miércoles, julio 16, 2008

Un soneto...






Soneto al perro valenciano.


¡Uy el perro! Bonica, ¿quién es el perro?


Perro es la mía Clotilda María,


formal es su nombre pa’ que me ría.


Tiene ojos preciosos como becerro.



Que para las pulgas es un gran cerro


su lomo de manchas y motería.


No puedo más con tanta tontería,


blanca y café, tiene chinos de berro.



Manchas de perro desequilibrado,


desequilibrado que trepa mesas.


Se trepa a la mesa el perro manchado.



Todo cabe en una Clotilda de esas.


Todo come, hasta el cerdo mechado.


La perra Clotilda tiene sorpresas.



Ana de Alejandro



México, D.F. Abril de 2005

Un soneto, una oda, cien canciones, mil conciertos, quince puestas en escena, todos los museos del mundo y las palabras que soy capaz de decir no bastarían para declarar en el mundo el amor tan grande que te tuve, que me tuviste, que nos tuvimos. Y un día, triste y lentamente anunciado te fuiste. Moriste, me dejaste. Otra vez con ese huequito que habías vendio tan dispuesta y perrunamente a llenar. Me dejas ahora con la tarea de tratar de escribir una y otra vez una carta de amor que nunca llegará a su destinataria y que jamás lector alguno terminará de descifrar. Me quedo con el corazón arrugadito, en pantuflas, despeinado y con pelusa en los pliegues, sin ganas de levantarse a palpitar.
Me quisiste como nadie me quiso, como nadie me ha querido y como nadie me querrá. Tu amor nacía de la necesidad de complacerme, de tu necesidad de seguir con vida. Tu amor era pura puro impulso de conservación. Impulso, porque dicen los expertos que no hay instintos, solo impulsos. Tu amor variaba según si traía yo manzanas o croquetas, según la hora del día y la cantidad de mismos recibidos, pero era amor siempre.
El perro valenciano nació el 16 o 17 de julio de 2001, de su vida poco se sabe hasta aquel fortuito día de septiembre, el mismo año, en que una humana mexicana entró a la tienda de mascotas en donde era expuesta y cometió un acto de profunda mala educación, completa irreverencia, falta de ética y responsabilidad: golpeó con los nudillos el plexiglás del aparador donde este cachorrito era era expuesto.


Yo podría decir que fue amor a primera vista, pero sería desde un punto de vista de supremacía humana donde presupongo que sentiste lo que yo. Por aquel entonces mi deporte era mirarme el dedo gordo de los pies como decía Marcela Serrano al hablar de la depresión. Y tu que eras una pequeñita bola de pelos no hacías más que darme motivos para sacar mi culo del sillón y obligarme a dar largos paseos por la playa que terminaron por remendarme el alma que llevaba rota ya buen rato.


Toleraste, llantos, gritos, reprimendas y exabruptos sin saber de dónde provenían estos desbordes emocionales. aguantaste horas y horas en kennel de un lugar a otro, de un pueblo a otro, de una ciudad a otra, de un continente a otro. Viajaste por avión, en coche y en autobús. Me seguiste a mi antojo, como objeto de propiedad.


Te adquirí en un intercambio monetario nada modesto sin si quiera enterarme de tu opinión. Te puse a vivir en un balcón, luego en mi recámara, más tarde en una casa grande, luego en un jardín y en otro y de regreso al primero. Te llevé con gatos, con perros, otra vez con gatos y finalmente con más perros. Te puse a vivir a nivel del mar y a más de dos mil metros de altura. En climas templados, en climas semi desérticos. De aquí para allá, de allá para acá. Te condené a mi existencia de piedra rodante y nunca diste una muestra de no estar conforme con ello.


Cumpliste incluso mi más egoísta capricho de convertirte en madre, con o sin tu consentimiento. Pariste en mis piernas. Me seguiste queriendo. Me esperaste, y me amaste en cada instante de tu vida. Tu perra vida. Fui un mal humano de compañía, mal agradecida para alguien que me quiso tanto. Y ni en vida hubieras comprendido estas palabras que ahora llegan tarde. Yo soñaba con mis hijos jalando tus orejas. Y tu con paciencia los veías con recelo, a sabiendas de que ellos te habían quitado más del 90 por ciento de atención. ¿Dónde quedó tu amiga? ¿Dónde quedaron los abrazos al perro, los mismos al perro, las canciones al perro?




Aquí están, todos, todos los mismos, todos los abrazos, todas las palabras quedan aquí gurdadas. Quedan pues representadas por unas cuantas de las que caben en mi escaso vocabulario que intenta viajar a las estrellas donde tu te has mezclado ya con el cosmos, con la ometéotl, con la Diosa, con la Sofía que nos abaraca y acapara a todas y todos en una sola masa de energía. No somos nada, pero somos todo lo que hay. Y te quiero, todavía te quiero tanto y no sé dónde guardar ahora esta energía que se niega a irse contigo. Espero que estas palabras ayuden a mis entimientos a enfilarse hacia ti y llegar a donde sea que estés. A que se mezclen contigo y con tu escencia. Y si a alguien le parece que es mucho amor para un perro, es que nunca conoció al Perro. Mi Clotilda María Chocolat. ¡Uy el Perro!




El alma y cuerpo de Cloti se separaron el 3 de mayo de este año, pero su recuerdo me acompañará por siempre. Y hoy en el día de las Carmelas que es cuando siempre la festejaba yo, quiero hacerle este homenaje a mi perro no más porque se me antojó.

4 comentarios:

MrH dijo...

...estoy con el ojito Remy

hermoso post

ingenioso soneto

Un agrazote solidario y cariñoso

Anónimo dijo...

y me encanto ese homenaje yo adoro a los perros y a veces siento que, como tu, soy una mala humana de compañia pero ahi stan siempre perdonandonos y amandonos como nadie, sin condiciones, sin egoismo solo amandonos y punto!!!

Euge dijo...

Uf! lo que uno puede querer a un animal! y lo que nos pueden llegar a querer ellos.
Se ve que era hermosa ella con sus orejotas

Rodolfo dijo...

Voy a llorar...