Yo me echo ánimos. Y he tenido la gran fortuna de que en Houston he encontrado gente que me ha echado la mano de una manera maravillosa. Pero yo veo el departamento donde estoy viviendo y no dejo de pensar en Ana y los niños, y pienso: estarían tan bien en un lugar como éste. Y luego pienso que hay que tener paciencia, que seis meses se pasan volando.
Ayer pude hablar con Ana y con los tiagos. Diego me pareció sorprendente, una semana que no lo oigo me parece que ahora es un niño de cinco años. Ana dice que tampoco exagere, que de tres palabras que usaba por oración, ahora usa cinco. A Santiago no lo pude apreciar bien porque gritaba mucho y provocaba estática en el teléfono. Hablar desde Estados Unidos por medio de tarjetas de prepago implica cierta estática y ciertos ecos en la bocina, yo me imagino que así se oía antes cuando las operadoras conectaban los cables para hacer las llamadas.
La comunicación es muy poca realmente, porque el problema no es comprar las tarjetas o conseguir los lugares más baratos para hacer las llamadas, el problema es que allá en Monterrey Ana no tiene dónde recibir las llamadas, eso y que su horario siempre es muy estrambótico.
De verdad espero que el padre de Ana pague muy pronto el teléfono para que yo no termine de enloquecer.
Los primeros días, como les decía, tuve que dormir en el piso!!!! Sí, en el vil piso que aunque está muy alfombrado y pachón, no dejaba de ser piso. Y bueno, mi roomate me prestó una cobija. En Houston el clima es parecido al de Monterrey, así que uno de estos días de la semana pasada nos dio el bajón de temperatura que yo hasta tuve que dormir con tenis porque de otra manera no se me calentaban los pies. La verdad no me quejo, es parte de la aventura, además una gran amiga me ha conseguido una cama y ya ayer pude dormir como Dios manda.
Hoy, el soundtrack de esta historia es el siguiente, se los pongo con Tin Tan para estar ad hoc con mi contexto:

