Lesbianas Madres
Ser lesbiana pública y política es una decisión, ser madre bajo estos términos también lo es. Es la decisión más difícil, tonta y loca que hemos tomado. Es el reto más grande, la lucha constante, la batalla que nos enfrenta al mundo. Ser una lesbiana madre representa un enfrentamiento diario con el mundo, ir contra las normas sociales y demostrar que no sólo no nos arrepentimos, sino que sabemos lo que estamos haciendo… aunque no tengamos idea, pero hay que pensar ¿quién realmente tiene un mapa o un manual para vivir la vida? Es difícil, sí, pero muy divertido, es una paradoja que nos confronta, que nos obliga a mirar hacia dentro, que nos abre nuevos mundos y retos por superar. Ser madre, cuando eres lesbiana es enfrentarte con otras lesbianas que ya no creen que seas lesbiana. Es combatir estigmas, romper esquemas, romperse, irónicamente, hasta la propia madre.
Amor es el ingrediente principal. Amor y un poquito de paciencia, como paciencia se tiene en todos los amores. Así es nuestra historia. Así es la historia en donde las dos decidimos tomarnos de la mano y caminar juntas en las buenas y en las malas, en las altas y en las bajas. Y en ese camino decidimos emprender juntas el sinuoso sendero de la maternidad, ejercer nuestros derechos reproductivos y a tener descendencia. En nuestra unión, nacieron dos varones que hoy en día tienen tres años de edad y se han convertido en el centro de nuestro universo. La lucha del día a día, la lucha y la trascendencia, la lucha en lo espiritual, la lucha en la política, en el ejercicio de los derechos, la lucha en la supervivencia, todas las luchas, son luchas que cobran fuerza y sentido en el marco de nuestra familia, la familia de los cuatro, la familia de Ana, Criseida, Diego y Santiago.



