a eso de las tres de la tarde, las madres miraban televisión y Mirza entró en casa con una sonrisa y el ánimo de huracán. Besó a una mamá y salió sin nada que decir. Una hora después Mirza, Doña sonrisa, entró seguida de su banda de amiguitos y se encerró diez minutos en su recamara. Luego salió, toda misterio, llevando un objeto envuelto en una toalla que tomó del baño.
30 minutos después, regresó. Traía algo envuelto en una cobija de bebé y lo metió bajo el sillón. Tan pronto se fue una mamá quiso ver el envoltorio y la otra le dio un manazo y le dijo que dejara el secreto en paz. La primera se quedó refunfuñando y viendo la Tv. Se hizo de noche. Ya las niñas habían dejado en casa incontables platos de flautas, tacos y hotdogs a medo terminar.
Era hora de entrar a cenar. Mirza y karla se atropellaban en el alboroto y la risa feliz de “se los cuento yo”. La pequeña comenzó a hablar, pero tartamudeaba de la emoción. La mayor se desesperó y ella lo contó:
La mamá de Fanny fue a ver a su abuela y el papá tenía que atender el puesto de pozole y Fanny, sin nadie que la vigilara, se subió al juego inflable donde Mirza brincaba. Se miraron, rieron y rebotaron juntas miles de horas, cuando decidieron bajar Fanny dio la mano a Mirza para ayudarla y pudieron hablar.
De la maraña de risas y nervios sale en claro que Fanny y Mirza se quieren, que se extrañan, que a sus diez años Fanny descubre que su criterio no puede ser el mismo siempre que el de sus mamá, que quiere ser su amiga, aunque sea a escondidas, que intercambiaron osos de peluche (el despeluchado y mugroso que ahora saca de bajo el sillón) para sellar la amistad; que pasaron el día juntas, que comieron pasteles y se rompieron huevos con confeti en la cabeza, que nunca se había divertido en una kermesse. Mirza no puede dormir de la emoción y nosotras tampoco. Charlamos, en tono de viejitas optimistas, acerca de la esperanza en la nueva generación.
Esta mañana, Chuy y yo venimos a la tienda y Fanny está aquí compra huevo y jamón.Cuando voltea nos encontramos de frente y ella nos mira con complicidad, nos dice adiós con su manita y se va corriendo a casa, a llevarle el mandado a su mamá.

* La autora es activista lésbica mexicana, perteneciente al colectivo Lunas de Cibeles. Además, es editora de la "Zona Lésbica" web Anodis.com

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha dejado el 'ojito Remy'. Apostemos por la siguiente generación. :$ :)

Cuídense mucho
Saludos!!!

Héctor

ZUAG dijo...

Íjole. Esta vez el artículo de los viernes me dejó con el ojo cuadrado y, ciertamente, reflexionando sobre la apertura. Si bien, abiertamente presumo a mis dos amigas lesbianas que están a punto de tener unos bebés, si me cuestionó sobre qué tanto estamos preparados, como sociedad, a vivir con matrimonios alternativos y creo que aún queda mucho camino por recorrer. Al menos, en lo personal, creo que me falta mucha información, porque no basta con aceptar, se necesita estar bien informado. Gracias por hacer esta labor y "educarnos."

Ana Bte N dijo...

Me habia quedado a la mitad de la historia... hace tiempo la imprimi y se las mostre a mis hermanas q tienen hijas... creo que nos ha ayudado... mis sobrinas saben que tienen una tia más (aunq la tia en cuestión me haya mandado al caracho)

Gracias

coffemokka dijo...

Las personas tienden a tener miedo de lo que no conocen. Se asustan, y ven esto como si fuera contagioso. Todas las personas necesitamos ir por la calle diciendo : Hola, me gustan las mujeres, o "me gustan los hombres".. o lo que sea .. a quien le importa eso a fin de cuentas??.. Alejar una amistad de unos seres pequeñitos, solo por algo que consideran sucio cuando nisiquiera lo es... me pregunto como vivirán con su consciencia.. pero Fanny,..vaya que es valiente y madura..^^.. una historia muy bonita que me ha soltado varias lagrimas.. ^^..