martes, mayo 29, 2012

Te crees que no me entero!!!!

Quería guardármelo para más tarde pero simplemente no puedo. No quería hacerlo público porque me daba cierto pudor pero después pensé que nada tengo yo que aparentar. Les contaré la historia desde el principio. Esta historia tiene que ver con mi familia y los numerosos desaires que opté por seguir sufriendo. Y digo opté porque la verdad nadie me tiene ahí insistiéndoles ser parte de una familia que me excluye y no me toma en cuenta.
Escribo con las vísceras y escribo porque mi primo Alan se va a casar. Mi primo Alan es hermano de mi prima Nayeri. Mi prima Nayeri ha sido una lindísima persona conmigo y no le importó meterse en problemas con su mamá cuando se casó hace casi 6 años. Ella y su marido, que es muy amigo de Ana, nos eligieron como testigos para su boda civil y ese es un detalle que me parece muy lindo de parte de ellos; fue la manera en que reconocieron nuestra unión aún y cuando eran los tiempos en que todos me habían dado la espalda. Fuimos testigos en su boda aún y cuando en México todavía ni se discutía el matrimonio universal.
Luego Diego y Santiago nacieron, las cosas cambiaron y de pronto tuve un repentino acercamiento con algunos. Pensaba yo que las aguas se habían apaciguado. 
Mi primo Alan se va a casar, el hermano de Nayeri. El hermano del difunto Primo Beto al que todos estuvimos llorando el año pasado. Mi familia es muy romántica, de algún lado tuve que sacar yo lo cursi, y durante todo el 2011 estuvieron en la insistencia de que Beto nos había unido y no había dado una gran lección. Sí sí, igualito como cuando mi abuela murió. Igualito que cuando murió el finado. Cosas que decimos pero que nunca hacemos, que a todos se nos olvida y que a todos nos choca que se nos olvide pero de cualquier manera ahí le seguimos con el cuento.
Resulta que el primo en cuestión contraerá nupcias con una señorita aparentemente muy pudiente. Yo ignoro si lo sea o no. De verdad que lo ignoro. No me consta que la niña sea proviniente de familia acaudalada ni nada por el estilo. Lo que sí sé es que mi tía se volvió loca y empezó a acosar a todos con la importancia de vestir de etiqueta, a saber, smoking y vestigo largo. De pronto empecé a enterarme de la inconformidad de todos porque en cada conversación mi tía sugería que nadie sabía vestirse para la ocasión. Después de un par de chismes, pasé de la risa a la preocupación. Es decir, noté que de pronto poco a poco fui siendo tratada de una manera poco amable. 
Todo empezó con el aniversario luctuoso del primo Beto. Después de estar acudiendo mes con mes a las misas y de estar conviviendo en la cena posterior, el día que cumplió un año de fallecido, luego de haber organizado tremendo pachangón para festejar que su hijo murió (no era la día, pero así sonó) me dijo que ella no iba a estar pagándole la fiesta a todo mundo. El comentario debió ofenderme, pero yo he decidido tenerle mucha paciencia, a ella y a todo aquel que en algún momento formó parte de mi infancia y mi niñez. Luego insistió en que a la fiesta invitaría a puros sobrinos y al final terminó invitando a todos excepto a mí. Yo decidí no entender la indirecta aunque la sospechaba.
Resultó que poco después de esto, le organizó un Baby Shower a mi prima con motivo de su segundo hijo. Y la verdad, Ana y yo somos más de regalos útiles y funcionales sobre todo cuando andamos escasas de dinero. El punto es que al vernos llegar con el presente, mi tía nos dijo groseramente que esa fiesta no era de regalos, que era de sobrecito. Ana, con el carácter tan claridoso que se carga, le sonrió y contestó "pues le tocó regalito". En ese momento mi tía se encargó de hacerme saber que tan magnánimo evento estaba lleno de colados, de gente a la cual no se le había invitado. Y yo opté por ignorar la indirecta aunque estaba muy clara. Por fortuna, teníamos que irnos y no nos quedamos cuando sirvieron la comida así que con toda la amabilidad que un kilo de Prozac puede darme le informé que tanto nuestras sillas como nuestros platillos estaban disponibles. Mi prima se sintió incómoda porque pensó que nos habíamos ofendido y la verdad DEBÍ HACERLO.
Porque ahora resulta que no estoy invitada a la boda. Mi madre con una mezcla de emociones me dijo: "No te iba a decir... pero... me dijo que si yo quería llevarte, que te llevara... pero que te llevara sola, sin compañía". Yo en ese momento deseé que se quemara en el mármol del infierno, pero después comprendí que el único que está subiendo de status es mi primo, no yo, ni mi tía, ni nadie más. Mi primo. Él es el que debería, en todo caso, estar preocupado por el estrés de estar complaciendo a su familia política. No yo. Me molesta, eso sí,  que mi tía prefiera verme vestida con sandalias y shorts en la boda que acompañada de MI ESPOSA! Pero ese no es problema mío, es problema de ella. Finalmente, yo no me voy a casar con la niña pudiente, sino su hijo. Y finalmente para qué me enojo, ella nunca ha ocupado tener mi cariño, nunca le ha hecho falta y no es algo que extrañe o vaya a lamentar si lo pierde. Y la verdad, tiene que empezar a ser mutuo. Tenemos que empezar a correspondernos. La cosa es que yo pretendía que ella me correspondiera a mí, pero veo que es más fácil que yo la corresponda a ella.
No me siento mal por la boda. No me siento mal por los agravios alrededor de la boda. Me siento mal porque esto tiene que ver con todo menos con el cariño, con el afecto y con el amor. Mi verdadera familia es otra: es Ana, es Diego, es Santiago y aquellos locos que se largaron a Redmon. El amor es uno solo. Se tiene o no se tiene, es básico. Yo quiero a los que me quieren. Y aprendo a querer a los que me quieren querer. No puedo limitar mis afectos a lo consaguíneo. Me quedaría en la calle.
Ni tampoco me puedo culpar por seguirles dando una y otra oportunidad.

6 comentarios:

Manuel Tenorio dijo...

Te puedo contar de las cosas que pasan cuando la familia no corresponde: lo que pasa es que te das cuenta quienes son familia. Te queremos a ti, queremos a Ana, y a nuestros queridos sobrimos, ustedes son realmente entrañables para mi.

Mulier dijo...

Muy bien dicho!!!La gente que no respeta nuestras familias no merece nuestro cariño!!!

mas mamas dijo...

Hola, somos dos mujeres enamoradas y a días de tener nuestro primer chamaco. Vivimos en Chile y quisiéramos agregar nuestras historias a la corriente de mamás que están en lo mismo que nosotras. Nos gustaría que publicaran nuestro blog en su página, ¿pueden? muchos cariños!!! http://www.masmamas.wordpress.com

Solete dijo...

Pues para mí es toda una alegría que no me inviten a las bodas, las odio, sí, esa es la palabra, me parecen circos sin sentido. Prefiero gastarme el dinero en mí y en lo que me hace feliz. Besos familia ;)

Blanche dijo...

La familia no es necesariamente la que lleva nuestra misma sangre, sino la que con lazos de amor, paciencia y constancia decidimos formar. Es en esa familia donde realmente existe el amor incondicional. Un beso.

ilipitia dijo...

las familias están conformados no solo por lazos de sangre, hay otros lazos que uno puede hacer que sean muy fuertes, con las familias elegidas... lamento por ustedes el mal rato...

Abrazo!