miércoles, junio 14, 2006

Decisiones



Yo, como Martin Luther King, y de seguro la gran mayoría, una vez tuve un sueño. Claro, el mío quizá sea un poco más prosaico y pedestre, pero no deja de ser mi sueño: tener una familia enorme. Soy hija única, por lo que me prometí desde niña que cuando fuera grande iba a tener la mesa llena en las Navidades y todo tipo de eventos familiares. Hay quienes afirman que una de las pocas cosas buenas de mí es que le pongo mucho empeño en lograr lo que me propongo, así que ahora finalmente me veo empezando a cumplir ese sueño anhelado. Y lo bueno es que Crix comparte las ganas de que se vuelva una realidad.
Nos habíamos propuesto no compartir que estábamos esperando bebés hasta que yo cumpliera cinco meses de embarazo, pero la emoción fue tanta que no pudimos esperar para gritar a los cuatro vientos que seremos mamás. Lo mismo ha pasado con cada pequeño avance, que si estoy embarazada, que si son dos, que si el doctor opinaba que eran niño y niña, que si siempre no y ahora “metería la mano al fuego” porque son dos niños. En fin, que cada detalle lo hemos hecho público con la mejor de las intenciones. En algún lugar leí que una mujer embarazada espera que el mundo se detenga a su alrededor para que todos puedan manifestarle lo felices que son por ella. Creo que todas deseamos eso en lo más recóndito de nuestros corazones. La atención se cierne en torno a nosotras de una forma tan deslumbrante, que no sé si podré acostumbrarme a perder el brillo una vez que haya parido. Mi amiguita Diana Regina, opina que a Crix y a mí nos encanta la farándula y por eso queremos tanto aplauso, pero la verdad creo que cualquier mujer que haya llevado un hijo en la panza o quiera por voluntad propia pasar desvelos junto a una cuna merece una ovación de pie.
Claro, como es de esperarse, no todo mundo se muestra tan abierto y feliz. Siempre habrá algún reaccionario que piense que dos mamás no son mejores que una y que es una pésima idea traer hijos al mundo con la “terrible desventaja de tener madres lesbianas”. Así se lo hicieron saber hace poco a Crix en su blogger personal. Ella de buena fe compartió que esperamos dos niños y que es una aventura de la que no tenemos ni idea qué esperar, y como respuesta obtuvo que yo soy una ignorante por haber pensado (cosa que by the way no es cierta) que por estar embarazada de Crix no iba a tener varones. Déjenme les cuento que el sábado mismo en que me implantaron los embriones le dije a Crix y a algunas amigas presentes que estaba yo segura de que sólo habían pegado dos y que de seguro eran niños. También dije que lo que faltaba es que pariera yo a un par de libras (22 de septiembre al 23 de octubre). Así pues, desde el principio he estado conciente de que había un 25% de probabilidades de que los dos fueran niños. Y ahora que parece cierto, estoy emocionada porque me presenta un panorama de posibilidades en las que no había meditado, pero como me dijo otra amiga tengo la oportunidad de criar a dos hombres realmente feministas. Es un reto, pero me late mucho la idea.
El presunto reaccionario que nos declaró “histéricas falofóbicas”, reclama que no le daremos a los niños la oportunidad de “elegir”. También dice: “Qué va a ser de ellos cuando los demás se den cuenta que les has enseñado a orinar sentados? Que son obligados a participar en actividades que el común denominador piensa que son exclusivas para "maricas"?” Híjole, no sé qué va a ser de ellos, pero juro ante las fuerzas supremas del universo, por Tonantzin y la Coatlicue que jamás nos pasó por la cabeza obligar a un par de varoncitos a orinar sentados. Quizá batallaremos en enseñarles el complicado arte de atinarle al centro del escusado y definitivamente nos veremos en la compleja situación de no poder entrar en la competencia de ver a quién “dispara” más lejos, pero igual y si los metemos a los scouts se soluciona el asunto, ¿no? Por favor, hombres decentes del mundo, ¿podrían instruirnos al respecto?
Total, que en opinión de este sujeto, yo debería entregar a mis hijos en adopción al DIF nomás pariendo para no causarles ningún daño psicológico posterior. Porque seguramente, el DIF les permitirá tener más opciones y decisiones que yo. A lo cual me gustaría exponer algunas opiniones.
Yo nací mujer, mexicana, a un matrimonio joven y priista en 1978. Ninguna de las anteriores fue decisión mía. Yo no decidí llamarme Ana, ni decidí ser bautizada en Monterrey. No decidí nacer en La Paz, Baja California Sur y mudarme a los tres años al árido noreste mexicano. No decidí ser hija única, ni llevar una infancia en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, porque ni para vivir en Monterrey teníamos. No decidí aprender inglés, ni ser inscrita en el Colegio Panamericano A.C. No decidí que los siete años eran una buena edad para arrepentirme por mis pecados y para hacer la Primera Comunión. No decidí crecer rodeada de gatos (de otros animales sí, pero los gatos eran de mi madre). No decidí hablar español. No decidí que mis primeras papillas fueran de tomate y de pescado. No decidí que no me metieran a clases de piano, música y guitarra “porque esas cosas no se dan en nuestra familia”. No decidí ninguno de mis motes, ni apodos. No decidí ser clasemediera, pequeñoburguesa, y tomar Coca Cola con cada comida. No decidí que mis padres siguieran casados por los siglos de los siglos amén, ni que me pusieran la televisión como niñera. No decidí tantas y tantas otras cosas que escapan a mi conciencia.
Sin embargo, en el proceso de maduración que tenemos todos (o casi todos) los seres humanos, eventualmente aprendí a tomar decisiones. Decidí que mi primer nombre: Ana, me gusta. Decidí no usar el segundo más que para cosas oficiales, decidí que me gusta mi primer apellido, pero el segundo no tanto. Decidí que los idiomas me gustan. Decidí que aunque la música no se da en nuestra familia, me gusta escucharla. Decidí que me gusta el arte. Decidí, como lo dije al principio que quiero una familia enorme. Decidí tener muchos animalitos, en especial perros. Decidí que los cocker spaniels me gustan más que el resto. Decidí experimentar sexualmente todo lo que se me antojó en la vida, y no quedarme en la vida heterosexual solo porque así tiene que ser y eso es lo que “heredé” de mi mamá y mi papá. Decidí cuándo y dónde establecerme con una pareja. Decidí que quiero a Crix como pareja. Decidí tener hijos. Lo decidí con toda la arbitrariedad con la que la mayoría de las personas decidimos todo. Lo decidí porque sí, porque me gusta y porque puedo. Lo decidí porque soy conciente de que cada una de mis decisiones trae una consecuencia y puedo y quiero vivir con ellas. Lo decidí porque soy una mujer adulta en pleno uso de mi libertad y mis derechos. Y así decidí muchas otras cosas y otras tantas más que de momento escapan a mi memoria.
De la misma forma, mis niños, Diego y Santiago, no decidirán sus nombres. Porque veo algo incómodo llamarlos “oye tú, uno” y “oye tú, dos” hasta que cumplan los 18 y escojan un nombre. No decidirán la religión bajo la cuál serán formados, pero ya tendrán tiempo de decidir si les gusta o no lo que les hayamos enseñado nosotras y cambiarlo o adaptarlo a sus necesidades espirituales personales. No decidirán tener dos madres y un gato doméstico equis y una cocker spaniel. No decidirán su lengua materna, ni su nacionalidad, ni su lugar de residencia, pero llegarán a una edad en que puedan elegir cambiar. Mis hijos, como los hijos de cualquiera, nacerán con un montón de cosas predecididas para ellos. Y ellos como cualquiera, llegarán a la edad en que desarrollarán un criterio y sabrán si se quedan con lo que aprendieron de sus madres o lo cambian. Así que, irán al ballet, tocarán algún instrumento, aprenderán costura y cocina, irán con los scouts y tendrán perro por una simple y sencilla razón: ¡Porque lo mando yo! Y lo decido yo que para eso soy una de sus madres. Y a ellos les tocará madurar y crecer en este ámbito y decidir después qué hacen con sus vidas, por una simple y sencilla razón: porque ellos quieran hacerlo así o diferente. Porque algún día serán adultos en pleno uso de sus libertades y derechos. De aquí a entonces nos toca a nosotras ver y decidir por ellos.

6 comentarios:

Akaotome dijo...

Pues sí, al principio no lo vemos de esa manera. Además, hay algo en las tendencias actuales que no me terminan de convencer. Ya los papás piensan que si obligan a sus bebès a dormirse a las ocho o nueve de la noche les están creando un trauma o coartando las libertades o no sé, violando sus Garantías Individuales, pero luego se preguntan por qué chingados el niño siempre está irritable, de mal humor y con falta de apetito. Hay cosas en las que NO pueden decidir ellos, para eso es el adulto, ¿no? Sino pues en cuanto nazcan los bebés hay que preguntarles a ver si nos hacen el favor de aceptarnos como sus figuras de autoridad. Jajaja, eso mismo les pregunté a mis alumnos de prepa y todos dijeron entusiasmadísimos SIII MISSSS, CLAROOOOOO, regáñenos, sea estricta y firme con nosotros POR FAVOR!!!! Ya que nuestros papás no lo hacen nos URGE alguien que nos ponga límites!!!

Manuel Tenorio dijo...

Les podemos decir de cariño Diego y Santoy. JAJAJAJAJA
Anaaaaaaa, estamos embarazados y no hemos hablado!!!
Saludos

Héctor dijo...

Una foto hermosa en verdad. Muy buena iniciar un blog con esta aventura de vida. Que Tonantzin y la Coatlicue me las sigan cuidando

Gloria Ordaz dijo...

Como siempre, una manera bien fundada de argumentar, querida amiga. Solo quería comentarte, que aquello de atinarle al centro del inodoro les saldrá solito a tus niños, porque mi hijo tampoco tiene padre que le enseñara a hacerlo (por razones distintas a las tuyas), y aprendió a hacerlo. La verdad sí considero que la imágen paterna es importante para los varoncitos, pero eso no es un común denomidador a PADRE. Ese puesto lo puede ocupar un tío o abuelo, alguien cercano a ustedes. Lo importante a fin de cuentas es que se sientan amados y que sus necesidades se conviertan en lo más importante para ustedes. Yo creo que esa es la mejor guía para tomar decisiones con respecto a los hijos. Bueno, ya le paro a mis comentarios, y te mando un abrazo de oso y un "Hola Cosita Preciosa!" extremadamente empalagoso a c/u de tus muchachitos.
Cuídate, y te doy un consejito: Diles a tus bebés dos o tres veces al día un mismo poema o frase de aquí a que nazcan, y lo reconocerán y se calmarán al escucharlo después de paridos.
Ahora sí, bye.

NAYERI dijo...

HOLA, ANA!!! AL IGUAL QUE CRIX ESTAN MUY INTERESANTES LOS MENSAJES, ME DA GUSTO POR USTEDES Y ME GUSTA EL MENSAJE QUE SALE EN LA FOTO... NUESTRA VENGANZA ES SER FELICES. MI OPINION ES QUE LOS NIÑOS SE VAN EDUCANDO DE ACUERDO A COMO LES ENSEÑAN UDS. NO CREO QUE VAYA A HABER ALGUN PROBLEMA CON USTEDES. SOLITOS IRAN APRENDIENDO. CUIDENSE Y SALUDOS.

Alfonsina dijo...

Ya sé que este post es del año pasado, pero simplemente queria dejar mi aplauso.
Ana, una genialidad!