
Así de simple, desde hace una semana he llegado a la conclusión más sencilla de todas: simplemente me declaro total y profundamente incompetente para enseñar a mis hijos a comer. Mucho se ha escrito sobre el tema y evidentemente yo no lo he leído y lo poco que he leído no lo he sabido aplicar. Yo que me sentí tan orgullosa y feliz de que comieran chayotes con singular alegría y que prefirieran las verduras a las frutas, ahora no sé qué hacer cuando Diego se frunce y me tuerce la nariz y simplemente se niega a ingerir cualquier cosa molida que le entregue yo con una cuchara.
No, el avioncito no basta, no sirve, no es ni remotamente útil. He intentado con distintos tipos de cucharas. Simplemente el niño me está diciendo algo que me niego a escuchar: "Mami, te quiero mucho, pero soy independiente, un niño grande que quiere comer solito." Bueno, espero que sí diga que me quiere mucho, porque con las muecas que me hace debo aceptar que mi interpretación de sus comentarios es algo libre.
Así pues, Santiago queda embarrado sin deberla ni temerla en una batalla campal donde se enfrentan su Mami y su hermanito. A veces, escoge ser el buen niño, el ejemplo y ceder a la

súplica de su Mami, abre su boquita y come con tranquilidad cualquier cosa que le de. En otras, se alínea con el enemigo y juntos reclaman ¡
oh, mi Dios, no! ¡FINGER FOOD!
¿Y qué hago yo? ¿Qué hago yo, señores, en una batalla que tengo de por sí perdida? Le gano tiempo al tiempo y cedo entregando una galletita mientras pienso y pienso... ¿Qué les podré dar hoy? De pronto y sin querer, me he vuelto ESO, eso, eso que no quería yo ser: la madre-aprehensiva-con-miedo-que-no-quiere-que-su-hijo-se-ensarte-la-cuchara-en-el-ojo. También, debo admitirlo, soy la impaciente que no tolera que Diego quiera compartir TODA su comida con los cuadrúpedos de esta casa. ¿Acaso soy la única que entiende que el perro y el bebé no deben compartir comida? Mi madre parece que no lo entiende, y lo toma con mucha alegría, yo no.
Me desespera terriblemente que todo lo tiren al suelo y que sea yo la que a) se tenga que parar

a enjuagarlo, b) se tenga que pelear con los perros para recoger el bocado primero y/o c)tenga que limpiar el mugrero del suelo (el que queda después de que los perros lamieron el piso). Por su puesto ha habido ocasiones en que el servicio canino de limpieza de pisos resulta muy útil, pero no lo es tanto cuando de cada diez galletas sólo dos terminan en la boca de Diego y de las siguientes diez, solo media galleta es comida por Santiago.
Me abruma que para que aprendan a comer plátano tenga yo que pelar seis plátanos porque todos se les resbalan de las manos y entonces los perritos por supuesto quiren reclamar que el que lo encuentra se lo queda. No sirvo para esto. Dos niños y una mami no funciona. Me rindo.
Muy linda mi prima hace unas semanas me dijo "la verdad, prima, solo una mujer que nunca ha sido madre puede planear tener dos hijos a la vez." Quizá tiene razón. Aunque tiene su doble parte de disfrute, pero es la doble joda la que en estos momentos me está volviendo loca y me tiene al borde de un ataque de nervios.
¡A estas alturas mis hijos lo único que quieren comer es sopa Maruchan! Y yo por supuesto

, obviamente, como es de esperarse.... ¡Me siento un fracaso! ¡Cómo sopa Maruchan en estas épocas en que el sodio está tan terriblemente vilipendiado! Y además la quieren agarrar del suelo, en esta era en que la limpiea está sobrevalorada, ¡mis hijos quieren comer del suelo! ¡Es porque soy lesbiana, verdad! Dios me ha castigado con dos cavernicolitas incivilizados.
Ni pensar que la del problema soy yo, por supuesto. Ni pensar que ellos no tienen la culpa de que en esta casa el refrigerador se haya tomado unas vacaciones en pleno verano y que por lo tanto no puede haber comida fresca. Ni pensar que esto es tan similar a vivir en un camping que todo tiene que venir enlatado, envasado y en tetrabrick y por ende con altos contenidos de sodio.
Ni pensar en el hecho de que la torta bajo el brazo nunca llegó y por lo tanto no se me prende el coco en como alimentar a mis hijos sino es con una silla encontrada y con un andador regalado.
En fin, como quiera hay unos momentos muy divertidos y tiernos como cuando Santiago se bañó

en noodles y se los untó en la cabeza. O como cuando la gente se me quedó viendo feo en el centro comercial porque les di papas de McDonald´s o puré del Kentucky Fried Chicken. Y me siento frustrada porque mi parte consciente sabe que eso es lo mismo que condenarlos a una vida de obesidad y diabetes. De verdad, a veces siento que alguien mal intencinado va a usar este blog para llevarlo ante el DIF y quitarme a mis hijos. Pero lo siento, tengo que desahogarme antes de que me desquite de más con alguno de los 25 perros de la casa.
Hoy finalmente, tuve un tiempito para leer consejos sobre cómo enseñar a comer a lo9s bebés. Para empezar resulta que debían haber empezado a comer solos desde los 7 meses. Allí empezamos mal porque apenas a esa edad la doctora nos dio permiso de empezarles a dar pera y chayote muy bien cocidos. Obvio, lo que terminaron comiendo fue Gerber. Hace dos semanas una consultora nutrióloga de Gerber me dijo que no podían empezar a comer tercera etapa hasta que tuvieran 4 dientes y menos empezar a comer comida solos porque pueden ahogarse.
Por eso me confundo más. El libro dice que ya les de garnachas, pescado y jugo de naranja en taza. Y yo como es de esperarse, me confundo más. Me desespero. Venía una lista llena de frutas frescas y yo sólo pienso en términos de hormigas y cucarachas. Por otro lado me tranquilizó que en el mismo libro dice que no pasa nada si alguna vez se meten una bola de pelos, una cucaracha, unos cuantos insectos o hasta un pañal a la boca. Pero no sé cuánto sea tantito, ni cuanto pase ya el límite de lo salubremente permitido. Bueno, tomaré en cuenta que en otras regiones comer insectos es todo un arte culinario y tienen mucho contenido protéico. ¡Puaj!
Estaba ya muy dispuesta a darles salchichas de pavo y entonces me dijeron que no eran buenas, luego lo leí y luego vi a Diego muy mono lamiéndola hasta que se metió un bocado enorme q

ue me llenó de pánico. Salchichas malas, muy malas. He dicho.
Por otra parte el libro sugiere que toda la repostería que les de sea integral y que no les enseñe a comer azúcar. Una vez más creo que nadie espera tener hijos en condiciones rupestres. Creo que lo más saludable para mis hijos a estas alturas es que los enseñe a cazar su propio alimento. Así al menos podrán cenar venado y reno con nosotros la próxima Navidad.
En fin. que después de darle vueltas y vueltas al asunto no me queda más que pedir ayuda. ¡Alguna sugerencia sobre cómo alimentar a un par de niños con ansias independentistas?