lunes, julio 30, 2012

Día 3


Anita:
Hoy es lunes 30 de julio. Te escribo sumamente consternada porque sucedió algo que me atemorizó. Tú lo sabes, pero el resto de los lectores no: Desde que Diego llegó al DF quedó fascinado con el primo Gabriel. Fascinado no es la palabra: IDIOTIZADO.
¿Te acuerdas que te dije que los iba a tener enclaustrados haciendo los ejercicios del cuadernillo de actividades previas al segundo periodo de educación básica? Pues me conmovió que el mentado primo bajó a invitarlos a ver una película con palomitas. No pude decir que no particularmente porque tampoco es onda que los niños se la pasaran esclavizados, pero la verdad no me quedaron ganas de volver a permitir que convivan con sus familiares. Resulta que se pusieron a jugar. Estuvieron haciendo su desmadre pero el juego estaba relativamente tranquilo. Hasta que decidieron salir al patio y el susodicho primo retó a Diego en una especie de rito de iniciación a ver si se atrevía a aventar al gato desde la escalera. Diego en su idiotización, ¿qué crees?, ¡AVENTÓ AL GATO! Todo lo hicieron en un silencio tal que yo no me hubiera dado cuenta si no es porque Diego se puso a llorar. Obviamente, me encabroné y empecé a gritarle a Diego que desde cuándo él era así, que desde cuándo maltrataba animales. Diego lloraba y lloraba y terminé diciéndole que si no se callaba lo iba a aventar yo a él desde las escaleras. Diego se calmó y le leí la cartilla. Que el gato era un bebé, que cómo le íbamos a dar la medicina si tenía la boca con sangre. Lo castigué una semana entera. A él y a Santiago, a los dos. A uno por güey y hacerle caso al primo y al otro por no defender al gato o de jodido gritar para que yo saliera. Durante una semana no pueden salir, no pueden jugar. Tienen que estar conmigo siempre y a todas horas haciendo su tarea o coloreando.
Claro que después de eso no los dejé subir a ver la película. Durante todo el escándalo, Max y Gabriel estuvieron escondidos en el cuarto de Susana. Ya cuando se calmaron las aguas, pasa el muy hijo de su pinche madre presumiéndoles a nuestros hijos: “es hora de la película” y subió diciendo: “palomitas, palomitas, palomitas”. Me dieron ganas de ir por él y tirarlo desde las escaleras, pero bueno, mi tarea no está en educar a aquel niño, sino en domar a esta fiera. No sé cómo hacerle entender que él no tiene que hacer nada (y mucho menos atentar contra un animal) para caerle bien a alguien. Que él es infinitamente afortunado porque al menos su Mamá, o sea yo, estuve ahí para rescatarlo de ese sentimiento espantoso que debió quedarle después de aventar al gato. Claro, Diego está enojado por el castigo pero espero que quepa un poco de reflexión en su mente de 5 años.
Leí por ahí que gran parte del maltrato a los animales se debe a que los consideramos como de nuestra propiedad. Esto no me aclaró nada, pero bueno, esperemos que el gato se mejore y que no se haga rejego.
Santiago también está molesto, pero él como que agarró más rápido la onda de que esas son cosas que no se hacen.

2 comentarios:

Manuel Tenorio dijo...

Madres. Entre más leo del primo, peor me cae.

Ana de Alejandro dijo...

Pobre de mi gatita! :(