lunes, octubre 05, 2015

Reacciones secundarias

Dice el popular refrán anónimo (me encantan las tautologías) que: "No hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza, ni deuda que no se pague."
Así pues, a Diego y a Santiago les llegó la fecha de  su segunda tanda de vacunas (esas que nos obligaron a repetirles para poder entrar  la primaria porque fuchi que los mexicanitos traigan bichos de jueras). La fecha prevista era el jueves 1er de octubre. Ya venía Diego llorando ante el hecho irremediable desde el miércoles, pero el día en cuestión no dimos con la clínica y se nos frustró el plan.
En vista de lo cual decidimos buscar la dirección de nuevo en internet y llevarlos el viernes. El viernes, muy temprano, Criseida y yo compramos un pase para andar todo el día trepadas en los buses de la ciudad. La razón es que no sabíamos cuántos tendríamos que tomar para completar todas las vueltas que traíamos pendientes, entre ellas recoger la llave del buzón y llevar en la tarde a los hijos a las vacunas. Yo, tres semanas antes, había agarrado una guía con todas las rutas de El Paso, TX. y sus horarios, así que armada con la guía en mano, me dispuse a agarrarle la onda a la esperada de autobuses en su parada y calcular a qué hora debía de llegar si había salido de su parada obligatoria las tal o cual...
Por la mañana fuimos a punta de la chingada por la llave y descubrimos por casualidad cómo llegar a "la gualmar" de Remcom Cir. Luego descubrimos que Google Maps te dice con exactitud dónde tomar la ruta y a qué hora pasa y cuál es la hora estimada de llegada a tu destino de acuerdo a lo que hay que caminarle para tomar el camioncito. Así fue como nos aventamos una correteada para que no nos fuera a dejar uno de los viajes, porque si no iba yo a llegar una hora tarde por los hijos a la escuela.
Ya con eso en mente, y con los hijos de la mano, nos dispusimos por la tarde a llevarlos a tomar sus vacunitas. Sólo tres, y no seis, es lo que tenían programado en su cartilla. Llegamos y la señorita que nos atendió, muy amable, me señaló que "alguien" había cometido un error y en realidad les correspondían cinco.
Esta vez, Diego pasó primero, gritando más fuerte después de cada piquete. Al contar tres quiso soltarse corriendo de mis brazos, pero se vio detenido y no entendía la razón. Le expliqué que habría dos más y se sintió profundamente traicionado por el sistema. Le pusieron 3 juntas, en el brazo, pegadas al hombro. 1 en el gordito de más abajo y la última en el gordito del otro brazo.
Luego fue Santiago, quien estoico recibió sus vacunas y luego muy formal le dijo a la señorita: "¿Puedo tomar una paleta?" Y ella accedió como muy a fuerzas, así que yo le dije: "claro, mijito, ¡y llévale una atu hermano!" La vez anterior, por 6 piquetes les dieron 5 paletas, y ahora una sola. Entiendo perfectamente la frustración de ambos niños.
Como habíamos comprado dos pases de "todo el día" y Criseida ya no lo iba a usar por irse a la biblio, le propuse llevarse a Diego a leer y yo me llevé a Santiago conmigo a recorrer la ciudad hasta dar con el Sunland Park Mall. Así pasamos horas recorriendo Pier 51, Target, Dillard's, The Dollar Tree y lo que pudimos, hasta que fue hora de volver, ya muy noche, pero antes de que pasara el último camión y nos dejara en tierra de nadie. Volvimos ya noche, pero como era viernes, estuvo chido y tranquilo.
No debió sorprendernos si duda, que el sábado las reacciones secundarias dejaran todo adolorido a Santiago. Estaba súper cansado, no se podía doler y le dolían todos sus músculos, igual que los ganglios y la garganta. Por la tarde le dio temperatura y en la parte trasera del brazo, donde recibió la cuarta vacuna, traía una gran roncha donde parecía que se le habían acumulado juntas las paperas, el sarampión y la rubiola. Una sola roncha del tamaño de la ubre de la vaca con la que Louis Pasteur practicaba. Pobre de mijito, tan malo que estaba. Nos quedamos en casa y vimos pelis, para que se relajara.
El domingo le tocó el turno a Diego. Por la mañana había estado bien, y Santiago ya estaba como nuevo, pero en la tarde, y ya en la biblioteca de UTEP, Diego de pronto "dejó de funcionar", se hizo bolita en un sillón y se durmió, con temperatura y mucho frío. Dicho sea de paso, la temperatura en El Paso bajó este fin de semana, por lo que volver a casa andando le resultó una tortura.
Hoy por la mañana ya estaba bueno y pristino, ni rastro de sus malestares de la noche previa. Pobriños mis hijiños, lo bueno es que ya no tocan más vacunas hasta marzo.
*NOTA IMPORTANTE: Parece que su capacidad intelectual sigue igual después de las vacunas, pero cualquier cosa, les seguiremos informando. :D

1 comentario:

Jose J Moreno dijo...

AJJAAJ Pobres, los gringos los agarraron de tiro al blanco, se pasaron, pero bueno así ya se quitan a salubridad de estados unidos, y que disfruten conociendo todo lo que puedan, haya a los menores les organizan muchas actividades.

suerte y éxito.