viernes, julio 04, 2008

Por estos (aquellos) rumbos parte IV

Bueno, esta tiene que ser ya la última entrega de esta dilatada crónica porque esta noche pasan cosas que también les quiero relatar.
Bueno, pues me quedé en que fui a visitar a Karina, y allí me la pasé muy padrísimo en su departamentito nuevo, para mí, porque ellas ya llevan viviendo allí varios meses. Qué lástima que ya no estamos nosotras en el DF ahora que ellas decidieron mudarse a la civilización de la capital. Total que al llegar a su casa, fue llegar a un oasis de izquierda real en medio de una izquierda de fantasía. ¡¿Cómo explicarlo?! Su casa está decorada a la más genuina usanza mexicanista, con todo y zarape colgado en la pared. En su micro salita hay fotos de su hija junto a una de Yan María Castro encapuchada (son zapatistas, ¡obvio!) Me encanta Ori, la hija de Karina, si algún día tuviera una hija me gustaría que fuera así. Es dulce, tierna, decidida y perfectamente escorpiona. Lo mejor de lo mejor. Tenía otra foto, la que más me impactó (además de la del machete, lo cual me hace pensar en por qué admiro tanto a esas mujeres) fue la de Ori junto a otra niña de su misma edad que en aquel entonces tendría como siete años, con unos carteles. El de Ori decía "por las juventudes en rebelión" y el de la otra niña "por los niños de todo el mundo". Y cuando le pregunté a Karina de dónde era la otra niña me contó que francesa o algo así, claro de algún otro lado en el mundo, porque qué madre mexicana inmiscuye a sus hijos en la conciencia política desde tan pequeños. Mucho menos en la selva lacandona o afuera de las cárceles pidiendo por los presos políticos. Por esos quiero tanto a Ori, por eso admiro a Karina. Y por eso me siento orgullosa de haberle regalado a Ori esa muñequita, Leticia, que fue la que la acompañó en varias de sus aguerridas labores activistas.
Y hablando de muñecas le contaba yo a Karina que quería conseguirle a Santiago y Diego un par de muñecos, pero que fueran anatómicamente correctos para que supieran que eran niños, como ellos. Por aquello de la identificación de género. Y me contó de una tiendita en el Centro Histórico donde se pueden conseguir bebés, niño y niña, con vulva y pene según sea necesario, además bebés de colores. Es decir, morenos o blancos. Me contó que buscó en muchas partes y con gran afán muñecas morenas para Ori y no podía encontrarlas. Y finalmente en esa tienda encontró. Lástima que cuando fui al día siguiente ya habían cerrado.
Nuestra visita fue más bien breve. Como mencioné, me acompañaba mi madre y a ella la pone nerviosa pasar mucho tiempo fuera de casa, pero duró lo suficiente como para entrarle a unas quesadillitas muy ricas (cabe aclarar que sí eran de queso, porque luego en el DF ¡ya no se sabe de qué son las quesadillas!). También vimos las fotos de su boda con Mafer en las que todas las madrinas iban de blanco, que fue oficiada por Yan y que Marlene tuvo la fortuna de ser una de las madrinas. ¡Qué envidia! ¡Yo quería ir!
Nos fuimos, pero nos negamos rotundamente a hacerlo de la forma en que habíamos llegado, así que Karina nos informó de alguna forma más breve de hacerlo usando un micro y luego pasándonos directamente a la línea verde del metro. Los niños se durmieron en el camino, y justo cuando pensé, los niños vienen de naranja, qué tal si les tomo una foto con el metro para hacer una página de scrapbook sobre la ola naranja, ya no se pudieron despertar porque estaban muy cansados. Qué calamidad temática. En fin, llegamos a la casa a comer y descansar porque teníamos invitación esa tarde a ver un evento de danza gay en el trabajo de Marlene.
Marlene que es nuestra muy querida y adorada amiga defeña que ahora ha sido comprada por el sistema (es decir trabaja para el Gobierno del DF) está siempre en la punta de todos los eventos y sucesos, así que me invitó a participar en el evento para que extrañara yo más la ciudad y ver si así nos decidimos a regresarnos y quedarnos a vivir allá.
Pues bueno, Diego no quiso ir, me dijo "pintaaar, mami, bebé, pintaaar". Eso significa, Mami mi primo está aquí (bebé) y quiero pintar con él y tus crayolas que ya descubrí aunque las tenías guardadas (pintaaar). Así que lo dejé a que pintara y su abuela dijo que ella lo cuidaba. Mientras, Santiago y yo emprendimos la retirada, aunque Santiago dudó como por tres segundos y luego dijo "adió, Yeyu" extendió su manita y empezó a bajar la escalera.
Por si quieren saberlo, estos dos ya tienen grandes conversaciones muy prolongadas en las cuales no importa si les entendemos o no, ellos no necesitan intérprete en medio para traducirse sus balbuceos.
La danza gay resultó más amena de lo que yo esperaba y la verdad es que a Santiago le fascinó todo el evento. Estuvo picadísimo en ver bailar a los chicos al frente y aplaudió y bailó él mismo. Creo que ni se enteró de la diferencia con Hi5 porque había tantas plumas y colores que le resultó igualmente divertido. Además tuvo la libertad de correr por todo el edificio de Donceles 94 donde se llevó a cabo el evento y para mejorar las cosas llegó Janice con Gala, su hija de casi 4 años.
Janice es junto con Ema, una de las mamás del Círculo de Familias Diversas del DF, así que yo ni tarda, ni perezosa, propuse un play date para nuestros hijos.
Así pues, fue como el viernes por la mañana, nos fuimos a explorar partes desconocidas del mundo allá por el Metro Colegio Civil para poderlas ir a visitar. Llegamos y nos recibió una casa E*NOR*ME. Y toda convertida en estancia infantil. Bueno, había una salita, eso sí como para que las adultas podamos convivir. Es una casa maravillosa. Santiago y Diego no tardaron nada en sentirse en plena confianza de agarrar TODOS los juguetes de Gala. Y creo que a mí tampoco me costó mucho agarrarles confianza a las muchachas. En menos de un par de horas acabé con su abastecimiento de almendras, nueces y arándanos secos, mientras que mis hijos acabaron con las galletas dulces y saladas. Como la cortesía mexicana indica, me hice del rogar un par de veces, pero antojo siempre puede más que mis buenos modales. ¡Lo siento muchachas!
La verdad fue una mañana muy animada. Estuvimos platicando principalmente de COMALES y el Círculo de Familias Diversas. De nuestras responsabilidades políticas, del activismo lésbico feminista, de nuestras responsabilidades cívicas y públicas como madres lesbianas. Y por supuesto, no pudo faltar mi tema favorito, las diferencias entre México y Monterrey. Disfruté muchísimo mi estancia en su casa, y muero de ganas de visitarlas más seguido ahora que vaya de visita al DF, a ver si ellas no deciden cambiarse de casa jajaja.
Creo que es nuestra responsabilidad hacer lazos entre parejas que viven situaciones similares a la nuestra, porque sólo así seremos una verdadera red de apoyo y agentes de crecimiento entre nosotras.
Por la tarde, tenía la intención de ir al centro a la tienda que me recomendó Karina el día anterior, pero tuve que dejar calmados y asentados a los niños para que cuando mi madre me los cuidara esa noche no estuvieran más alborotados de lo necesario. Uno pensaría, estuvieron pintando, jugando, cantando, corriendo, gritando y divirtiéndose toda la mañana, querrán llegar a tomarse una siesta. Pues no. Decidieron que era hora de llegar a visitar a bebé, su primo Max. Y entonces subieron y allí pasaron el resto de la tarde.
Llegué al centro al cuarto para las siete. Todo estaba ya cerrado. Así que me puse a mandarle recaditos a Marlene, aunque ya me había dicho que casi no tenía saldo y que no quería gastar de más. Me compré varios pins en un puestito y busqué papelerías para la decoración de la carriola al día siguiente. Con engaños Marlene me atrajo hasta su edificio para ir casual casual a un cine debate.
Pues resultó que la película que estaban presentando era "Si las paredes hablaran II" y en la tercera parte se toca el tema de una inseminación en la pareja lésbica. Se acabó la peli y prendieron las luces. Nos invitaron a tomar un pastelito y a sentarnos para platicar. Se paró Marlene frente al público y dio las gracias por participar y que bueno, que esta era la última del ciclo y que va a haber un nuevo ciclo quizá para septiembre. Que muchas gracias de parte de la Secretaria de Igualdad y Diversidad Social y que bueno, quiere presentarles a una amiga. En ese momento caí en cuenta. Me presentó y no me quedó de otra que tomar la palabra... y tanto que me cuesta a mí eso. Nos extendimos casi por hora y media hablando sobre los derechos sexuales y reproductivos de las lesbianas. Sobre nuestra responsabilidad social de hacerle saber al mundo que somos madres, que nuestros hijos existen, que nuestras parejas existen, que merecemos derechos, que necesitamos que la ley nos dé nuestro lugar y reconocimiento. Fue una noche muy reconfortante para mí.
Siento que cada vez que repito esto así sea con las mismas personas, estoy haciendo algo muy grande por Diego y Santiago, les estoy allanando el camino, les quito la mitad de la responsabilidad. Ya no son ellos los que van a tener que defendernos a nosotras por ser lesbianas, somos nosotras las que los apoyamos y defendemos a ellos por ser nuestros hijos. Juntos, los cuatro, vamos a trabajar por nuestra familia y eventualmente mis hijos llevarán orgullosos ¡el apellido que lleve su madre Criseida!
Esa es mi esperanza y ese es el futuro por el que lucho. Me decía Karina el día anterior: "siento que son años y años de lucha infructuosa. No avanzamos, no logramos nada y la gente piensa que sólo es un carnaval y que no hay lucha política. Que no nos importa el petróleo o las comunidades indígenas, que los maestros nos valen madres". Pero no es cierto, estamos en todas partes y por ende todos los problemas sociales nos afectan a todas en una u otra medida. A nosotras las lesbianas también. Y por eso tenemos que dar la cara. Es una responsabilidad.
Al día siguiente vino la marcha. Criseida volvió a nuestras vidas el sábado por la mañana. Llegó como el periódico, tocando a la puerta a las 7 en punto. Con su sombrero verde y mi bandera gay. Santiago que la extrañaba mucho se despertó no más de oirla y Diego le dijo "mano" para que le diera la mano y le pudiera enseñar al gato "mía mnia-mniau." Sí sabe decir, gado y peo pero prefiere las onomatopeyas de miau y guau, otro regalito del kínder.
Yo iba a estar a las diez y media en el Ángel, según yo, pero como a los tres nos emocionó mucho la llegada de Crix, se nos fue el tiempo y mejor ya nos salimos los cuatro juntos. Llegamos a las once y media. Y las de Monterrey, ni sus luces. Sufrimos para acomodarnos en algún contingente, así que al final nos tocó con el grupo de padres y madres de gays y lesbianas, que al final resultó ser donde mismo les había tocado al Círculo de Familias Diversas, así que al final sí marchamos juntas. La marcha estuvo fenomenal, sobre todo cuando nos encontró nuestro contingente regio y ya pudimos marchar con la manta. Estuvo tan larga que cuando nosotras terminamos de comer, a varias cuadras del Zócalo, seguían llegando contingentes. Y una hora después cuando nos llamó una amiga, que ya nosotras íbamos en Metro Juárez, ella apenas acababa de llegar al Zócalo con su grupo de gente.
Terminamos cansadísimas, pero yo todavía tenía pila para más. Crix no porque no durmió en el camino de venida. Mi mamá dijo "yo me quedo con los niños", y Crix se fue a dormir, mientras yo me tomé un último paseín a Parque Delta con mi primo, su esposa y sus dos hijos. Llegué a la casa a las diez y desperté a Crix para irnos a la fiesta oficial de la Marcha. Claro que por alguna extraña razón casi no había nadie. Vimos a Sara, a Lol, Yan y Judith y como no hubo mucho cuorum nos regresamos a la casa, porque yo tenía que madrugar para terminar la maleta de regreso.
Por poco y volvemos a perder el avión. Era uno de esos vuelos que para hacerlo más barato teníamos que ir a tomar a Toluca, así que había que tomar un shuttle que nos llevaba del DF para allá. Según mi mamá no tenía hora de salida y había que estar como a las 8:30. Y le digo, madre creo que sí tienen hora, deja me asomo. Para esto eran ya las siete am. Me fijé en el boleto y decía 7:15 am, y que se nos cae el pelo de la impresión. Corrimos como torbellinos por la casa. Mi madre corrió a despertar a mi primo Andrés para que nos llevara al World Trade Center, de donde salía el shuttle en quince minutos. Nosotras despertamos a los niños y los bajamos en pijamas. Creo que se nos olvidaron mil cosas incluida una mochila de mi madre y los cepillos de dientes de los bebés. Lo bueno, es que como Crix se iba en la camioneta con el contingente igual que llegó pues ella barrió detrás de nosotras y rescató la mayor parte de nuestras pertenencias.
Llegamos al WTC y, por supuesto, ya se había ido el camioncito. Nos dejaron, eso sí, tomar el que seguía a las 7:35. Llegamos bien al aeropuerto de Toluca y ya allí cambié a los niños.
En un afán que pareció acto de terrorismo puro, dejé a una desconocida con lentes oscuros a cargo de la pañalera y los niños por dos minutos mientras yo corrí a evitar que mi madre documentara la ropa que les iba a poner. Pero es lo bueno de la gente de pueblo, además cuando aprendes a confiar en los desconocidos, terminan por tomarte por una loca y hacen cosas raras como ser gente buena y honesta y cuidarte a tus hijos sin chistar, ni robárselos. Ya que mi madre estuvo conmigo los cambiamos y nos pusimos a esperar a que saliera el avión. Mientras los niños corrieron por toda la sala de espera y se hicieron amigos de la gente. Creo que su especialidad es ser amigos de la gente.


Me gustaría decir que ya fue todo, pero es que este viaje tuvo epílogo...


Llegamos al aeropuerto en Monterrey y a las azafatas se les olvidó pedir la carriola a la puerta del avión. ¡Oh, grave error! Cualquier señora se aguanta y camina a las bandas al otro lado del aeropuerto de kilómetro y medio, pero yo no. Que me les planto afuera del avión sin dejar que abordaran los que lo tomaban de regreso hasta que me trajeron mi carriola. Mi madre moría de pena, pero yo ya venía encarrerada con el afán político, activista y revolucionario. ¿¡A poco me iba yo a dejar que no me dieran un servicio por el que pagué!? ¡Ni loca! Así, que allí estuve al pie del avión, hasta que me trajeron la carriola, medio rota, pero la trajeron. Eché a los niños y mi madre corrió a reclamar por las partes que le faltaban. Sí nos entregaron la capucha delantera que era lo que hacía falta, así que tuvo final feliz.


Y los niños comieron perdices y estuvieron felices... Bueno, no fueron perdices, pero mis padres se los llevaron al buffet de Los Chinos mientras a mí me mandaron en domingo a cumplir con mi terrible turno de trabajo en el call center... en fin, así es la vida, a veces se está arriba, a veces abajo. Lo importante es estar.


¡Fue un viaje maravilloso!




Y ahora sí, el final final:


Esta noche es la fiesta de fin de cursos de Diego y Santi, así que pronto habrá más fotos e historias por contar. Y mañana en la noche no se pierdan por W radio nuestra participación.

HE AQUI EL ANUNCIO
¡Amigas y amigos! Mañana 5 de julio estaremos Ana y Criseida en un enlace en vivo para W RADIO.El programa: Triple GLa hora: de 9:00 a 10:00 de la noche Sintonicen, en la Ciudad de México, W Radioy en el resto de la República: http://www.wradio.com.mx/programas.asp?idgrp=15828 TRIPLE G es el primer programa pensado para dar cabida a la voz de la comunidad homosexual con contenido informativo, música de ambiente, opinión de especialistas con temas varios, etc. Triple G es un programa hecho por gente gay para homo y heterosexuales que creen en la información y la comunicación como alternativas estupendas para combatir homofobias e ignorancia. Cada semana un tema nuevo con invitados, líneas abiertas y mucha información.Produce y conduce: Eduardo Iniesta.Conduce: Rodrigo Márquez de la Mora

4 comentarios:

Akaotome dijo...

Que hiciste qué en el aeropuerto de Toluca?!?!?!?!?

NN dijo...

Upsss post largisimo pero muy interesante, se nota la pasaron muy bien. saludos, sigan adelante.

Ana de Alejandro dijo...

jaja qué chido! al menos ya sé de dos personas que sí lo leyeron completo!

Anónimo dijo...

Daniela dice:
¡Tres personas!
Estuvo muy divertido, ya extrañaba una crónica de estas jajaja.