Ante la pregunta "qué tal el fin", Ana y yo nos vemos en la necesidad de tomar aire y recapitular: Este fin de semana fuimos a Saltillo, invitadas por la Comunidad San Elredo a un evento de conferencias y debates sobre
Diversidad Sexual, Familiar y Religiosa.
Y he aquí la travesía:
El sábado a mediodía habíamos quedado con algunas personas de salir en caravana a la mencionada capital de Coahuila, cuna del Pacto Civil de Solidaridad. Por alguna razón, la caravana nunca se llevó a cabo y por otra razón aún más extraña, tardamos más en llegar de San Nicolás a Santa Catarina, que en sí de Monterrey a Saltillo. Como llevábamos a los niños, Diego decidió apagarse antes de abandonar la zona metropolitana y Santiago entró en crisis existencial porque cosa curiosa, hace calor como si ya fuera verano, hace calor como si el calentamiento global estuviera derritiendo Groelandia. En fin, como la camioneta del abuelo tiene los vidrios polarizados, pensamos que sería suficiente, pero no, el sol estaba muy duro y Ana y yo ingresamos a ser viajeras del populacho al improvisarle un protector solar a nuestro bebé. Por fortuna no llevábamos toallas, así que el nacazo estuvo más leve.
Entramos en Coahuila y en poco tiempo estuvimos en Saltillo. Por mail nos habían enviado las instrucciones para llegar al Icocult (Instituto Coahuilense de Cultura), así que llegamos directamente hasta el centro de la ciudad que es donde se encuentra el instituto. Llegamos una hora antes de la cita, así que estuvimos vagando por el patio, hermoseando a los bebés que actuaban como energúmenos puesto que tenían hambre pero no se les antojaban los nuggets que les habíamos comprado.
Para el sábado estaban programadas las actividades de diversidad familiar. Primero hubo una conferencia sobre familias compuestas que la impartió la Dra. Inés Uribe. Muy interesante y todo, porque se trataba de la diversidad de familias que existen en el mundo y el derecho de cualquier ser humano a formar su núcleo como mejor le plazca. Después siguió un panel de PADRES CON HIJOS HOMOSEXUALES donde cuatro padres de familia intercambiaron sus experiencias ante la salida del clóset de sus hijos y la reacción hacia la sociedad y la familia extensa. Había una pareja de un gay muy interesante porque era la representante de muchos de nuestros padres. El señor no entendía por qué su hijo era homosexual y la señora en parte no quería hablar, se notaba que todavía le dolía haber sido enterada de la situación de su hijo. El señor básicamente dijo que para él, un homosexual nace, porque si es una elección para él era aún más difícil de entender. Estaba también la madre de una mujer transgénero, Alondra. Ella contó un poco la historia de su familia y las justificaciones que ella misma se daba ante la sospecha, pero cuando yo casi lloro fue cuando compartió que su madre, o sea, la abuela de Alondra, se portaba muy grosera y de forma despectiva con ella, con la nieta, y que eso la hizo reaccionar y enfrentarla y decirle: "Mire, mamá, yo la quiero mucho, pero si quiere que la siga viendo, va a tener que respetar a Alondra, porque no merece que la trate con desprecio". La siguiente panelista era la mamá de Gaby, una de las organizadoras del evento, y también transmitió toda la historia.
Después de un breve receso, Ana y yo, junto con otra pareja de
Comales subimos al estrado a compartir nuestras respectivas historias. Nuestro caso era el de la pareja lésbica que decide tener hijos mediante tratamiento de fertilización y el de las otras madres era el de aquellas lesbianas que vienen con hijos de una relación heterosexual. Este panel, se tituló PADRES HOMOSEXUALES CON HIJOS pero esta ocasión solo hubo participación de madres.
La idea de nosotras era regresarnos a Monterrey apenas terminara el evento, pero en el triqui truqui, en la despedida y todo, nos convencieron de que pasáramos la noche en Saltillo. Fuimos a casa de Noé y Gaby, organizadores del evento, y estuvimos platicando (y comiendo tacos) con mucha gente. Los temas eran de lo más variado, que si cómo está Saltillo, que qué escándalo traían en Monterrey con la Ley de la Familia, que si el Pacto Civil de Solidaridad, y en ese momento caímos en cuenta que la Comunidad San Elredo es católica y cuenta con el apoyo del padre Robert (oh... he olvidado el apellido) párroco de la iglesia El Calvario. Y doblemente caímos en cuenta que el domingo habría una misa oficiada por monseñor
Raúl Vera, obispo de Saltillo. Yo quedé súper impresionada, pero más impresionada estuve el mero domingo el día de la misa, cuando en pleno altar figuraba la bandera del arco iris, del orgullo gay. !Virgen del Perpetuo Socorro! ¿Qué estaban viendo mis ojos?
La cosa se puso más intensa cuando nos propusieron que le propusiéramos al obispo que bautizara a Diego y Santiago. Yo enmudecí, claro, y Ana también. Fue cuando Ana (otra Ana) tuvo que tomar la palabra y decirle: "Señor Obispo, aquí estas mujeres que vienen desde Monterrey quieren pedirle que les bautice a sus dos preciosos hijos". Yo entré en rigor mortis, porque el obsipo se nos acercó a intercambiar dos o tres palabras y yo trabadísima no sabía ni qué decir. Pregunta el obispo: "¿Son uno de cada una?" y cuando nuestra vocera le contó nuestro proceso de fertilización, el obispo se me acercó, me tomó del cachete (sí, del cachete, como cuando los tíos te pellizcan la mejilla para decir "mira cuánto has crecido") y dijo: "ah, pero qué cosa tan extraña". Luego nos refirió con una persona para tomar los datos y ponernos de acuerdo.
En la misa Diego y Santiago se portaron súper bien, pero al término estallaron en un grito, ya bastante desesperados por comer algo diferente a barritas, gomitas, galletitas, leche, etc.
El padre Robert salió a darnos los datos para que habláramos con la secretaria del Obispo y nos explicó que tanto padrinos, madrinos, padrinas y madrinas como Ana y yo debíamos acudir a la plática bautismal que él con gusto nos podría dar nada más tuviéramos la fecha apartada. Que para cada niño podría haber un padrino, una madrina o un padrino y una madrina, pero todavía la combinación madrina-madrina, ni padrino - padrino era aceptada dentro de las leyes de la iglesia, sin embargo, nos aclaró que no había nada escrito acerca de dos madres, así que por ese lado podía llevarse a cabo el bautismo sin ningún problema. También nos dijo que incluso ellos podían viajar a Monterrey o nosotras ir a Saltillo, que eso era válido en cualquier caso.
Yo para ese entonces había recuperado el habla pero de todos modos fue Ana (mi Ana, nuestra Ana) la que agradeció mucho las atenciones. Después de las despedidas y todo, fuimos al Icocult con la intención de escuchar la conferencia que Fray Julián, el representante de la asociación
Católicas por el Derecho a Decidir iba a impartir sobre el tema HOMOSEXUALIDAD Y RELIGION. A mí casi se me caen los calzones de la apertura, ya estaba yo como el obispo, "ah qué cosa tan extraña".
Diego y Santiago para ese momento estaban ultra fatigados, ya querían ver a la abuela, ya querían estar en su casa y sobre todo, querían comida de verdad. Me imagino que se les debió estar antojando algo guisado, casero, y no sandwiches, Gerber, salchichas, Pediasure, etc., etc. Para colmo de males, el camioneta estaba súper mega enpuercada y se descompuso algo en el mecanismo eléctrico, razón por la cual no podíamos subir la ventanilla del lado del conductor, ante esas situación y a que la placa delantera no está donde debe, pensamos que si dejábamos la camioneta estacionada en cualquier lugar iban a pensar que era un coche bomba, así que buscamos a un lavacoches para que a nos cuidara el mueble.
Pero bueno, lo poco que pude escuchar de la conferencia en Icocult, fue bastante interesante. Fray Julián estaba haciendo un recuento de lo que la perspectiva religiosa veía como espiritualidad y de lo que significaba el crisitianismo, base de la religión católica, la gran formadora cultural de nuestras ciudades y países. El fraile trataba de explicar que en este aspecto delicado de la humanidad, se tiende a confundir la ética con la moral, y la espiritualidad con la religión. Es decir que, mientras que la moral es un constructo social que está (valga la redundancia) constituida por valores locales, la ética es el estudio del carácter general de las normas de conducta y de las elecciones morales concretas que el individuo hace en su relación con los demás. Es decir, algo moral puede ser ético, pero algo ético puede no ser moral. Por tal razón, en muchos casos tenemos a la religión regida por una serie de moralidades apartadas del sentido espiritual del cristianismo, y con ello es posible encontrarnos día a día a cientos de miles de personas sumamente religiosas pero no espirituales. Digamos, en el enfoque de la homosexualidad y lesbianismo, el cristianismo dicta como máximas el respeto al ser humano, el amor al prójimo y la compasión entendida como el dolor o la empatía que experimentamos cuando somos testigos de algún abuso, arbitrariedad, injusticia, discriminación, etc., es decir que el odio hacia los gays y lesbianas no es cristiano, pero encuentra justificación en la doctrina, en la moralidad de la religión. Y esto además de ser cagante es muy complejo, porque empieza a develar los sistemas y empieza a confrontar los vicios de unos y de otros en cuanto al funcionamiento social. En fin, el tema era realmente interesante, pero lo tuvimos que dejar a medias porque Diego y Santiago pedían a gritos un poco de paz, y porque la noche se acercaba y debíamos volver a Monterrey para atender otros deberes.
A Ana y a mí siempre nos han intrigado los temas de las religiones. Siempre hemos tenido uno y mil cuestionamientos. Yo veo el catolicismo, al menos en mi caso, como una institución de la cual pende gran parte de la cultura mexicana. Para mí fue un verdadero tormento tratar de entender la espiritualiad y la existencia o no de un Dios o un poder superior, etc. Entiendo profundamente la importancia del catolicismo, ya no digamos en el país, en mi familia. Pero mi ejercicio personal sobre la espiritualidad, aunque se lo tomen a broma, arrojó como resultado el epicureísmo guadalupano. Obviamente, mi madre, sin preguntarme ni nada por el estilo, me ingresó en estos ritos del bautismo y la primera comunión y hasta la unción de los enfermos, si me hubiera dejado, pero todo en aras de la continuidad moral y religiosa, no tanto en la cristiana espiritual. Y así, la mayoría de todos nosotros por la vida, ¿no? El cuestionamiento es igual de raro que de cansado. No obstante, haciendo este deslinde, no debería resultarme complicado ni difícil hacer la imposición de nombres por éste o por cualquier otro rito, porque lo verdaderamente importante es el trasfondo, la espiritualidad, la afinación del espíritu. Ahora que, dentro de la moral, caben una y quinientas preguntas más:
1. ¿Es moral hacer uso de un rito católico para la imposición de nombres de mis hijos?
2. ¿Es moral que los ingresemos en una religión históricamente violenta hacia los gays y lesbianas? ¿Es moral que busquemos la reivindicación por este medio?
3. ¿Es moral que atendamos la importancia cultural antes que la espiritual? ¿La moral antes que la espiritual? ¿O debemos ser fieles al espíritu mismo, con lo cual sale sobrando lo demás?
4. ¿Es moral que tomemos la línea de la validación católica donde poca reivindicación femenina ha habido desde la Edad Media, al menos?
5. ¿Es moral pedir un sacramento cuando sabemos que no hay esperanza de aquel otro?
6. ¿Es moral, en todo caso, conformarse con solo un sacramento?
7. ¿Es ético, entonces, buscar otra alternativa?
8. ¿Es ético aceptar la estructura actual de la religión católica pese a la conciencia de tal o cual aspecto?
9. ¿Es ético usar de la moral para hablar en términos morales de algo esencialmente ético?
En fin, mientras me contesto estas interrogantes y mientras Ana viene aquí a contarnos su versión de las cosas y sus propias dudas, los invito a que lean la pequeña entrevista que nos hicieron en Saltillo en la misa en El Calvario.
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Recorte de la versión impresa del artículo que salió el 25 de febrero en el periódico de Saltillo Palabra.
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