viernes, junio 18, 2010

Un respiro de la política

Hoy es viernes. Y bueno, las personas que conocen dónde vivimos saben que justo afuera de nuestra casa se instala, todos los viernes sin falta, un mercadito. Los mercaditos son la neta. Encuentras cháchara y media y resulta que después de tres años de estar viviendo aquí, pues los dueños de los puestos te van conociendo. Máxime si los que llaman la atención son un par de demonios que conocieron desde que eran una bolas y los traíamos todo el tiempo en brazos.
La gente del mercadito ha sido testigo de grandes cambios. Y han visto cómo hemos mudado del puesto de bebés al de toddlers.

Diego, el negociante
Todo mundo conoce a Diego y Santiago. Pero el que decide hacer valer las influencias es Diego. Todo el año que estuve en Houston y debido al horario de mi mujer, la abuela se encargó de llevarlo al kinder. Yo no sabía, pero la rutina era que todos los viernes sin falta, salía el negociante a pedir "tantito chicharrón" y claro, la del puesto se lo daba.
Ahora bien, hoy decidí sacarlos a pasear para que no estuvieran enjaulados en la casa. Les ofrecí llevarlos a comprar un taco y ellos iban por todos los puestos anunciando la misión: "Vamos por un taco".
Total, llegamos al puesto de los tacos y Diego pidió una gordita de barbacoa. Yo le pregunté veinte mil veces si estaba seguro de lo que iba a pedir y él dijo que sí. Cuando le sirvieron la gorda de barbacoa casi entra en colapso nervioso: "NOOOOOO, esto no es barbacoaaaaaaa". Y yo, avergonzada por no poder transmitirle cuestiones nacionales tan básicas como los tacos de barbacoa comprendí que mi hijo tiene el concepto de barbacoa como traducción del inglés: barbecue. En fin, agaché la cabeza esperando que nadie notara el aculturamiento de mi vástago y callé sus gritos intercambiando la mentada gorda por un taco de papa con picadillo. Diego, que es un cosmos diferente, me pidió "tantita mostaza" y yo PERO QUÉ CLASE DE HIJO TENGOOOOO!!! TACOS CON MOSTAZA!!!!!! ESTE NIÑO NO ES NORMAL!!! Mientras eso sucedía, Santiago devoraba su respectivo taco sin chistar. Diego consideró prudente desmembrar el taco, comerse primero la tortilla y después el guisado. El taquero me veía estupefacto y no lograba comprender el sacrilegio que estaba cometiendo Diego. Yo para mis adentros me reprochaba PERO QUÉ CLASE DE MADRE SOY QUE NO HE ENSEÑADO A MI HIJO A COMER TACOS!!!!
De regreso, previo a varias escalas en los puestos de juguetes, llegamos al puesto que está justo afuera de la casa, que es el de los tamales.
Diego vio a la señora y se le quedó viendo fijamente y le dijo "quiero un tamal". La señora divertida le contestó "y de qué lo quieres, güero?", Diego lo pidió de plátano y yo colorada colorada como un tomate de pura vergüenza: primero por lo pedigüeño de mi hijo y luego porque el exótico descendiente mío que piensa que los tamales son de sabores variados. La señora le explicó que de esos no había y que de queso no le iba a dar porque traía rajas. Total, la pugna terminó cuando Diego decidió que uno de pollo para él y otro de carne para Santiago estaba bien. Yo alisté el dinero, dispuesta a pagar. Entonces la señora me dijo que no, que así estaba bien, que era un negocio que había hecho con Diego, no conmigo.

Y bueno, ¿creían que no iba a caber el tamal después del taco? Pues cómo chingados no!!! Entraron, se sentaron en la mesa, repartieron el botín y se devoraron el tamal también.
Ahora reposan el almuerzo viendo Backyardigans mientras su Mamá postea esta breve anécdota para dar un respiro de tanta cosa política en la que hemos andado.

1 comentario:

Euge dijo...

jajajajaja como me he reido!!! este Diego es un caso! jajajaja

Un beso grande