Aquí lo importante no es si Ana y Diego y Santiago en algún momento van a poder entrar en este país, ni el optimismo, ni las posibilidades, ni siquiera si yo me regreso o no, sino el estado emocional puro y llano que me provoca leer desde la distancia cada una de las chingaderas por las cuales sigue pasando mi familia.
En otras palabras, por qué a mí?
Por qué a mí me tocó la suerte del mundo y pude sacar mi pasaporte y mi visa sin más esfuerzo que ir a pedirlo y pagarlo.
Por qué a mí me tocó la suerte de encontrarme en este mundo con Amira que me aconsejó cómo cuándo y por qué.
Por qué a mí me tocó sufrir un extraño congelamiento de mi cuenta bancaria de donde salió cada peso para cada uno de los trámites que hicieron posible que ahora esté acá.
Por qué yo estoy viviendo en un departamento con dos personas más, sí, pero sin perros, sin un suegro extravagante que truena la instalación eléctrica y de paso los electrodomésticos.
Por qué estoy acá bañándome con agua caliente y en regadera.
Por qué yo sí tengo internet y si quisiera teléfono y cable.
No sé, no entiendo por qué mis hijos ya no van al kinder y se pasan todo el día viendo la tele con su abuela porque su Mami tiene que seguir la vida y su Mamá simplemente ya se fue de viaje. Y mientras tanto yo acá, leyendo y perdiendo el tiempo en youtube (que para eso no hace falta estar en otro país) pensando si de verdad el esfuerzo, la distancia, la ausencia van a valer realmente la pena, van a compensar estos días en que mis hijos tienen dos años y están empezando a hablar y comprender el mundo y todo eso me obliga a replantear todo el concepto de maternidad y de familia.
Y en realidad, no lo digo tanto por mí, no lo digo porque YO tenga derecho a verlos, sino porque ellos, Diego y Santiago, tienen derecho a MÍ, es decir, tienen derecho a que YO los mantenga y los provea y los vista y les dé de comer y los traiga a este lugar donde ahora vivo para que aprendan, experimenten, vivan, se sientan queridos e incluidos en este plan, en esta vida que es la de su madre, por el simple hecho de que soy su Mamá, que soy una de las personas que influyó para que ellos estén vivos y habitando este mundo, que sepan que si su Mami falta tienen una Mamá y después tendrán al resto del mundo, porque eso es lo que realmente necesita saber el ser humano, que tiene una, dos, tres, mil personas que genuinamente van a ver por uno y lo van a querer y lo van a cuidar. Así se supone que es la evolución de la civilización, no? Preocuparnos el uno por el otro, volvernos más amorosos, cooperativos, y aunque sistemas de gobierno y de religión nos lo quieren garantizar no nos basta, a Diego y a Santiago no les está bastando porque todo lo que yo les puedo dar no puedo, o sí puedo, pero no me lo permiten.
Miren, el tema de la maternidad y paternidad y matrimonio es muy discutible. Vamos a ver las cosas así. Santiago es hijo mío, es biológicamente hijo mío, pero como las leyes que nos rigen otorgan la maternidad a la mujer que da a luz ese hijo es de Ana. Ok, pero ese hijo es mío. Mi intención no es recalcarlo con afanes de legitimidad biológica, sino para mostrar el aparato jurídico. Si la reproducción asistida estuviera legislada, otro gallo nos cantaría, pero como no lo está es un universo inexistente. Claro que tampoco estoy sugiriendo que se regule y legisle porque entonces podría ocurrir lo que sucede en España, pero bueno. Prosigamos a otro punto. Si las relaciones entre personas del mismo sexo estuvieran LEGALMENTE equiparadas a las heterosexuales tendríamos la siguiente situación:
1. Si Ana y yo estuviéramos casadas, míos o no (es decir, por medio de reproducción asistida o por obra del espíritu santo), se da por sentado que todo hijo nacido bajo esa unión es TAMBIÉN mi responsabilidad.
2. Si Ana y yo no estuviéramos casadas pero viviéramos juntas nos podría proteger en cualquier caso la figura del concubinato.
Pero en el estado actual de las cosas NADA de eso nos enmarca, así que yo acá, ellos allá y nada más con su Mami da exactamene lo mismo que si Ana los hubiera tenido sola. Porque vamos a ver, y nada más hablando hipotéticamente, si esto no fuera un viaje, si esto fuera una separación, un "divorcio". No tendrían derecho ELLOS a que yo siga actuando como lo que soy, como SU madre, es decir, nuevamente, que se beneficien de mí, de la vida que me está tocando vivir, del sueldo, de las posibilidades, de los viajes, de la gente, de los libros, de las casas, de los coches, de la ropa, de las personas, de mi cariño, de mi cuidado, de mi sentido del humor, de mi carácter, de mi vida que es mía pero en la cual ellos están inscritos??????? Y cuál es la razón??? Que ellos fueron concebidos como un proyecto de pareja, de familia, en el cual tengo toda la autoridad moral para intervenir pero en el cual no tengo ni obligación ni beneficio legal.
Yo sé que la vida da vuelcos inesperados, sé que tal vez dentro de 80 días ellos estarán acá conmigo, o no sé, nada está escrito, pero esta situación me hace pensar muchas cosas, me hace reflexionar que no vamos ni en la mitad de la lucha... es más, no se ha terminado de definir cuál es en verdad la lucha.

