jueves, abril 09, 2009

Lo que me enseñó Rudo y Cursi

No es novedad. Es más, no era un secreto. La idea central de la película Rudo y Cursi es mostrarle al espectador que el fútbol funciona como metáfora de la vida. Y como ésa es la intención, me voy a valer de este tropo literario para explicar más o menos de qué se trata esto de la maternidad/paternidad ejercida fuera del discurso dominante y la normal social.
Creo que sería muy interesante lograr una distancia entre lo que conocemos e implicamos ahora cuando decimos que somos madres o padres y de lo que en épocas pasadas concebíamos como tal. Es más, no nos vayamos lejos. ¿Estamos de verdad segur@s de que en otra parte del mundo ser padre o madre significa esta cosa de formar una familia feliz, con papá, mamá y niños blindados contra el bullying nada más porque tienen dos padres heterosexuales?
Tal vez ustedes dirán: Ok, en tal época la familia significaba tal cosa y en alguna tribu africana las cosas se hacen muy diferentes, pero YO y mi pareja y mis hijos vivimos aquí y queramos o no tenemos que convivir con y en una sociedad donde ya están dadas las reglas del juego.
PRECISAMENTE.
De lo que se trata todo este asunto es de definir las reglas del juego y esa, tal vez, es la lucha de los colectivos LGBT. En el caso de la maternidad y la paternidad, aquellos gays y lesbianas que hemos optado por ejercerla estamos en una lucha constante porque las cosas en nuestro entorno cambien. Por el momento, una de las alternativas que existen es apostar por el pleno ejercicio del Estado laico, es decir, que como cualquier ciudadano de este maravilloso país, gocemos de un marco legal y jurídico donde nuestras parejas e hijos estén protegidos. Y que la religión, de donde provienen numerosos ataques y juicios de valor, se mantenga en el ámbito de lo privado.

Así pues, vamos a ver las cosas como si fuera un partido de fútbol.

Hay que ir a la bola, señoras... y señores
Si nuestros hijos se van a traumar, si Diosito nos va a castigar, si las maestras y los compañeritos los van a discriminar, ¿qué tiene que ver con el hecho de que YA existen? Nuestras familias ya están formadas, constituidas, reconstruidas, establecidas, eso ya no tiene vuelta de hoja. Lo que, al menos Ana y yo, estamos buscando es una pinche ley que diga: Este par de mujeres tienen un contrato social que estipula que cualquier hijo ya sea adoptado, ya sea concebido por obra del Espíritu Santo o de la reproducción asistida, cualquier hijo nacido en el marco de esta unión es responsabilidad legal, moral y económica de ambas. Así como cualquier patrimonio generado a partir de la unión.
En otras palabras, el asunto no tiene nada que ver con lo que cada quien piense en la intimidad de su casa sobre si los gays y las lesbianas merecemos o no tener descendencia, sino con que DE HECHO, los gays y las lesbianas tienen hijos que en muchas ocasiones quedan excluidos de la ley.

Hay que pararse fuerte en la cancha
No digo que sea fácil, pero tampoco tiene que ser imposible. La cuestión aquí es reconocer el terreno donde las madres lesbianas y los padres gay y transgénero estamos pisando. No podemos seguir permitiendo que nos intimiden comentarios como "van a sufrir", "denles la oportunidad de vivir una vida normal", "
¿a poco querrían que resultaran gays?" y una larga lista de preguntas salidas desde las entrañas más homofóbicas y lesbofóbicas fomentada, en gran parte por las iglesias.
En primer lugar no podemos saber si van a sufrir o no. Porque nadie sabe cómo se va a tomar la vida el niño,
¿verdad? Hay niños hijos de padres heterosexuales que igualmente sufren y no veo, de verdad no veo a sus padres pensando en "hay que cuidarnos, porque si tenemos un niños tal vez vaya a sufrir".
En segundo lugar quién define lo que es una vida normal. Levantarse, hacer pipí, tomar el desayuno, ir a la escuela, jugar... no veo cómo el hecho de tener dos mamás afecta la rutina de un niño.
¿O en qué clase de carnaval perpetuo imagina la gente que vive una familia LGBT? Los seres humanos somos buenos, malos, defectuosos, amorosos, amables porque así nos han educado, pero es difícil alcanzar la perfección y el virtuosismo. Y NADA de eso, la verdad, nada de eso tiene que ver con que uno prefiera irse a la cama con un hombre, con una mujer o con los dos, porque el ejercicio de la sexualidad es uno de los componente de la vida del humano.

¿Y en tercerro Y QUÉ TENDRÍA DE MALO que resultara gay o lesbiana? Sería como admitir nuestra homofobia o lesbofobia interna. El sufrimiento la mayor parte del tiempo se origina por una falta de comunicación, porque ya tenemos como humanidad mucho tiempo de no estarnos entendiendo y entre nuestros malentendidos pensamos que la mayoría es superior, es decir, pensamos que el hecho de ser heterosexual es mejor que ser gay o lesbiana. No sé si me explico. Nunca vamos a ser mayoría, pero tampoco NUNCA vamos a dejar de existir. Y es hora de parar el sufrimiento mediante la comprensión, mediante el entendimiento entre unos y otros.
Si Diego y Santiago van a sufrir discriminación o burlas porque tiene dos mamás, no va a hacer por el infinito amor que sus mamás les tienen sino por la infinita intolerancia y falta de respeto de aquellos que no están educando a sus hijos para respetar las diferencias y las preferencias de otras personas. Y también será porque les están enseñando a que eso debe ser visto como malo. Si los padres de uno le dicen a uno que es malo ser chilango, entonces el niño chilango fuera del DF va a sufrir en la escuela por la burla desencarnada que algunos niños tienden a hacer y que algunos adultos tienden a solapar. Y vamos a ver,
¿realmente el problema se evitaría si registramos al niño en otro estado?,¿eso significaría que lo mejor para el niño es no decir que es chilango?, ¿eso significa que los chilangos deben abstenerse de reproducirse nada más porque su hijo "va a sufrir" en la escuela si se cambian de estado? Lo mismo con los hijos de madres lesbianas y padres gays. La solución no está en NO tenerlos, sino en aprender a respetarlos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Wow...que manera tan clara y precisa de hablar sobre maternidad lésbica,esto es lo que muchas queriamos escuchar,diste en el punto perfecto,felicidades que buen post como muchos otros,aca entre nos deberian escribir las dos un libro sobre maternindad lésbica..porque de esto hace falta mucho!!! en fin,un abrazo para los cuatro!!!

Pris

Tato Berres dijo...

Cris, yo estoy también molesta. En las sociedades, el miedo a lo diferente es lo que se enseña. Como si hubiera una supervivencia en peligro. Y así los que hablen una lengua diferente (otomí, náhuatl), los que no tengan papeles, los que tengan un impedimento físico, los que no puedan hablar (animales no-humanos), los que deciden no tener hijos, los que deciden tenerlos en pareja homosexual... y un largo enfin.
El miedo no nos deja movernos a una sociedad más inclusiva y nos impide protegernos de nosotros mismo. Porque si no es por un lado, es por otro: todos somos suceptibles de pasar, en algún momento, como "el diferente".

Ana de Alejandro dijo...

Lo irónico es la gente que dice "pero es que es injusto porque los van a discriminar!" Y simplemente no hay como responder "sí los va a discriminar gente como tu que le tiene miedo a lo que no conoce!"
Dan unas ganas de estrangular gente!!! Y me contuve de usar palabras altisonantes!

Su i Nu dijo...

eso de "pobrecito lo van a discriminar" fue lo que un día me dijo mi madre, la pobre tiene una mentalidad demasiado católica. Pero ya se le va pasando, nos ve fuertes, con ganas y mucho amor. Eso es lo único que hace falta.
Besitos, un post genial

Núria y Luisa dijo...

Cuando en España estábamos en ese momento en el que estaba a punto de aprobarse la ley que nos iba a permitir casarnos y adoptar a nuestros hijos, la derecha y la iglesia trataban de generar una catarsis social (a pesar de la apabullante mayoría de la sociedad a favor de nuestros derechos) lanzando ese tipo de mensajes de los que hablas en tu post.

Según ellos, los únicos que velaban por la familia y los derechos de los niños, no podían permitir que se aprobara el derecho a la adopción.

Desde los colectivos aprovechamos ese discurso dándole la vuelta, nuestra respuesta era clara y contundente, nosotros también estamos a favor de la familia, la familia diversa, la familia que cada cual elija desde su libertad. Y los derechos de nuestros niños. Quién iba a defender mejor que nosotros los derechos de nuestros niños? Pero no eran niños que iban a llegar, sino los niños que ya existían en nuestra sociedad, sin derechos, desprotegidos, .... Aquello fue calando y se volvió en su contra.

Organizaron una manifestación multitudinaria bajo el lema La familia importa. Unos días más tarde, en la manifestación del orgullo nosotros salíamos con pancartas, La familia importa, las nuestras también.

El discurso de la exclusión, la intolerancia y la discriminación.

Las personas como vosotras, en vuestro país, en el nuestro, y en cualquier lugar, sois un ejemplo de valentía.

encantada dijo...

Un post buenísimo. Me ha gustado sobre todo la idea de que nuestros hijos, si sufren, sufrirán precisamente a causa de la gente que dice que no debemos tenerlos, a causa de la gente que nos previene de que van a sufrir. Que sufran o no apenas está en nuestras manos, sino en las de las personas que dicen protegerles y se preparan para hacerles sufrir.