jueves, enero 07, 2010

Y sigue el debate nacional sobre el matrimonio gay y adopción...

El hecho de que en el Distrito Federal se haya logrado legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo y que se haya quitado el candado de la adopción ha levantado ámpulas. La opinión pública ha volteado y defendido toda clase de posturas, desde las más sensatas hasta las más aberrantes. Como siempre, quienes salimos ganando somos la gente de la comunidad LGBT que por fin hemos conquistado un espacio para iniciar un diálogo con la sociedad civil y con los legisladores.
La opinión del arzobizpo primado de México, Norberto Rivera, ha sido por mucho una de las más homófobas e impulsivas que he escuchado. Es por eso que en el programa del domingo 3 de enero en el cual participó Ana me dejó s0rprendida el nivel de discusión el párroco de la iglesia El Rosario, que es una de las parroquias de mayor importancia en Monterrey. Hay una infinitad cantidad de cosas en las cuales no estoy de acuerdo con el sacerdote Rogelio Narváez Martínez, particularmente en su interpretación sobre algunos artículos de la Constitución Mexicana, pero creo que ha tenido una de las posturas más respetuosas de parte de la Iglesia como institución.
Hay quienes no se han tomado el tema muy bien, hay quienes lo han tomado bastante mal, es el caso del comentador de televisión Esteban Arce que en los últimos días ha estado en boca de todos por haber hecho gala no solo de su homofobia e intolerancia sino también de su ignorancia. La repercusión es grande y creo que ya hay personas que han puesto su queja ante CONAPRED.
El programa al cual me refiero es Matutino Express:

El programa alcanzó una gran repercusión que en otros programas como Nocturninos y hasta columnista de periódicos se han visto en la obligación de opinar al respecto.

El tema da mucho mucho para discutir, pero mientras tanto les dejo el artículo que sacó hoy Carlos Loret de Mola en EL UNIVERSAL en su columna Historias de reportero:

Homofobia
Por: Carlos Loret de Mola
Fuente: El Universal

Seis de cada 10 mexicanos están en contra de que se casen los homosexuales y siete de cada 10 de que adopten hijos. Las convenciones internacionales sobre derechos humanos, la Organización Mundial de la Salud y casi la totalidad de los pensadores más respetados de la humanidad forman, frente a esa encuesta de Mitofsky, una minoría a la que este reportero se ha sumado hace tiempo.

Hurgar en los fundamentos ideológicos de quienes se oponen a otorgar mayores derechos a la comunidad gay termina aterrizando en algunos de estos conceptos muchas veces heredados y pocas procesados: ser homosexual no es normal, es antinatural, es una enfermedad.

¿Son “normales” los homosexuales? El calificativo “normal” ha sido sepultado por la democracia, la tolerancia y la inclusión que son signos-anhelos de nuestros tiempos. La ecuación papá-mamá-hijos es, en uno de cada tres casos, escenario de violencia intrafamiliar. Eso bajo ningún concepto puede ser considerado normal. La familia tradicional como estructura básica de la sociedad se ha convertido en un cuerpo con osteoporosis: por fuera se sostiene, pero por dentro está desgastado, fracturado, desbaratándose.

¿Es “natural” que un hombre golpee a una mujer? ¿Que se calle y esté sometida “por el bien de sus hijos”? ¿Que ella aguante todo lo que el hombre haga con la mira puesta en la unión familiar? Porque ésas son las ideas que permean cómodamente en amplios sectores sociales y se antoja que palidecen en la categoría de “naturales” frente a una pareja del mismo género.

¿Están enfermos los homosexuales? El 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud, perteneciente a la ONU, retiró la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud. Desde hace casi 20 años, la homosexualidad no es enfermedad para ningún doctor serio.

Con estos antecedentes, quienes hemos conformado la manera habitual de vivir alrededor de nuestra preferencia heterosexual no tenemos autoridad moral para reprimir, mucho menos suprimir, el ejercicio de otras formas de convivencia social y, ultimadamente —y aunque suene cursi—, de amor.

Me atrevería respetuosísimamente a pedir a quienes están en contra de la plenitud de derechos y deberes para la comunidad gay que tomen en cuenta en su análisis moral —incidido por la fe y por tanto, de toda consideración— estos datos que exhiben el fracaso de los modelos vigentes, no para rendirse y abandonar a la familia tradicional como modelo ideal, sino para intentar reforzarla sin hipocresías y al mismo tiempo tolerar otras maneras de fundar comunidad (no confundir: nadie se ha vuelto gay por la crisis de la pareja tradicional; aceptar los matrimonios homosexuales es un tema de universalidad, no un plan B).

Lo principal es romper el estereotipo: la familia de papá-mamá-hijos no es una familia feliz en automático y las parejas homosexuales no son drogadictas, proxenetas entregadas a la lujuria. Hay parejas hombre-hombre y mujer-mujer que son modelo de felicidad, y hay hogares tradicionales a los que los hijos no quieren volver después de la escuela porque es como regresar al infierno.

En Tercer Grado, Denise Maerker aportó un argumento incontrovertible a ese otro tema que es la facultad de adoptar niños a parejas homosexuales: que si bien lo ideal para un menor es contar con las figuras paterna y materna, los infantes sujetos a adopción no tienen ni uno ni otro, viven muchas veces en el abandono de guarderías tutelados por un par de buenas personas que hacen sus mejores esfuerzos para encauzarlos pero que muchas veces no pueden construirles un blindaje que los libere de estar a merced de traficantes de órganos y niños. Los casos concretos se agolpan en denuncias de medios de comunicación semana a semana.

Son pequeños sin hogar, sin padre, sin madre, sin perspectiva, sin futuro, quienes a través de un riguroso procedimiento son asignados a personas que les puedan dar un horizonte. Que en este grupo de personas sujetas a adoptar figuren homosexuales que garanticen una oferta de porvenir digna para los niños me parece hasta un gesto.

Hasta ahí los argumentos. Pido ahora permiso para una nota personal: no soy capaz de concebir una sensación de responsabilidad mayor a la que se tiene para con los hijos; entre mis personas más queridas y admiradas hay tres homosexuales. No dudaría un instante en encomendarle a mis hijos a alguno de ellos. Tampoco a un par de entrañables amigos solteros, amigas solteras, y más matrimonios heterosexuales con quienes me unen lazos que se antojan indisolubles. Pienso que cuando se escoge tener un amigo, que sea abogado o doctor es una característica colateral, pues hay abogados delincuentes y doctores asesinos, pero no son a ellos a los que nos estamos refiriendo.

SACIAMORBOS

Con el mismo respeto, considero que un debate que tiene que ver con la moral pública no puede aspirar a la unanimidad, pero tampoco puede llevarse a cabo —mucho menos conducirse— entre descalificaciones, discriminaciones, insultos y rabia. No en lo privado, mucho menos en lo público como lo hizo Esteban Arce.

3 comentarios:

Ross dijo...

Es increible el revuelo que teneis allá en México. Aquí en España, cuando se aprobó la ley dió que hablar pero no tanto. Y fué como una fiesta nacional la verdad. He pensado en ir a México a vivir con mi esposa (mexicana) pero la verdad, viendo esto da un poco de miedito, jeje. Tendremos que seguir luchando, dandonos a conocer y siendo nosotros mismos. Que pena que exista la gente intolerante.

Daniela dijo...

No entiendo por qué las "minorias" van pregonando, luchando, hasta muriendo por la "libertad de expresión" y en cuanto alguna persona da su punto de vista, como lo hizo este hombre (con el cual no comulgo para nada), toda la tolerancia que se jactan de tener y no se cansan de pedir brilla por su ausencia.

Que la tolerancia sólo debe aplicar para las "minorias"? No es un poco injusto también?

gamonatura dijo...

Bueno es que también hay que ver de que tipo de persona sale este comentario, Al señor Esteban Arce no se le puede pedir mucho, aparte de grosero y nefasta persona que es, ese programa debería desaparecer o por lo menor quitarlo de titular, por que es comunicador no predicador y debio simplemente respetar la postura de la especialista sin querer imponer por la fuerza su punto de vista.
Saludos.