Carta de Ana de Alejandro a David Razú
David Razú cambió mi vida. Él cambió mi vida y la de mi familia gracias a la propuesta y defensa de las leyes de matrimonio en el Distrito Federal.
Cuando yo conocí a mi ahora esposa, Criseida Santos, hace casi 17 años, nunca imaginé que mi vida sería lo que ahora es. Hace 8 años iniciamos una relación de pareja que no estaba contemplada, en ese momento, por las leyes de nuestro país. Aún así nuestro amor fue más grande y decidimos compartir la vida juntas y formar una familia. Un par de años después, en el 2006, ya consolidadas como pareja trajimos al mundo un par de hijos hermosos que merecen los mismos derechos y el mismo amparo ante la ley que cualquier menor en el mundo. La ley, sin embargo, seguía sin considerarnos ciudadanas iguales al resto y nos discriminaba negándonos la oportunidad de un matrimonio.
En el 2010, finalmente, y gracias a David Razú nuestra familia encontró la igualdad de derechos por la que había luchado. El 21 de marzo de ese año, pudimos orgullosamente citar las palabras de Juárez y recordarle al mundo que “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Ese día firmamos nuestro contrato matrimonial y afirmamos ante la ley el compromiso social, el vínculo afectivo que nos ha unido a nosotras como pareja de vida desde el 2 de enero de 2004.
Ahora, como antes, somos esposas, somos un matrimonio, somos dos personas que se aman. La diferencia es que ahora, gracias a David Razú, la ley nos reconoce.
