viernes, septiembre 25, 2009

So long, farewell, good bye, adiós...

Despedidas.
Es un tema triste, este, el de las despedidas. Y por triste, se entiende tristísismo: "me-voy-a-cortar-las-venas-con-galletas-de-animalitos-o-cuchara-de-palo" de tan trsite que es. Hay veces, muchas, en que tiene una que decir adiós. Así, ya ves, "lo que no fue no será". "Es mejor decir adiós". "Te quiero con el alma, te juro que te adoro y en nombre de este amor, y por tu bien, te digo adiós". And so on.. Pero este no es un post musical, así que tendrás que imaginarte las canciones, porque hoy no voy a pegar videos.
Hay muchos tipos de despedidas, la mayoría de las veces sólo son hastaluegos en los que queda la esperanza de un reencuentro. Aún así, nos quedan en la vida muchos adioses permanentes. Como sea, creo que es muy importante poder decir adiós: enunciarlo, avisarlo, participarlo, terminarlo, asimilarlo, entenderlo, finalizarlo y aceptarlo.
Las despedidas se ven venir. Se van sientiendo, se cuajan en el ambiente, se perciben. Algo en el aire se llena de un aroma a adiós-ya-se-acabó-y-aguántate-y-hazle-como-puedas-si-te-gusta-o-no. Así como al caer la noche se adivina hasta-mañana o antes de un viaje el te-veo-pronto. Todos los principios vienen avisando sus finales. Y creo que todo en la vida tiene fecha de caducidad. Así pues, insisto, los finales se ven venir.
Crix y yo tenemos, lo que considero, una sana costumbre. Es una pequeña tontería, que nos hace muy felices, basada en una película que tuvimos a bien ver hace casi 9 años. Es un rito que se ha convertido en parte de nuestra mitología personal, esas cosas que una hace sólo porque se vuelven especiales porque las compartes con amor: "nunca te vayas sin decir te quiero".
Ni la Vida (a la cuál respeto mucho, aunque nos retamos mutua y constantemente), ni el Universo, ni la madre naturaleza, ni el padre tiempo, ni las diosas, las hadas, las musas, las brujas, los dioses mayas y aztecas, los dioses nórdicos y los greco-romanos desde lo alto del olimpo, ni el dios judeo-cristiano uno y todo a la vez, ni si quiera Mahoma, Budha, el ying y el yang, la Fuerza, el feng-shui, el chop-suey, los ángeles, los chakras, los cristales, el kundalini o el yoni quieran nunca que algo le pase a mi crix hermosa y toco madera. Nunca, nunca, nunca, NUNCA. Pero por si las dudas, nunca nos vamos sin decir te quiero, porque una nunca sabe....
Y entonces viene una anécdota ilustradora: Había una vez, en pleno desenfreno y desgarriate emocional pre-me-vuelvo-lesbiana-y-salgo-del-clóset, agarré mis chivas, o más bien a mi perro y me largué al DF. El día en que me iba, venía subiendo las escaleras de la casa de Colinas, el primo de la discordia por delante y Myrna (la mejor amiga nominal) por detrás. Me llegó un mensaje al celular, era de Gloria Santos (no relation con la coprotagonista de la anécdota) y decía: "dice Crix que no te puedes ir así". Yo grité enojadísima "bueno y esta quién se cree que es para decirme lo que yo puedo hacer o no?" Obvio allí hubo la discusión sobre la conveniencia o no de mi relación con esa mala mujer terrible y manipuladora que me consideraba pollita de su corral. Al día siguiente llegué al DF y chequé mi correo electrónico. Allí me encontré un mail de Crix: "Anita, te quiero mucho, Nunca te vayas sin decir te quiero". Entonces lo entendí. Crix había hecho lo más romántico de nuestras vidas hasta entonces, movió cielo, mar y tierra para encontrar a alguien en Mty, con saldo que me pudiera envíar su mensaje desde Las Cruces, NM. ¡Claro! No me podía ir así, debía haberle dicho que la quería antes de emprender el viaje.
Esa fue una de tantas. Siempre, así se vaya ella o me vaya yo. Aunque estemos a distancia y vayamos a reunirnos, antes de emprender cualquier camino nos decimos "te quiero".
Y yo se lo agardezco infinitamente, porque tengo un serio issue con las despedidas. Haciendo un recuento, hay tantas personas en mi vida que me han dejado y abandonado sin decir adiós. Tantas personas de las que no me pude despedir como corresponde, a las que no les pude decir adiós como es debido. Tantas despedidas incompletas, círculos sin cerrase, heridas abiertas. Amores, incluso amistades y parientes que se van sin oportunidad de un último adiós.
Parece que hay un patrón conmigo aquí. Por alguna extraña razón yo no sé decir adiós. De mis 15 (y solo digo 15 por decir un buen número) no me he despedido de ninguno, simplemente un día se van, o me voy y nos enteramos que se acabó por mail, por mensaje, por teléfono o porque es obvio en mitad de la distancia. Y no hablo de la distancia física que esa es fácil de salvar con amor y dedicación, hablo de la distancia emocional que esa ni con mensajitos diarios a huevo se completa.
Y por eso decía, yo no se decir adioses, sólo hastaluegos, pero cuando estos se extienden me quedo en la incertidumbre y desconsuelo de no haber tenido la oportunidad de una despedida formal. Creo que por eso tengo apego a canciones como la de "¿Por qué te vas?" porque asumo que "las promesas de tu amor se irán contigo"...
La primera despedida de mi vida fue cuando tenía menos de tres años y todavía la recuerdo. Nos vinimos de LaPaz a Mty y nunca más volví a ver a mi amiguita Liliana a la que yo adoraba. Es como si hoy separásemos a Manuelito de Sampi y Diego sin explicación alguna. Sufrí horrores. Luego a los seis años, mi vecinita del alma se mudó y nunca la volvía ver. Fue desgarrador. A los 9 años mi otra amiga decidió juntarse con las más grandes y me dejó de hablar. A los doce, mi tía-amiga, se hartó de mi y aúnado a que reprobó el curso, no em volvió a dirigir la palabra. A los 15, otra de tantas me tachó de bruja y no se volvió a juntar conmigo. A los 18, era yo tan aprehensiva que era stalker de mis amistades. A esa edad también nos enterró mi tía a mí, a mi padre y a la mitad de la familia. A los 21 me volteaban la cara mis primas. Y se le ocurrió a mi abuelas morirse con 5 meses de diferencia, sin consideración alguna por mis sentimientos, Está por demás decir que todavía no se los perdono y espero que en castigo sigan penando sus almas por el abandono del que me hicieron víctima. A los 23 enviudé. Y ahora, aunque asumo que las cosas no pueden ser como una quiere, me dan pánico las despedidas. Ah y soy maniaco depresiva I, o sea ciclotímica.
Hoy, a las 8:15, me llegó mensaje de Crix: "Goey, voy saliendo" y de ratito "te quiero un chingo, weey!" Quizás no sean los más románticos de los mensajes, pero para mí los son todo. Me hacen la diferencia.
Mi muerto y yo (o sea, ése del que enviudé) nunca llegamos a tener esa "última" conversación donde das por finiquitado cualquier asunto pendiente y regresas las cositas y te das el último beso y esas cursiladas a las que Hollywood la vuelve a una adicta. No, por el contrario, por medio de un comunicólogo, hay no perdón, un ingeniero, de esos que hay tantos en mi vida, me llegó mi osito de peluche y creo que hasta una tanga de hilo... Las cosas que hace una cuando intenta salvar las distancias... Qué pudor... el que debería de darme, pero no me da.
Y así va una terminando con la gente, y de pronto te llega una llamada y luego ya no. O te llega un mail y leugo ya no. O te llega una postal y luego ya no. Y luego ya no. Y luego ya no. Y después tampoco. Y las cosas se acaban.
¿Será Hollywood? ¿O seré yo, que vengo mal programada? ¿O qué será? Porque yo pienso, cuando alguien tiene la decencia de invitarte al arbolito a comer y darte un ramo de rosas amarillas que en realidad son margaritas para preguntarte "¿quieres andar conmigo?", lo mínimo decente a esperar sería una invitación aunque sea al cutre vips y con osito de peluche y tanga de hilo de por medio decir "¿te parece si lo damos oficialmente por terminado el día de hoy?" Es que es tan reconfortante para una obsesivo compulsiva tener una fecha de corte. O si alguien tiene la decencia de "invitarte a salir" un día mientras pasean al Perro, ¿no debería al menos avisarte que ya dejaron de salir en lugar de encontrártelo estudiando con otra en una biblioteca? O si tuvieron la decencia de dedicarte horas y horas de tal y cual medio comunicativo, ¿no deberían dedicarte al menos igual número de horas para desandarte el camino andado? O si te invitan al punto y aparte y te roban un beso, no deberían de perdis llevarte al Tito's y avisarte que te puedes quedar con los demás besos que no el darás.
¿No debería la gente tener la decencia de enterrar el futuro que están matando? O como siempre yo soy la melodramática y las cosas no funcionan ni pueden funcionar así.
En fin, que hay veces que una quisiera no tener que bloquear a las personas de su messenger, correo electrónico y cambiar el chip de su celular, pero en ocasiones no queda de otra. Y si las despedidas no son lo de todo mundo, ni lo mío tampoco, pues bueno, no queda de otra que verse en las circunstancias más neutras posibles y actuar como que aquí nada pasó y que ya nada queda y ya nada pasa y asumir que lo bueno de todo es que con el tiempo una deja de mandar ositos de peluche y tangas de hilo. Aunque termina una por guardar todas y cada una de las conversaciones y contarle todo todo todo a quien más confianza le tiene... ¿Les conté de la confianza que le tengo yo a Manuelito?
Así pues, como me gustaría a veces poder haber dedicado canciones como las de mi último post, pero ni cómo hacerle. Si las amigas que se fueron se fueron, y los amigos que se fueron se fueron, y los amores que se fueron ni se enteraron cuando se fueron, y hasta los parientes terminan por demandarla a una, pues una se hace como que más fuerte. Y por eso aunque no me oígan yo a todos ustedes, las y los que se fueron sin decir adiós les "dedico esta ranchera por ser el último adiós!"
Qué trsites son las despedidas, ¿no les pasa a ustedes? Lo bueno que hoy llega Crix a Monterrey y mañana creo que psotearé sobre reencuentros :)

jueves, septiembre 24, 2009

Corazón Vernáculo II

Un amigo mío muy querido, David, anda en una crisis de la edad media, bueno, no es cierto, eso digo yo por payasa, pero luego capaz se ofende. Ahora le ha dado por hacer el soundtrack de su vida y yo le conté que yo tenía muchas canciones que me recordaban gente. Él me respondió que no se trata de eso, sino que son canciones suyas, que le recuerdan sólo a él. Y me pareció muy interesante el concepto. Yo también tengo canciones mías. Y tengo manías con las canciones. Como coleccionarlas.

En fin, que sigo con mi corazón vernáculo y ahora escuché unas canciones buenísimas en la radio. Otra vez la Banda 93.3 la radio que suena! ja ja ja Chiquita Mamá ya necesito conseguir un ipod y conseguirme una mejor selección musical. En fin, whatever...

El caso es que bueno, yo tengo un hobby, algo así como coleccionar canciones para cuando se ocupen, aunque, a decir verdad, en realidad no es que siempre se ofrezcan, pero tengo una debilidad por las canciones ardidas. De hecho, mi hobby por canciones ardidas se remonta tan atrás que las amigas en el DF creían que Crix era mi novia imaginaria. La cosa fue así:

Crix estaba en Las Cruces, New Mexico, y yo en el DF y nadie la había visto en la vida por aquélla ciudad. Ya desde entonces nos gustaba esto de las relaciones a distancia. De hecho lo teníamos asumido porque nuestras cartas astrales nos lo habían vaticinado con mucha antelación. Y entonces yo salía con las amigas por allá. Entre ellas Marlene, cosita bella ella que la extraño mil, pero no creo que vaya a leer el blog y enterarse. El caso es que nos daba por ir al Tito's (un antro de mala muerte) y a un billarcillo en los domingos lésbicos de la "Nueva Generación de Jóvenes Lesbianas," ya saben, cuando yo todavía era joven según el IMJUVE. Y bueno, en el billar a veces había karaoke. Y yo me ponía a cantar la más ardida de todas las canciones posibles: "Qué ganas de no verte nunca más" de la D'alessio. Y nadie podía creer que se la dedicara yo a Monterrey desde el fondo de mi alma. Y por eso pensaban que alguien que cantaba canciones tan ardidas con tanto sentimiento debía de andar soltera y sin amores y no empezando de noviecita con una mujer a la distancia. Pero ya ven, desde entonces tenía yo este hobby loco de coleccionar canciones para cuando se ocupen.

El caso es que hoy vengo con otras tres canciones. Súper ardidas, de esas que están de lujo y ora sí bien vernáculas. Escuché dos hoy en la Banda 93.3 y la tercera es la de la D'alessio, no más por no dejar...













Las sigo guardando, por si se ofrecen, aunque lo bueno es que con una belleza de mujer como la mía lo cierto es que nunca se van a ofrecer, así que las seguiré guardando, sólo porque estoy reloca y me ancantan las canciones ardidas.

Ah y por si todavía quedan dudas:
vernáculo, la.
(Del title="latín, latino o latina">lat. vernacŭlus).
1. adj. Dicho especialmente del idioma o lengua: Doméstico, nativo, de nuestra casa o país.
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sábado, septiembre 19, 2009

Corazón Vernáculo

Hay días que me pongo vernácula y churrigueresca, lo cual, mis buenos entendedores, sabrán que de plano significa que me pongo típica y muy mexicanamente "naca". En fin, que me pongo a escuchar esa estación de cumbias, bandas, reguetones, salsas, viejitas setenteras y malos, más bien pésimos chistes sexistas, heterodominantes y homofóbicos: la Banda 93.3. Me reanima un poco y me permite mover el esqueleto, el cual sigue pesando lo mismo, pero al cual se le ha ido pegando más músculo y ha dejado escurrir un poquito de grasita, no mucha, la música barata y popular tampoco hace milagros. Sí he bajado un poquitín de peso, ya me preguntaron en mi trabajo si mi hobby es vomitar después de comer, obvio no, con la crisis una no está para desperdiciar comida, la dieta es dar de comer a los hijos y ver qué sobra después, nunca falla! En fin, que me desvío...
El caso es que hay días que amanezco más vernácula que otros y me pongo a escuchar la 93.3, porque el AW decide enlazarse con las noticias de multimedios y me suspenden el concierto de música viejita de Rafael, Julio Iglesias, José José y Rocío Jurado a la cuál soy semiadicta. Me la paso escuchando música romántica y lo que sea que haya existido antes de que el pop se volviera pop y se convirtiera en el mainstream musical. Lo simpático es que yo no hubiera esperado encontrarme en la estación de cumbias canciones clásicas como la de Jeanette de "Por qué te vas?" y sin embargo, ahi estaba como esperándome.
Aceptémoslo, por muchos 100mgs de Lamotrigina al día que me tome sigo más deprimida que una cuenca, pero no importa, soy disciplinada en las cosas que me importan así que sigo haciendo sin falta mis 20 minutos de ejercicio al día (con 100 sentadillas incluidas) que me permitan producir suficientes "hormonas de la felicidad" en condiciones de memoria normales recordaría cuáles son las cositas que se generan en el cerebro, y las personas que platican conmigo saben que sí sé cómo se llaman (las sustancias liberadas y también las personas!), pero ahora mismo todo se me escapa de la memoria y le volveré a echar la culpa al estrés. Así pues, tras esta run-on sentence, estábamos por aceptar que ando depre, pero con mucho ánimo de reponerme, aunque lo último no viene al caso con la música ni el tema de hoy.
El caso es que cuando ando deprosa, me da por buscar paliativos, porque tampoco es caso tirarse a llorar sin un propósito en la vida, hasta para llorar hay que tener un propósito. El mío es inspirarme. Y bueno, me inspiro con el radio y la radio. Y luego pasa que cuando una tiene 30 años pues ya no es la primera vez que se avienta una sobre la cubrecama mullida, con kleenex a la derecha, dulces a la izquierda, el radio encendido sobre la cómoda, media luz, el rimel corrido y la puerta cerrada contra hijos y otros intrusos. Cuando una tiene 30, es que al menos ya ha pasado por 15 años de experiencia en depresiones más o menos intermitentes. Claro, no todo mundo habla de esto y cuando se habla hay quienes lo hacen con más gracia que otras. Creo que yo soy de las otras, pero por eso sí que no me voy a deprimir, que hay cosas más importantes en la vida para hacerlo.
Y sí, entre los paliativos queda entonces la música barata para viajar por los recuerdos. Y hasta aprende una a valorar filosofías tan entrincadas como las de Arjona y Carlos Cuauhtémoc Sánchez. La verdad sería mucha falta de humildad de mi parte no admitir que de TODO mundo puede una aprender algo en la vida, hasta de provida a veces, pero es no lo voy a discutir hoy, ni les voy a contar qué aprendí el fin pasado en el stand de provida en expoayuda. Así pues, cuando me pongo sublime, y me da por apreciar la sabiduría popular escondida tras el autor de grandes obras poéticas como "dime que no" y me da por entender que el gurú Sánchez podría tener algún punto de luz frente a sus ojos (cosa del glaucoma, nada más), me pongo a pensar en las palabras de éste último (no, las del vocho usado no), esas que decían más o menos una idea como esta (que aunque entrecomille no es cita textual): "lo malo de no llegar virgen al matrimonio es que en la cama te acompañan las sobras de todos tus examantes".
A decir verdad, a mi en la cama sólo me acompaña quien me tenga que acompañar en su momento, suficientemente pervert me parecía ya Freud con mis padres y abuelos y árbol genealógico en la cama y hasta mis suegros y demás (la cama de Sampi y Diego se va a poner hot con las mamás lesbianas!!!), como para a toda esa orgía meterle a mis 15 amantes (15 es un buen número, más mítico y ficticio que otra cosa, pero suena tan lindo). Lo que sí, es que aunque durante el sexo no me acuerde ni de mi nombre, cuando sí me acuerdo es cuando ando depre.
Y volvemos a mi corazón vernáculo y churrigueresco. Como soy de por sí barroca mi corazón parece altar chic, de esos con flores de plástico, foquitos, lentejuelas, alfileres, cristos, santos, estampitas, fotos, vasos de agua, veladoras, encaje, peluche, guirnaldas de escarcha y fieltro con tercipelo en la base. Por lo tanto, es de entenderse que un corazón tan sobrecargado esté lleno de recuerditos que se niegan a dejarlo y a la hora de llorar saco el baúl de los recuerdos y vuelvo a llorar por todo. Entonces la música viejita sirve como detergente para lavar las penas, pero no más lavarlas y dejarlas como nuevas porque las muy canijas nunca se desgastan y son reterendidoras, y a parte recompartidas, porque las penas nunca se ponen celosas de las nuevas penas con las que hay que compartir las lágrimas.
Total, que ahora que me pongo a escuchar todo el día canciones como la del reloj que no debe de marcar las horas porque la vida del sujeto en cuestión se va a acabar porque ella se irá para nunca volver y etcétera, o como la de la chica que se va a quedar junto a la estación llorando igual que un niño porque todas las promesas de amor que le juraron se irán con la persona que la deja, no puedo sino acordarme de todas las veces que me sentí así. Cuando yo tenía 20 años juraba y perjuraba que cuando le dedicabas una canción a una persona era para siempre, ahora me doy cuenta de que la canción es para una misma, no para la otra persona, así que el sentimiento refleja el alma de quién la escucha. Una persona que quiero me dijo hace poco que las canciones así son, a veces te recuerdan a más de una persona. Crix y yo tuvimos hace poco una plática en la que nos apenábamos de darnos cuenta de que las mismas canciones nos recordaban a más de una persona.
En fin, que me encanta llorar, y me encanta escuchar el radio y encontrar canciones con las cuáles llorar y me encanta acordarme de las personas por las cuales lloraba antes y que ya no tengo necesidad de llorar y me gusta saber que están bien y que les va bien en la vida. Y me gustaría a veces poder decirles cosas como que no lloro, nomás me acuerdo, no porque quiera volver a ese lugar, sino porque fue tan intenso lo que vivimos que quedará como una marca indeleble que ni todas las canciones del mundo podrán borrar. Y es lo bonito de estar con alguien que entiende que su mujer está reloca, porque cualquier persona normal diría: "a ver si entendí, me estás diciendo que lloras por tus exes y tu mujer no se altera ni muere de celos?" No, no y no. Seguro no entiendes, porque entenderme es súper complicado. No lloro por mis exes, lloro por lo que lloré cuando lloraba entonces. Y no, mi mujer es muy inteligente como para ser celosa.
Así pues voy a poner tres canciones a ver si cada cuál adivina cuál es (era) la suya. ;)


Y bueno se que será de mal gusto no poner las mejores versiones, pero la compu en la que estoy me dice: "Hola, tienes JavaScript desactivado o una versión antigua de Adobe Flash Player. Consigue la última versión de Flash Player. ", así que estoy adivinando un poco...

Saludos y felices estancias en cualquier parte del mundo que visiten cuando me lean. :)

jueves, septiembre 17, 2009

Última conversación con Santiago

Esta anécdota es solo una anécdota de la vida cotidiana.
Hace unos días llamé a Monterrey para hablar con Ana y a mitad de la conversación tuvo que dejarme esperando porque una trifulca entre Diego y Santiago se suscitó. Después de las negociaciones, Ana les preguntó si querían hablar conmigo y Diego no quiso porque estaba enojado porque ya quería irse al cuarto a dormir. Pero Sampi sí quiso. Y así sucedió la conversación:
Sampi: Meno
Mamá: Hola, Sampi, cómo estás?
Sampi: Hola... Bie
(Mami: Cuéntale que fuiste con el Tío Manuel)
Mamá: ¿Fuiste con el Tío Manuel?
Sampi: Ti
(Mami: Cuéntale que abrieron el refrigerador)
Mamá: ¿Jugaron con el refrigerador?
Sampi: Sí
Mamá: ¿Y qué sacaron?
Sampi: Sacamos los huevitos
Mamá: ¿Sacaron los huevitos? Pero Sampi, por qué sacaron los huevitos.
Sampi: Poque poque sacamos los huevitos
Mamá: Pero Sampi, los huevitos no son para jugar, son para comer.
Sampi: Nooo, ¿po qué?
Mamá: ¡Pos porque son para comer!
Y he ahí la conversación en donde le traté de explicar a mi hijo que sus investigaciones o sus juegos o como quiera que se le llame a eso de andar explorando en el refrigerador dudo mucho que le hayan parecido chistosas al Tío Manuel. Yo nada más de imaginar que tres gnomos (Manuelito, Diego y Santiago) a punto de cumplir tres años estaban jugando con un cartón de huevos me pone, paradójicamente, la piel de gallina.
En fin, luego de los alegatos de Santiago, Ana le dijo que se despidiera y con un "Mena Noche Mamá" le regresó el teléfono a Ana.
Mi Sampi precioso.

martes, septiembre 08, 2009

Me dice Ana...

El pasado fin de semana estuve de visita en Monterrey y lo primero que me dijo Ana fue: "Diego dice que quiere ver a la mamá de Mamá, a ver si le hablas a tu madre para que se vean". Y yo, efectivamente cogí el teléfono y le marqué: "Dice Diego que quiere ver a la mamá de Mamá" y mi madre se puso de acuerdo conmigo para vernos el lunes por la mañana, antes de mi regreso a Houston.
Una vez en conocido restaurante de comida rápida que tiene una estrella, Diego aprovechó para disipar dudas y se acercó a mi madre: "¿Tú eres la mamá de mi Mamá?" le preguntó y mi madre contestó que sí. Diego siguió en la indagatoria: "¿Tú eres como mi awelita?" y mi madre toda sorprendida me dice: "Mira la deducción que acaba de hacer". Yo me reí y le contesté "a Diego no se le escapa nada". Mi madre le dijO que sí, que básicamente ella era como su abuelita. Y entonces mi madre creyó prudente aclararle que la Tía Brenda también era su hija, cosa que Diego no creyó. ¿Cómo, mamá de la Tía Brenda también? Una cosa a la vez, caray.
Pero al parecer Diego quedó conforme, ya la vez pasada había empezado a comprender que yo también tenía madre y que por lo tanto tenía otra abuela a la que veía mucho menos.
Transcurrió el tiempo y mi madre nos llevó de regreso a casa. Los tiagos regresaron emocionadísimos, tanto que no lloraron cuando les dije que ya me iba de viaje. Mi madre me llevó a la central de camiones y quiso esperar a que llegara el autobús rumbo a Nuevo Laredo, y cuando se llegó la hora le dije que regresaba a Monterrey para el 10 y 11 de octubre, que el 11 de octubre haría otra presentación de la novela. Entonces me dice "avísame para ir a las dos cosas, al cumpleaños de los niños y a la presentación".
Estoy empezando por fin a experimentar eso de "los niños terminan por ablandarlos" y, no sé, tal vez, una redefinición en la manera en que mis padres y yo llevamos esta tan accidentada relación familiar.
Mucho tienen que ver los hijos.