
Sí, pero no. O sí, pero no así. Hace un año y un mes o dos, cuando Diego y Santiago aún eran proyecto sin fecha específica, Crix tuvo una fuerte discusión con su familia. Los motivos son lo de menos, pero como siempre salió a relucir que Crix es lesbiana y vive conmigo. Crix decía que tenían que aceptarla a ella, tal cual, y también su relación conmigo. Les pidió a sus difuntos padres que eran casi unos santos que la aceptaran ya que pronto tendría hijos. Los papás enviaron de regreso (puesto que la discusión fue vía e-mail) un mail diciendo cosas contradictorias y confusas como que a) sí la querían y aceptaban, pero b) esi bi significaba que en las fiestas la quisieran sentada con ellos en la misma mesa y que c) respetaban la decisión de tener hijos, pero d) no querían que les endosaran niños a ellos que ya habían criado tres y no necesitaban más.
Ahora que está de moda el caso Castrillón y que sigue en boga el caso Santoy (además de cuestionarnos qué tan bueno es vivir en Cumbres) nos ponemos a pensar que hay cosas peores que tener hijos gay e hijas lesbianas. Pero el punto viene a que recién que Santoy desparramó a esos niños por toda su casa, Rous (que es una amiga nuestra del DF) se cuestionaba si no sería una gran vergüenza como padre o madre tener un hijo asesino. Rous trabaja en un consultorio médico y le participó sus dudas a uno de los doctores. Él le dijo a Rous que se equivocaba, que a los hijos hay que quererlos siempre y sin condiciones, que cuando cometen un error hay que quererlos más. Luego vino la anécdota motivacional donde le contó que en un pueblo del África a cada niño le componen una canción al nacer. Toda la aldea se junta y le cantan la canción en su cumpleaños y en las celebraciones especiales, pero sobre todo se la cantan cuando comete un acto violento como robar o matar, para que la persona se de cuenta de que se le ama a pesar de todo. De que tiene un hogar donde se le valora como la persona valiosa que es, sin condiciones sin desvalorizarlo ni avergonzarse de él por los actos violentos que haya cometido.
Hace unos días vi en TVAzteca una plática sobre Ángeles, la conductora era escéptica sobre su existencia y como para demostrar que no existen preguntó: "¿Y los ladrones, violadores y asesinos tienen un Ángel de la Guarda?" El "especialista" dijo que sí, y que en especial ellos ya que necesitan más amor y ayuda para guiarlos por el "buen camino". El disclaimer para justificar que sus ángeles no eviten que hagan daño a terceros es que como quiera existe el libre albedrío y el asesino puede elegir no escuchar el buen consejo que se le da.
Lo que me pareció interesante de esa discusión fue el hecho de recalcar que una persona "mala" necesita más amor, y que las personas cercanas a ellas, o afectadas por ellas necesitan más amor, para poder comprender y perdonar sus actos.
¿Qué hago yo a estas alturas de la vida comparándome con asesinos? ¿Estoy diciendo que ser lesbiana es malo, o simplemente un poco menos peor? No, nada de eso. Hablo de que no siempre somos, ni hacemos lo que se espera de nosotros. A veces podemos decepcionar a las personas por nuestros actos o nuestars elecciones de vida, a veces no podemos evitar lo que somos. Esto viene a que estamos acostumbrados a condicionar nuestro amor, a sólo darlo a cambio de un buen comportamiento y no querer a quien nos da la contra. El típico mijito-si-no-tienes-10-en-todas-las-materias-no-me-vas-a-ver-orgulloso-de-ser-tu-padre. Todo esto me ha puesto a pensar que no siempre decimos SÍ pensando en decir sí. Creo que al decir sí debería ser en realidad sí y no un sí a medias y con condiciones. Sí te acepto, pero no te beses dealnte mío porque a) qué asco, b) qué pena que me vean contigo mientras besas a tu pareja y piensen que soy como tu, c) qué miedo que digan que soy así, y/o d) ¿cómo explico que sí te acepto como eres pero no soy como tu y quién me va a creer? Por su puesto no creo que sea lo mismo ser lesbiana que asesina y por eso no entiendo por qué produce tanto miedo.
Un sábado de enero, fuimos Crix y yo con los niños al Parque Fundidora porque Olivia (una coahuilense que conocimos en el DF) vive ahora en Monterrey y nos tomó unas fotos. Como era sábado y los sábados checo tarjeta con mi comadre Myrna y mis ahijados, los invité a ir. Realmente nos la pasamos muy bien. Compramos pollo frito y nos lo comimos en una banca de picnic junto a los juegos para que Dany, Fer y Ana Paola jugaran, brincaran y saltaran todo lo que quisieran. Recorrimos el parque y posamos para las fotos. Nosotras le pedimos a Myrna que nos tomara unas con la cámara que nos prestó Stella para ponerlas en el blog. Y estuvimos gozando de lo lindo.
Sin embargo, en una de las fotos Oli nos pidió que nos besáramos. Myrna y yo ya habíamos tenido una conversación al respecto hace cuatro años cuando Crix y yo comenzábamos nuestra relación. Myrna me dijo: "Ana, yo sí te acepto, pero sí te pìdo que no te beses delante de los niños porque son muy chiquitos para entenderlo." Por supuesto, he respetado su petición en la medida de lo posible, así que le avisé que nos íbamos a besar para que tomara las medidas que considerara pertinentes.
Myrna mandó a los niños a jugar a otro lado mientras nosotras nos dábamos el dichoso beos. Daniel tiene 6 años y Fernanda casi 8. Yo creo que si Myrna les explicara con naturalidad la relación entre Crix y yo, los niños tomarían como algo normal y no algo de lo que hay que esconderse. Yo recuerdo que cuando yo era pequeña mis abuelas no me dejaban ver los besos en las novelas y por eso me daban más morbo y curiosidad. Ella dice que cuando estén más grandes les va a explicar, yo opino que entre más tiempo pase más difíciles y complicadas serán las explicaciones. En fin, no son mis hijos y no me puedo imponer. Tampoco se me haría justo dejar de verlos por un berrinche sobre cómo educarlos.
Los niños, como era de esperar voltearon a vernos todo lo que pudieron a pesar de los esfuerzos de u madre por evitarlo. Aquí me surgen dudas: ¿Cuánta más gente nos va a aceptar "sí, pero no así"? ¿Qué condiciones nos van a poner el resto de nuestros amigos bugas con sus hijos ahora que todo mundo de nuestra edad se está reproduciendo? ¿Será que yo me debo poner en elo mismo plan y pedirle a todos los heterosexuales que conozco que no se besen delante de mis hijos? ¿Es que acaso yo no tengo el mismo derecho a decir "sí te acepto aunque seas buga, pero no así porque qué asco"? ¿Me tengo que seguir aguantando a que sí me acepten, pero no en la misma mesa? ¿Tengo que seguir aceptando que me comparen con pederastas, asesinos, psicópatas, delincuentes, violadores, criminales, etcétera para que entonces digan "ay, ser lesbiana no es tan malo"? Finalmente, ¿tengo que tolerar que mis hijos crezcan viendo como mandan a jugar lejos a otros niños cada vez que sus madres se atrevan a expresarse el más genuino y auténtico amor?